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Tanques pensantes

Dos enormes tanques pensantes cubanos, Fidel Castro y Raúl Castro, sesenta años venciendo la Revolución Cubana a los prepotentes imperialistas yanquis. 11 presidentes gringos no pudieron doblegar a la pequeña Isla de la dignidad,

José Gregorio Linares                        

Exclusivo del autor para la Revista Caracola

Se llaman Tanques Pensantes (Think Tank) los intelectuales de alto nivel al servicio de un proyecto político. Son intelectuales orgánicos, a tiempo completo, dedicados a reflexionar, escribir y difundir una ideología. Aportan los insumos teóricos que permiten que en la acción política las trincheras de ideas prevalezcan sobre las trincheras de piedras; y el debate racional, sobre la violencia directa. Proporcionan, por un lado, los fundamentos teóricos que orientan los planes y programas a ser ejecutados por un Estado o bando político; y, por el otro, los argumentos más acabados a ser esgrimidos contra el adversario.

Históricamente los tanques pensantes han sido los principales responsables de formar la mente y el corazón de los pueblos. Su propósito es propiciar la hegemonía política, es decir, la adhesión a una causa mediante la persuasión y el convencimiento. Su principal función consiste en crear y promover teorías, sensibilidad y emociones, acordes con un movimiento político. Por consiguiente su rol en la sociedad es que, a través de la formación y el verbo, las mayorías respalden o rechacen determinada doctrina o régimen. En líneas generales, unos tanques pensantes promueven el coloniaje y la mansedumbre; otros, la emancipación y la rebeldía.

El ímpetu de la Revolución Rusa, por ejemplo, no habría sido el mismo sin intelectuales como Máximo Gorki y su novela La madre, sin Nicolái Ostrovski y su obra Así se templó el acero, sin John Reed y el libro Los diez días que estremecieron el mundo. No hubo soldado, obrero, estudiante o campesino, por humilde que fuera, que no experimentara la fascinación producida por estos intelectuales; que no se sintiera compelido por ellos a actuar, más allá de cualquier riesgo o circunstancia.

Para las mayorías, estos intelectuales fueron fuente de inspiración y estímulo para la acción. Transformaron la manera de ver y de sentir. En contacto con su obra, el compromiso político se hizo más militante; y la lucha más trascendente. Sus libros infundieron coraje y certezas donde alguna vez hubo duda y vacilaciones. Sus enseñanzas se convirtieron en escudo conceptual; y sus predicas en antídotos contra el desaliento. Lograron movilizar las fibras morales más íntimas de la sociedad. En palabras de Lenin “fueron capaces de unir la emoción, el pensamiento y la voluntad de las masas y despertarlas”. Su artillería ideológica estaba presente en el campo de batalla, en las fábricas, en las universidades, en el partido, en los soviets, en los consejos de Estado. Insuflaron una mística y un sentido épico a la lucha.

Cualquiera que tuviera un poco de sensibilidad sentía el aguijonazo en la conciencia cuando en el clímax de su novela Nicolái Ostrovski escribió: “Lo más valioso que un hombre posee es la vida. Se le da a él sólo una vez y por ello debe aprovecharla de manera que los años vividos no le pesen, que la vergüenza de un pasado miserable y mezquino no le queme y que muriendo pueda decir: he consagrado toda mi vida y todas mis fuerzas a lo más hermoso en el mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad”.

Tanques pensantes victoriosos de América: Allende, Correa, Mujica, Linera, Evo, Chávez, Ortega, Che Guevara, Fidel Castro… y los que faltan.

También la derecha promueve la actividad de los Tanques Pensantes. Si revisamos la historia de Venezuela vemos que por ejemplo el régimen de Juan Vicente Gómez conformó un poderoso grupo de intelectuales de alto nivel, cuya producción teórica fue clave en la justificación y mantenimiento del gomecismo. Pensadores como Laureano Vallenilla Lanz, autor de Cesarismo Democrático con su tesis del gendarme necesario; Pedro Manuel Arcaya, José Gil Fortoul y César Zumeta, entre otros, le dieron soporte histórico y sociológico al Benemérito.

Del mismo modo las potencias mundiales y las trasnacionales le atribuyen un importante papel a los “Think Tank”. Les rodean de comodidades, le facilitan el trabajo y los promueven. Financian sus fundaciones y centros investigación, de modo que no tengan nada de qué preocuparse, salvo en producir conocimientos y divulgarlos. Además, los envían a los países en rebelión a fin de conformar entre la intelectualidad nativa una mentalidad neocoloizada y acomodaticia. Si esto les falla entonces recurren a las invasiones militares, los golpes de Estado y la represión.

Otra de sus estrategias es el apartheid intelectual, consiste en acorralar a los intelectuales insurgentes, aislarlos y someterlos a todo tipo de privaciones, de modo que se les haga prácticamente imposible producir conocimiento emancipador. Y si a pesar de eso producen, se les repudia o mejor aún se les invisibiliza mediante el simple expediente de ignorarlos y no publicar su obra.

Ante esta situación, se hace indispensable tomar conciencia de que en estos momentos de guerra ideológica, los intelectuales insurgentes de nuestro país son “artilleros del pensamiento”: juegan un papel estratégico en la batalla de las ideas y en el fortalecimiento de la mística. Su lucha es, por una parte, contra los poderosos batallones de tanques pensantes de la derecha y el imperio cuyas mentiras, difundidas a través de los más sofisticados medios, deben ser sistemáticamente desmontadas; por la otra, por fortalecer la confianza del pueblo en el proyecto revolucionario mediante argumentos sólidos y veraces, “capaces de unir la emoción, el pensamiento y la voluntad de las masas”. Los dos ejércitos están parados uno frente al otro. ¡Necesario es vencer!

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