Pueblo, armas y milicias

Pueblo, armas y milicias

El Presidente Nicolás, Comandante en Jefe del Ejército y las Milicias, al frente de las fuerzas combatientes

 

La historia nos demuestra que en los momentos decisivos las revoluciones se defienden, en última instancia, con las armas. Por tanto, un pueblo armado, organizado, movilizado y formado política, ética y militarmente es la única garantía de mantenimiento de una revolución y de sostén de un gobierno popular. Al respecto afirma Fidel Castro en el balance del golpe de Estado contra Salvador Allende: “Con pueblo sólo no se hace revolución: ¡hacen falta también las armas! …Con armas sólo no se puede hacer la revolución: ¡hace falta también el pueblo”.

Ideas y Milicias: ¡Qué creación!

La experiencia latinoamericana demuestra que la lucha armada no siempre es el camino para llegar al poder. Cada circunstancia histórica dirá qué estrategia política aplicar: la vía electoral, el camino de las armas o una combinación de ambas. Pero lo que sí es innegable es que, una vez tomado el poder, las armas no pueden quedarse exclusivamente en manos de las fuerzas armadas institucionales, por muy legalistas y democráticos que sean.

Esta es una de las enseñanzas claves del comandante Hugo Chávez. Por eso insistió en consolidar la alianza cívico militar y en crear las milicias bolivarianas: “parte integral de las nuevas estructuras del poder comunal que venimos construyendo”. Nos enseñó que el destino de un país y de un proyecto político emancipador no puede depender exclusivamente de la estructura militar institucional, aunque se le forme ; es indispensable que el pueblo organizado en milicias tenga acceso a las armas y esté en capacidad de defender con armas y argumentos su revolución. Repetía la frase de Simón Rodríguez: “Ideas y Milicias: ¡Qué creación!”.

Pancho Villa y las colonias militares

Una de sus fuentes de inspiración fue el líder de la Revolución Mexicana Pancho Villa  quien propuso que una vez tomado el poder: “serán establecidas en toda la República colonias militares, formadas por veteranos de la revolución. El Estado les dará posesión de tierras agrícolas y creará grandes empresas industriales para darles trabajo. Laborarán tres días de la semana y lo harán duro, porque el trabajo honrado es más importante que el pelear y sólo el trabajo así produce buenos ciudadanos. En los otros días recibirán instrucción militar, la que, a su vez, impartirán a todo el pueblo para enseñarlo a pelear. Entonces, cuando la Patria sea invadida, únicamente con tomar el teléfono desde el Palacio Nacional en la Ciudad de México, en medio día se levantará todo el pueblo mexicano de sus campos y fábricas, bien armado, equipado y organizado para defender a sus hijos y a sus hogares”

Los pueblos desesperan por verse armados

Si estudiamos nuestra gesta independentista nos percatamos que el ejército libertador  estaba conformado fundamentalmente por civiles de los estratos más humildes, que se incorporaron a la lucha. Estos hombres y mujeres (que no habían tenido experiencia con las armas y que aprendieron rápido), fueron capaces de derrotar a uno de los más grandes ejércitos de ocupación colonial, como lo fue el comandado por Pablo Morillo. “Los pueblos desesperan por verse armados y su seguridad lo exige imperiosamente”, afirma Simón Bolívar.

Pocos años antes (entre 1808 y 1814)  otro pueblo, el español, había derrotado, mediante la guerra de guerrillas, al ejército invasor de Napoleón Bonaparte que pretendía instaurar un gobierno títere dirigido por su hermano, a quien coronó como José I. Reconoce el oficial francés Joseph Leopold Hugo  en sus Memorias: “Es difícil hallar en la historia otra guerra en la que los pueblos hayan tenido que hacer más sacrificios y que lo hubieran hecho  con más unanimidad y más extraña constancia que la Guerra de España. Mientras en Bayona  los grandes nobles de la monarquía española rendían honores al rey José, sencillos labriegos, desconocidos artesanos se armaban. No encontramos ninguno de los nombres ilustres de la nobleza española entre los jefes de estas guerrillas que tanto y tan valerosamente acosaron al ejército francés“.

La resistencia indígena y afroamericana

Igualmente en América, cuando los conquistadores españoles y portugueses llegaron a arrasar y a exterminar a nuestros pueblos, se encontraron con una resistencia indígena sagaz y feroz, que en muchas oportunidades derrotó a los mejor armados invasores europeos. En Venezuela el arte de la guerra de nuestros antepasados derrotó en innumerables ocasiones a los conquistadores. ”En el caso de las etnias caribe de la región centro costera venezolana, diversas expediciones fueron organizadas por los españoles entre 1555 y 1567 para tratar, sin éxito, de conquistar el valle de los caraca y su región litoral, las cuales consumieron gran parte de los recursos humanos y fiscales de los colonialistas. La feroz resistencia de las tribus caribe, comandadas por sus jefes guerreros Guaicaipuro, Paramaconi y Terepaima, quienes controlaban el valle de los caracas y las montañas que lo rodean, imposibilitó la instalación de un asentamiento castellano estable hasta 1568”. (Mario Sanoja e Iraida Vargas, La Revolución Bolivariana, Historia, Cultura y Socialismo)

Lo mismo puede decirse de otros pueblos indígenas que resistieron militarmente durante más de tres siglos a los españoles. Entre ellos los del Cono Sur: los charrúas del Uruguay, los indios de las pampas argentinas,  los guaraníes del Paraguay, los mapuches chilenos. Los versos de Alonso de Ercilla en La Araucana, según los cuales la gente araucana no ha sido por Rey jamás regida / ni a extranjero sometida, expresa esta realidad. En España esta región era temida por la contundencia militar indígena. Fue bautizada como “El cementerio de los españoles”.

También los negros traídos por la fuerza desde África y de esclavos y a los esclavistas. En 1553 el Negro Miguel liderizó el primer alzamiento que tuvo lugar en Venezuela. Los insurgentes se organizaron en cumbes que se mantuvieron firmes e irreductibles. El más famoso en Suramérica fue el «Quilombo de los Palmares», en el Brasil. Albergó unos 20.000 rebeldes y se mantuvo entre 1580 y 1710 en un área de casi 600.000 kilómetros cuadrados.

Las lecciones

Cuando se trabaja para consolidar un proceso revolucionario las armas en poder del pueblo desempeñan un rol fundamental. Por tanto, la defensa militar debe estar también en manos de las milicias, es decir, del pueblo llano organizado. De modo que la Patria y los humildes manejen las armas y los conocimientos castrenses que le permitan cumplir con su deber y hacer respetar sus derechos. Solo así podremos derrotar a los enemigos de los procesos revolucionarios. Decirles con certeza: ¡no pasarán! Y gritar con seguridad: “El pueblo unido jamás será vencido; el pueblo armado jamás será aplastado!

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