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Trincheras de Ideas / Nicolás Maduro y el Arte de la Guerra

El Arte de la Guerra sigue siendo un texto de cabecera de los principales líderes militares y políticos de pensamiento progresista y revolucionario como Nicolás Maduro, Evo Morales, Miguel Díaz-Canel, Xi Jinping, entre otros.

Trincheras de Ideas

Analizando en la distancia, con relativa lejanía de todo el proceso del antes, durante y después de la 73º Asamblea General de las Naciones Unidas, ONU, donde el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, le tocó tener una muy destacada actuación política con un hábil y bien expuesto discurso, en el marco de la guerra de Cuarta Generación que desde hace por lo menos cuatro años el imperio norteamericano y las oligarquías de los países satélites latinoamericanos y la derecha fascista de los gobiernos europeos vienen impulsando contra Venezuela, su pueblo, su gobierno revolucionario, cuyo objetivo final es su derrocamiento, podemos hacer algunas reflexiones.

A mi juicio se debe analizar con detenimiento las tácticas y las estrategias utilizadas por el Gobierno y, en particular, su dirigente máximo, el Presidente Maduro, –Nicolás, en la confianza de la amistad añeja y en la identidad revolucionaria–, y su aplicación de las enseñanzas del legendario general chino Sun Tsu expresadas en su opúsculo “El arte de la guerra”, texto que no es solo un libro de estrategias militares, sino un libro que enseña a aplicar la psicología como estrategia para conocer la naturaleza humana y las debilidades de los adversarios y los enemigos, de los sectores poderosos y pudientes de las oligarquías y burguesías que nos enfrentan, conocer sus debilidades y fortalezas en los momentos de las confrontaciones, de la lucha de clases, hecho casi natural en Venezuela en prácticamente los 20 años de la Revolución Bolivariana y Chavista.

La lucha de clases particularmente arreciada por las oligarquía criolla y extranjeras durante los 6 años del gobierno de Maduro, que ostenta el record de más de seis intentos frustrados de golpe de Estado, un intento de magnicidio, cuatro intentos insurreccionales terroristas (guarimbas) mezclados con actividades o movimientos de grupos burgueses y pequeños burgueses; guerra de guerrillas urbanas que han dejado un saldo de muertos y asesinados cercano a las mil personas con el agravante de crímenes horribles como el hecho de quemar vivas a personas de raza negra o activistas políticos del chavismo; ataques y asaltos a bases de las FANB, robo de helicópteros para atacar el Tribunal Supremo, jardines de infancia y hospitales infantiles, ministerios; destrucción de bienes públicos (destrozos incuantificables en estaciones del Metro, destrucción de más de 500 unidades autobuseras), robo de armas con miras a generar una guerra civil, alianzas con grupos paramilitares colombianos en la búsqueda de un enfrentamiento fratricida entre venezolanos. Es a ese cuadro al que ha debido enfrentarse el Presidente Maduro y ha sabido enfrentar y dirigir con paciencia, firmeza, astucia una campaña de guerra permanente para alcanzar su derrocamiento.

Nicolás Maduro caminó por New York y entró en contacto con sectores populares de esa ciudad quienes le expresaron su apoyo y simpatías a la Revolución Bolivariana. Con eso tampoco contaba ni el gobierno gringo ni los gobiernos cipayos.

 

Las enseñanzas del libro del estratega chino, escrito 500 años antes de nuestra era, han sido estudiadas y aplicadas por grandes militares y estrategas como el corso Napoleón Bonaparte, el florentino Nicolás Maquiavelo, el líder chino Mao Tse Tung, pero también por estrategas latinoamericanos como Fidel Castro o nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez, todos estrategas de gran envergadura. Ahora la percibimos aplicadas por Nicolás Maduro, pues el libro de Sun Tzu enseña a comprender las raíces de los conflictos para buscarles una solución de acuerdo a los intereses que se defienden, en nuestro caso los intereses de la Revolución Bolivariana y del pueblo venezolano todo. Decía el estratega chino: “la mejor victoria es vencer sin combatir, y ésa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”. ¿Qué hizo Nicolás si no evitar permanentemente la guerra civil que era el objetivo de los enemigos nacionales y extranjeros del proceso, derrotar a la derecha y la ultra derecha fascista criolla, reducirla a polvo cósmico y dejar con los ojos claros y sin vista a los indignos presidentes de Argentina, Perú, Colombia, Panamá, México, Paraguay, Chile y otros que están en la conspiración e hicieron sus “aportes” para que Maduro no fuera a la asamblea de la ONU?

Lo medular del núcleo de la filosofía de Sun Tzu sobre la guerra descansa en dos principios: el engaño al o los enemigos y someterlo sin luchar bélicamente, sin confrontación armada. En suma en el arte de la astucia y la inteligencia. Y Maduro alcanzó en esa materia un doctorado y lo acaba de demostrar en diferentes momentos de la agenda de la 73º Asamblea de la ONU. Destaquemos. Cuando se impuso toda una campaña mediática y de rumores en el sentido que el Presidente no viajaría a New York porque tenía miedo de que lo agarraran preso; que al pisar suelo norteamericano la policía lo detendría, porque tenía una orden internacional de detención dictada por varios gobiernos; que de llegar a la ONU los países adversarios de Venezuela lo agredirían de manera implacable. Los chismosos, de lo que queda de la oposición derechista venezolano, hicieron lo suyo y alimentaron con corrillos y chismes lo que le esperaría a Maduro si viajaba a Estados Unidos. Pero la astucia del Presidente los venció.

El petróleo venezolano es el objetivo, el norte, la política principal de la oligarquía norteamericano y su potencial ejecutor el Presidente Donald Trump. Pero… una cosa piensa el burro y otra el que arriba lo arrea.

Llegó el día y Venezuela supo del viaje cuando el Presidente estaba montado en el avión y desde allí hizo el anuncio y dejó a sus enemigos desarmados y desbarató la campaña adversa; los había engañado con astucia y les ganó la primera batalla. Vendría luego la gran oportunidad, poder hablar ante las delegaciones, presidentes y primeros ministros de 190 países. Tremendo escenario, único, irrepetible, para decir las verdades de Venezuela, denunciar el injerencismo, el bloqueo y las agresiones de los gobernantes de Estados Unidos. Parte del discurso estuvo dirigido a golpear, desenmascarar, denunciar al jefe del imperio. Ahora desplegaba la artillería pesada en aquella guerra donde las palabras adquirían dimensiones misilísticas desproporcionadas y aniquiladoras.

Señaló Maduro una vieja contradicción de dos modelos políticos, el que encarnó el ideólogo de la dominación y el expansionismo, del dominio brutal, el colonialismo y el neo colonialismo de la nación norteña que aspiraba tragarse, ayer ‘las frutas maduras’, las naciones de un continente entero, hoy ‘el patio trasero’ que se las ido yendo de las manos. El ideólogo James Monroe, vetusto y apolillado expresidente, sacado de un vetusto, apolillado y podrido arcano por el presidente troglodita Donald Trump en ese mismo espacio, además de atacar a Venezuela y a su modelo político socialista, con las más genuinas y anacrónicas armas de la guerra fría.

Maduro puso de manifiesto en su intervención la contradicción histórica entre las naciones y pueblos de Latinoamérica y el imperialismo norteamericano, la confrontación entre el Libertador Simón Bolívar y James Monroe se vuelve a reactualizar.

 

El otro, señaló Nicolás Maduro, es el modelo de unidad continental, la libertad, la democracia, la soberanía y la dignidad que impulsó el Libertador Simón Bolívar no sólo para Venezuela sino para el continente todo. De allí la creación de la Gran Colombia, atacada, subvertida, desprestigiada, lo mismo que hicieron con Bolívar, los agentes de la nación del norte –y sus cipayos como los Santander de ayer y hoy–, celosa y altamente preocupada porque en el nuevo mundo se creara un contrapeso político de aquellas magnitudes y dirigida por líderes de la talla de los que habían derrotado y desmembrado el todopoderoso imperio español: los Bolívar, Sucre, San Martín, O’Higgins y muchos más.

Al hacer aquel señalamiento histórico, Nicolás estaba dando una lección magistral de historia y de política en uno de los campos de batalla más peculiares de los tiempos modernos, la ONU. Puso sobre el tapete la raíz de la confrontación y la contradicción no entre Venezuela y los Estados Unidos, sino entre los pueblos y naciones oprimidas de América Latina y el Caribe y el imperialismo, lo que en el análisis marxista sería la contradicción principal opresores/oprimidos.

Pero Nicolás no se quedó en ese importante señalamiento de evidenciar la contradicción histórica de dos modelos, sino que le rebatió a Trump su anacrónico anti socialismo apoyándose en el vetusto criterio anti comunista propio de la guerra fría. Trump no se refirió al socialismo chino, al vietrnamita o al coreano, su objetivo era atacar el aún naciente o incipiente socialismo venezolano, porque Venezuela es el objetivo estratégico a destruir por parte del imperialismo norteamericano para robarle la riqueza petrolera y minera al país como hicieron los últimos 100 años. No sólo le temen a Venezuela por lo que significa su ejemplo en este momento para los pueblos, que ya es mucho, sino la fortaleza que a la vuelta de pocos años tendrá como país potencia. Cuando Maduro confronta a Trump en ese aspecto reivindica una de las políticas fundamentales de la Revolución Venezolana y del pensamiento avanzado del Comandante Hugo Chávez. Pero, a su vez, al defender el socialismo venezolano le está dando una bofetada a los sectores extremistas de izquierda criollos que afirman que Nicolás traicionó al ideario socialista. Ese debate entre Venezuela y los Estados Unidos sentó un precedente, aquel que Venezuela como país no se doblega ni se rinde y, sin decirlo, le dejó entender claramente que si nos atacan nos vamos a defender y, como dijo el Canciller Arreaza, la resistencia del pueblo vietnamita a la invasión yanqui se va a quedar pequeña y, como dijera el Che Guevara, el imperio se enfrentará a muchos Vietnam en América Latina.

Nicolás se mostró como un gran estratega, de la astucia al ataque frontal y en el mismo terreno enemigo. Se nota que el general Sun Tzu ha dejado algunas enseñanzas. (02/10/18) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola) (revistacaracola.com.ve) (Miembro de la Unión Nacional de Medios Alternativos y Comunitarios Impresos UNAMACI).

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