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¡Qué vaina con esta oposición y estos yanquis!

*Miguel Ugas

Especial del autor para la Revista Caracola 

Mientras el pueblo venezolano, con marcado entusiasmo y espíritu festivo, se alista a concurrir a la cita de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), fijada por el Consejo Nacional Electoral para el próximo domingo, consciente de que esta es un paso decisivo en aras de abrirle camino a la necesaria y anhelada paz de la nación y para sentar las bases de la nueva sociedad que se ha estado fraguando en las entrañas de la revolución bolivariana.

Algunos de quienes la adversan, por el contrario, tanto en el ámbito internacional como a lo interno del país, todavía, a estas alturas del juego, abrigan de manera obstinada el protervo propósito de que tan trascendental evento pueda ser suspendido u obstruido.

A estos sectores les cuesta entender que, a pesar, de las presiones de todo tipo que han emprendido desde el exterior y de las acciones violentas y desquiciadas que han desarrollado, dejando un lamentable saldo de muerte y desolación, no han logrado desalentar la firme disposición del colectivo nacional de participar en la elección de la ANC, más, por el contrario, esta se fue acrecentando en la medida en que quienes la enfrentaban persistían en su frenético furor anticonstituyentista.

La torpeza de los opositores venezolanos no tiene nombre, la soberbia y ceguera con que actúan les impide analizar correctamente la realidad que tienen a su alrededor, pero, más aún, la cobardía política que los caracteriza les impide romper la histórica relación de sumisión que han mantenido con el imperialismo yanqui, quien es, en última instancia, el que financia y, por tanto, marca los pasos y la orientación de la actuación de tan maltrecha y desacertada oposición.

Cuando llaman a la ¡toma de Caracas! o ¡toma de Venezuela! o ¡todos a la calle, sin retorno, hasta que se vaya el dictador! están confundiendo sus deseos con la realidad, no alcanzan a comprender la profundidad filosófica de aquella expresión del sentido común que sentencia que “los deseos no empreñan”; y, siendo así, están condenados al más rotundo fracaso y perpetua derrota.

Nicolás Maduro, el Presidente obrero, chofer para más señas, que los ha venido derrotando en estos últimos 4 años y los que faltan, sabiéndose triunfador pero con la humildad típica de un hijo de Chávez, en función de preservar la paz y la convivencia de los venezolanos, les ha tendido el brazo con la propuesta de conformar una Mesa Nacional de Entendimiento, pero, por la torpeza que los envuelve, es de suponer que malinterpretarán el gesto considerándolo, equivocadamente, como demostración de debilidad y antes que deponer la conducta aviesa que han venido manteniendo persistirán en la práctica de la insurrección y el terrorismo, que cada día los distancia más de su propia base social y de todo el pueblo, que, sencillamente, lo que quiere es paz y sosiego. Sí ese fuese el caso la propia ANC sabrá establecer expeditos mecanismos para reducirlos.

Pero, hay que estar claro, si de soberbia se trata la copa se la llevan los yanquis imperialistas que, desde hace más de 100 años, vienen atribuyéndose a América Latina y el Caribe como su patio trasero y, particularmente, a Venezuela, que al ser poseedora de un inmenso y vital reservorio de hidrocarburos, según ellos, les pertenece por derecho propio, y que, para tales efectos, supieron modelar una clase oligárquica dominante, apátrida y sumisa, aleccionada para ser garante de sus intereses imperiales.

Al parecer, no terminan de percatarse ni de entender estos yanquis que el mundo actual ya no es exactamente el que ellos dominaban a su absoluto antojo, que ahora hay una realidad geopolítica mundial y regional emergente que de alguna forma les condiciona su otrora conducta absolutista; y que en Venezuela está en marcha una revolución bolivariana que con su Comandante Chávez mandó a parar, sí, mandó a parar, el festín que las transnacionales petroleras tenían en nuestro país, estableciendo una nueva redistribución de la riqueza, mucho más equitativa, y concibiendo, desde una perspectiva revolucionaria, un modelo de país en el que el pueblo trabajador, anteriormente preterido, se asume como sujeto político transformador e impulsor de nuevas relaciones sociales que serán constitucionalizadas en el nuevo Estado que ha de plasmarse con la Asamblea nacional Constituyente, a elegirse en las próximas horas.

Los yanquis no ocultan su preocupación ante la inminente  elección de la ANC, no se les escapa que esta será un instrumento para la reafirmación de la patria bolivariana, libre y soberana, con plenos e irrenunciables derechos sobre los ingentes recursos naturales existentes en nuestro territorio; de allí su desesperación por la concreción de la misma que aumenta cuando constata la ineptitud de la lacaya opositora para deponer al gobierno de Maduro; de allí la campaña desmedida que en los últimos días han desplegado bien, de manera directa, a través de conspicuos funcionarios, incluido las del mismísimo presidente Donald Trump que tuvo la insolencia de proferir sendas amenazas si se llegase a elegir la Constituyente o, bien, por intermedio de gobiernos adláteres de Europa y Latinoamérica que le sirven de comparsa a la avasallante pretensión injerencista estadounidense.

En las amenazas estadounidenses revestidas de la manoseada “narrativa democrática” está latente, además de sanciones económicas y políticas, la de una eventual intervención militar directa o, más probable, por interpuestos ejércitos mercenarios como ya han ensayado en países del Medio Oriente, casualmente, todos ellos, detentadores de recursos petroleros, y que han sido destruidos por el afán capitalista imperialista; hasta allí llega el despropósito de la ambición de la élite  yanqui y la desmesura de la apátrida oposición venezolana que le serviría de cabeza de playa.

En contraposición a lo planteado y pretendido por el imperialismo, la derecha internacional y la oposición sumisa y rastrera local, el gobierno y pueblo bolivarianos han levantado la bandera de la paz, no como mera postura, sino como confesión de fe y convicción de que la paz es el instrumento idóneo para garantizar la convivencia y el respeto a la vida humana, principio fundamental, este, estampado con letras doradas en el legado del Comandante Chávez y en los objetivos históricos del Plan de la Patria.

Pero que no se confunda el imperialismo y sus lacayos pues este pueblo de Bolívar está preparado para defender en cualquier terreno su dignidad, independencia y soberanía, estando consciente que, en esta lucha de clases en la que está inmerso el sistema-mundo, no estamos solos, contamos con el apoyo y solidaridad activa de los pueblos y de muchos gobiernos en el globo terráqueo.

Qué vaina con esta oposición que por su rastracuerismo no logra discernir la realidad política de la Venezuela contemporánea y del importante papel que le corresponde jugar y qué más vaina aún la de estos yanquis del carajo que no terminan por asimilar los cambios que se están operando en  la geopolítica mundial, en particular, en Nuestra América, pero, especialmente, al interior de la convulsa, contradictoria y esperanzada sociedad estadounidense.

*miguelugas@gmail.com

 

 

 

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