Opinión 

Quimbiotec agoniza, ¡salvemos Quimbiotec!

Valiente denuncia del colaborador de la Revista Caracola, Profesor José Gregorio Linares. Verdadero SOS al Gobierno para que las transnacionales no nos arrebaten y destruyan esta empresa estratégica para la salud del pueblo.
Quimiotec es una empresa estratégica en la defensa de la salud del pueblo venezolano que, a toda costa, hay que salvarla de su implosión. No es nuevo el sabotaje viene de atrás, por lo menos del 2015. El Presidente Nicolás Maduro tiene la palabra.

José Gregorio Linares                                                                                                Especial del autor para la Revista Caracola

Quimbiotec es una empresa estratégica del Estado venezolano. Fue creada en diciembre de 1988, y repotenciada en 1999 por el presidente Chávez para garantizar que cumpliera con su propósito: “la elaboración de derivados sanguíneos y otros medicamentos biológicos y químicos de alta calidad y tecnología de punta, así como la distribución de ellos a toda la red hospitalaria del país, para potenciar el sector farmacéutico venezolano. Se constituye como el brazo empresarial del IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas) con el objetivo de fomentar vínculos entre los sectores ciencia, tecnología e industria para aportar bienes tangibles al desarrollo del país mediante la implantación de procesos con altos componentes tecnológicos”.

El proyecto bandera de Quimbiotec fue “el desarrollo y puesta en marcha de la Planta Productora de Derivados Sanguíneos (PPDS), encargada de la obtención de productos de uso terapéutico contenidos en el plasma humano”. Es la única planta de este tipo en el país y una de las tres que existe en Latinoamérica, las otras dos están en Cuba y Argentina.

En una primera etapa la Planta Productora de Derivados Sanguíneos de Quimbiotec logró su cometido: producir los medicamentos que el sistema de salud pública requería para el tratamiento de enfermedades y dolencias tales como quemaduras, hepatitis, hemorragias severas, tétanos, hemofilia, infecciones, heridas riesgosas, incompatibilidad del feto y la madre durante el embarazo y el parto, etc. Simultáneamente desarrolló un sistema de distribución nacional que permitió colocar los medicamentos en los 256 hospitales públicos del territorio nacional y en los CDI, con lo que se atendió gratuitamente a miles de pacientes.

Además, Quimbiotec llegó a ser autosustentable, al punto de no necesitar financiamiento por parte del Estado para costear sus gastos y sus reinversiones. Asimismo exportaba a precios competitivos los productos excedentes a otros países latinoamericanos. Quimbiotec se convirtió, de este modo, en una fuente de divisas para el país, por el ahorro que implicaba producir en nuestra propia Patria los productos farmacéuticos que los laboratorios trasnacionales pretendían importar; y en segundo lugar porque exportábamos nuestros productos médicos a los países suramericanos y caribeños, como parte de una política de integración Sur-Sur de alto nivel.

Logramos, de esta manera, dar los primeros pasos para fundar la base material de un sistema de salud pública cuya prioridad es sanar a muchos, no enriquecer a unos pocos; atender las necesidades del pueblo, no la codicia de las trasnacionales; fomentar la ciencia con conciencia, no la indolencia y la entrega. La intención era romper la dependencia con los laboratorios foráneos que imponen sus productos, acaparan los medicamentos, boicotean nuestras investigaciones farmacológicas y encarecen el precio de las medicinas.

Nada de esto gustó a las trasnacionales de la salud y sus testaferros. Se plantearon entonces acabar con Quimbiotec minándola desde adentro. Contraviniendo los planes de la nación y el ideario chavista, sucesivas juntas directivas, todas ellas de espalda a los intereses del país, aplicaron el recetario neoliberal: desmantelamiento de la planta física, deterioro de los salarios y disminución de los beneficios laborales para obligar el éxodo de personal calificado, despolitización para debilitar la conciencia nacional, desinversión, falta de mantenimiento, desatención de los procesos, errática estrategia comunicacional, etc. El objetivo: destruir Quimbiotec como paso previo a su sustitución por trasnacionales farmacéuticas o peor aún por comercializadoras foráneas o empresas importadoras de maletín beneficiarias de altos funcionarios.

Parcialmente han logrado su cometido. Hoy Quimbiotec agoniza. Para los laboratorios trasnacionales no es negocio que Quimbiotec funcione. A los lobistas que se enriquecen cobrando jugosas comisiones a costa de sacrificar la industria nacional y la soberanía, tampoco les conviene. Tampoco a los gerentes neoliberales que quiebran o debilitan las empresas del Estado para luego rematarlas.

Pero el pueblo y Venezuela sí necesitan que Quimbiotec funcione. Por tanto el alto gobierno, el poder popular organizado y los trabajadores con noción de Patria de Quimbiotec deben tomar las medidas para que los testaferros de los laboratorios trasnacionales sean suplantados por patriotas que defiendan la salud de los venezolanos y la industria farmacéutica nacional. Especialmente en esta coyuntura cuando somos asediados por potencias que bloquean nuestras compras de medicinas e insumos médicos en el exterior mientras simultáneamente fomentan el contrabando de extracción, causando de este modo genocidio silencioso, descontento antigubernamental, zozobra generalizada e inestabilidad política. ¡Salvemos Quimbiotec!

 

 

 

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