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VEINTE AÑOS QUE CONMOVIERON AL MUNDO

Hugo Chávez se juramente como Presidente de la República en el fenecido Congreso Nacional y ante la moribunda Constitución de 1961, mil veces violada por todos los presidente de la Cuarta República durante 40 años del colonialista Pacto de Punto Fijo. La expresión del presidente Rafael Caldera es patética. allí murió políticamente.

Luis Britto García

Especial del autor para la Revista Caracola

El 6 de diciembre de 1998 un zambo fornido se quita el paltó y la corbata, y sube a la improvisada tribuna en el exterior del Teatro Teresa Carreño. Sin apoyo de los medios ni del empresariado acaba de ganar con 1.628.148 votos a los partidos socialdemócratas que llevan cuatro décadas de hegemonía bipartidista en Venezuela.

Se demuestra que un movimiento progresista puede llegar al poder por vía pacífica y electoral. Probará casi de inmediato que también electoral y pacíficamente puede derrotar el arsenal de agresiones de la derecha: golpe militar, sabotaje petrolero, conjura mediática, terrorismo, intentos de magnicidio. Apenas juramentado,

Chávez convoca a elecciones para una Asamblea Nacional Constituyente y somete a referendo la aprobación de la Carta Magna, una de las primeras en el mundo refrendada, no por un conciliábulo de legisladores, sino por el voto de todo un país. Durante las dos décadas siguientes en Venezuela llega a haber más de una consulta popular por año, garantizada por el que Jimmy Carter consideró el sistema electoral más perfecto del mundo.

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Se demuestra también que un país puede utilizar sus recursos naturales para vencer el analfabetismo, llevar a la población del Desarrollo Humano Bajo al Alto, conquistar el menor grado de desigualdad en América Latina capitalista, dedicar a la inversión social primero el 60% y luego hasta el 74% del gasto público. Se argumentará que ello se debe a que Venezuela tiene recursos naturales. Pero casi todo país latinoamericano los tiene, y durante décadas se han dilapidado en interés de las transnacionales y bajo el control de éstas.

Venezuela aplica sus ingresos a la cancelación de la Deuda Social. Reorganiza la OPEP y asigna su justo valor a los hidrocarburos que mantienen funcionando al mundo. Sucesivamente Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina cursan los mismos rumbos progresistas, con resultados siempre positivos.

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El antimperialismo es internacional o no lo es. Venezuela se deshace de los vínculos que limitaban su soberanía subordinándola a los tribunales extranjeros de la Comunidad Andina de Naciones, la Comisión y la Corte Interamericana de los Derechos Humanos, la OEA, el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias sobre las Inversiones (CIADI).

Su nueva diplomacia promueve la Alianza Bolivariana de los Pueblos, Unasur, la Celac: organizaciones hemisféricas que rompen con la tutela de Canadá y Estados Unidos. La potencia norteña ya tenía lista la trampajaula del ALCA para reducir a América Latina a coto privado de explotación neoliberal. En la Cumbre de Mar del Plata sufrió la mayor derrota diplomática de su historia. Una sagaz estrategia Sur Sur, orientada hacia el Asia y África, hacia los No Alineados, con estrechos vínculos con el Caribe, próxima a Cuba, China y Rusia, contribuye a inclinar al mundo hacia la multipolaridad. El mero ejemplo de Venezuela perturba el concierto de los poderes planetarios. Estados Unidos nos declara amenaza “inusual y extraordinaria” para su imperio.

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Somos criaturas efímeras: sólo perduramos en nuestra obra. Fallece Chávez en 2013 víctima del misterioso cáncer que afecta a casi todos los dirigentes progresistas. De ser cierto que el bolivarianismo fuera un mero fenómeno carismático, debería haberse extinguido con el sepelio del Comandante. Pero no: las masas siguen votando por el socialismo. Afirman los sabihondos que ello es un efecto colateral del alza de las “commodities” o materias primas y productos básicos que exportan los países menos desarrollados. Pero cuando Chávez llega al poder el precio del barril de petróleo no supera los 9 dólares, en 2016 llega a un nuevo bajón histórico de 23 dólares, producir cada barril cuesta 18, y sin embargo el bolivarianismo sigue firme a pesar de que paramilitares y opositores desatan sucesivas oleadas terroristas y queman vivos en las calles a supuestos chavistas.

Los adversarios sostienen entonces que se trata de una relación clientelar. Desde el fallecimiento de Chávez recrudece la agresión contra Venezuela, en forma de cerco militar por los países vecinos, de cerco diplomático para diluviar condenatorias, de guerra económica destinada a destruir al pueblo venezolano confiscando cuentas y depósitos en oro en bancos del exterior, trabándole la satisfacción de sus más básicas necesidades. Salvo en una eventual abstención en las elecciones para el Poder Legislativo en 2016, sigue el electorado fiel al proyecto nacionalista, antimperialista y socialista. Colocan su esperanza los opositores en una fragmentación del bloque invencible.

Hay defecciones y conversos, pero en lugar de dividirse, el chavismo aglutina diversos partidos en el Bloque Patriótico, y así sigue transcurridas dos décadas. Derrotados en todos los frentes, juegan finalmente los adversarios de Venezuela la carta de destruir el bolivarianismo desde dentro, a la ecuatoriana, infiltrándolo con agentes y medidas neoliberales, insinuando las carantoñas y privilegios al capital transnacional que llevaron a perder el poder al progresismo en Argentina y Brasil.

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