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Nicolás Maduro, líder del año 2017, nuevamente será Presidente de Venezuela en 2018

Nicolás Maduro recorrió en pocos años los intrincados caminos de la política levantando banderas revolucionarias de transformación social, fortaleció la doctrina política de Chávez y alcanzó por su perseverancia y capacidad política sitiales que nunca buscó ni pidió. Le esperan 6 duros años de un nuevo y esperanzador gobierno revolucionario incluyente que fortaleza el poder popular y construya el socialismo.

Trincheras de Ideas

Humberto Gómez García

Hacer un balance del año 2017 en Venezuela rebasa las pretensiones de un artículo de dos, tres o más cuartillas, por mucha síntesis que logremos pues los hechos, sucesos y acontecimientos ocurridos en el año fueron tantos, tan intensos y extensos que fácilmente compendiaríamos para una monografía o un ensayo.

Tratemos de ver lo más grueso o lo más importante, aunque es difícil decir qué hecho o acontecimiento fue más importante que otro. Convendremos que la política interior y exterior, la economía, los hechos sociales dinamizaron el acontecer de una indiscutible lucha de clases permanente y sostenida dentro de Venezuela por los integrantes del Bloque Histórico, contra burguesías y oligarquías del exterior, de naciones imperialistas como los Estados Unidos del Norte y de naciones cipayas latinoamericanas y europeas; de un enfrentamiento entre el movimiento popular y revolucionario y las fuerzas de la reacción y el fascismo representados en sectores diversos de la oposición burguesa y pequeño burguesa y sus expresiones políticas.

En ese contexto se debe señalar tres o cuatro momentos que se desarrollaron en etapas, cada una con su secuencia, con movimientos dialécticos que dinamizaron esa lucha de clases. Muchos de los acontecimientos que este año se vivieron en Venezuela, la guerra económica, por ejemplo, no surgieron el 2017 sino que venía en pleno desarrollo, como diría el camarada Walter Martínez, desde prácticamente la muerte del Comandante Supremo Hugo Chávez y el ascenso al poder de Nicolás Maduro.

Las circunstancias, a veces inexplicables porque ni él ni nadie lo esperaba, lanzaron o catapultaron a Nicolás Maduro al primer plano de la política nacional y lo fueron colocando  al frente de los destinos de Venezuela, a ello contribuyó decisivamente el Comandante Chávez cuando, presintiendo su cercana muerte (él le habló al país como el 16 de diciembre y su muerte se produce el 4 de marzo, menos de tres meses después), lo propuso al país, al universo chavista y bolivariano en primer lugar, a la vanguardia, como su delfín o heredero político para que el proceso no se fracturara, tuviesen una continuidad muchas de las políticas y las contradicciones internas dentro del propio movimiento no adquiriesen niveles antagónicos que llevaran no a disensos sino a fracturas que le permitieran a los enemigos del proceso revolucionario destruir fácilmente la Revolución, como ocurrió en Granada con el movimiento la Nueva Joya y su asesinado líder Maurice Bishop.

Maduro, lo ha dicho públicamente en varias ocasiones, no buscó el estatus de presidente de Venezuela, sin embargo su trayectoria dentro del proceso lo había elevado a cargos y responsabilidades muy altas, desde presidente de la Asamblea Nacional por varios períodos, canciller de la República, Vicepresidente del país, miembro de la Dirección Nacional del MBR y del PSUV. Es de allí, suponemos, que Chávez aquilata, evalúa, pesa las condiciones de la personalidad, la madurez política y humana, su trayectoria como luchador social y militante de la izquierda revolucionaria y de los movimientos sociales y sindicales (las bases obreras del Metro de Caracas y el sindicato de esa poderosa empresa, las comunidades de las parroquias El Valle y Coche) para hacer aquel pedimento al país, que el pueblo apoye a su figura, a su persona como presidente de la nación pues reunía todas las condiciones para ello y era una garantía de que en sus manos el proceso revolucionario no se iba a perder. Ha podido ser propuesto Diosdado Cabello, Elías Jaua, Aristóbulo Iztúriz y otros tantos con condiciones y trayectoria revolucionaria, pero fue Nicolás y en esa decisión y pedimento Chávez se las jugaba todas, porque si se equivocaba Venezuela se sumergiría en el caos y la violencia. Y no se equivocó los hechos los han demostrado.

El Comandante Supremo Hugo Chávez en su última alocución al país el 16 de diciembre de 2012, ante su presentida muerte, le pidió al pueblo que votara por Nicolás Maduro como el sucesor más idoneo para continuar la obra de la Revolución. De eso han pasado 5 años y el Comandante no se equivocó, Maduro ha demostrado una insospechada capacidad como líder y conductor, como estratega de un proceso que no ha dejado de sufrir todos los ataques imaginable e inimaginables por parte del imperialismo yanqui y las fuerzas fascistas de la burguesía interna.

La oligarquía criolla y el mismo imperialismo norteamericano –y otras naciones imperiales, por supuesto– en sus análisis en las postrimerías y la fase final de la enfermedad inducida al Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, estaban convencidos que la muerte del líder revolucionario arrastraría con ella al proceso revolucionario todo, quizás analizaban dos importantes hechos históricos, la muerte del Libertador Simón Bolívar en 1830 y el asesinato de General del Pueblo Soberano Ezequiel Zamora durante la Guerra Federal. En cada momento de esos lamentables acontecimientos las banderas revolucionarias y los proyectos emancipadores e independentistas de las clases populares torcieron el rumbo y el programa redentor de los pueblos de América de Bolívar, y el programa agrarista, igualitario y libertario de Zamora, se perdieron.

Fueron casi 200 años de oscuridad para nuestro pueblo. Pero la Revolución Bolivariana resultó más fuerte que el liderazgo bolivariano y zamorano, tenía más raíces en el alma popular que aquellos. Chávez supo sembrar esa conciencia de patria y de clase desposeída, humillada y explotada, y le sacó el mayor provecho que pudo porque se abocó a darle organicidad a ese pueblo disperso y anarquizado, le marcó un rumbo y lo llamó a elaborar colectivamente el programa nacional (la Constituyente y la Constitución de 1999) y el programa de clases preteridas y explotadas. Chávez no era un caudillo sino el líder y lo resumió en frases sencillas y de gran sabiduría política: ‘Chávez no soy yo, Chávez son ustedes. Chávez eres tú, obrero; tú, mujer; tu, anciano; tu, joven; tú, indígena, tú, soldado, tú, artista, tú, intelectual, tu, pequeño y mediano productor y comerciante; tú, clase media’.

Eso no lo previeron los oligarcas cipayos de aquí, los burgueses yanquis y sus adláteres de los gobiernitos de América. Chávez no era la Revolución sino una circunstancia de la misma, “una débil paja arrastrada por el huracán revolucionario”. La revolución era –y es– un pueblo, una circunstancia histórica impredecible para las clases dominantes que repetía otros hechos similares ocurridos en otras latitudes. El gran Lenin murió en 1924 y la Revolución Rusa continuó. Ho Chi Min murió, pero el vietcong entró a Saigón y la patria vietnamita se reunificó. Mao Tse Tung, el gran timonel, murió y China socialista se levanta como una de las naciones de mayor desarrollo y poder mundial. La URSS se derrumbó y la Cuba socialista siguió y sigue en pie y Fidel perduró en el tiempo hasta los 90 años.

Pero esa circunstancia obligó al imperialismo a tratar de redimensionar su estrategia para el derrocamiento de Nicolás Maduro y el derrumbe de la Revolución, tratando, en primer término de aprovechar las contradicciones en el seno del movimiento revolucionario donde muchos de sus líderes se sintieron sin piso con la muerte de Chávez y no entendieron la nueva dinámica, algunos giraron hacia la derecha, hacia un oposicionismo centrista, otros se marginaron, algunos se fueron francamente con la reacción, un caso patético fue el de Luisa Marvelia Ortega y su exizquierdista esposo, delincuentes y traidores ambos a la Patria y a la Revolución cuyo daño a la nación, con el desmontaje del sistema de justicia, la virtual legalización de la impunidad y la permisividad con la corrupción organizada en instituciones como Pdvsa  o Corpoelect buscando su implosión, es por ahora incuantificable.

Centró el imperialismo y sus ‘perros lame botas’ el acento en la guerra económica, en la subversión violenta y el terrorismo, en la guerra psicológica y mediática, en la permanente injerencia colombiana de múltiples formas, en formar una entente internacional como la banda de gobiernos lacayos y nacional traidores que tienen su sede en Lima; que puso a Venezuela en el centro de la geopolítica internacional y eso se tradujo en el más despiadado ataque mediático de manera sostenida por parte de absolutamente todos los medios de comunicaciones de todos los países capitalistas salvajes, donde la mentira, la truculencia, la hipocresía, las infamias más atroces, alimentadas por las sistemáticas mentiras de la contrarrevolución interna y la mediática vendida.

El imperialismo yanqui, la CIA, los paramilitares colombianos y venezolanos y mercenarios de todo tipo se han jugado el todo por el todo para derrocar a Nicolás Maduro, apelando a increibles métodos de crueldad y de barbarie traidos de Colombia y de la Escuela de las Américas como quemar vivo a seres humanos o degollar motorizados.

A la nueva generación oligarca le correspondió la vanguardia en el terrorismo, el formar grupos paramilitares o importarlos de Colombia y otros países, su estrategia la fundamentaron en las llamadas guarimbas, en ‘la salida’, en un sostenido terrorismo con miras a derrocar el gobierno. Radonski, Leopoldo López, la Malinche Machado, Borges, la Tintori, Freddy Guevara y otros menos relevantes han impulsado una política de terrorismo duro, cruel, extremadamente criminal con miras claras de derrocar al presidente. Sus expresiones políticas primero (in)justicia y voluntad (im)popular, AD y otros grupúsculos agrupados en la fenecida mud formaron parte de las diferentes estrategias subversivas y golpistas planificadas por el imperio tocándole a sus líderes traidores a la Patria el infame y triste papel de viajar por el mundo pidiéndole a gobiernos cipayos del imperio yanqui que bloqueen económicamente al país, incluso lo invadan militarmente con la excusa de la “ayuda humanitaria”. Incluso el propio presidente norteamericano asomó la posibilidad de una agresión militar y los actuales cambios del jefe del espionaje de la CIA, Mike Pompeo, como Secretario de Estado y el nombramiento de la torturadora Gina Haspel como directora de la CIA, una peligrosa dupla que va a tratar de arremeter contra Venezuela y el Presidente Maduro, dentro de poco reelegido por segunda vez.

El año 2017 fue decisivo para el giro que tuvieron los dinámicos acontecimientos de aquel año en el marco de la terrible y múltiple guerra (económica, militar, psicológica, mediática) que nos declarara el imperio y sus lacayos de la derecha fascista criolla y en donde Nicolás Maduro, y el liderazgo revolucionario, tuvieron decisiva incidencia en la estrategia y conducción política del pueblo en la lucha contra la reacción hasta alcanzar la victoria.

No fue poca cosa la guerra y destrucción de calle, los crímenes, los atroces asesinatos de gente del pueblo y llevarlo al extremo de la crueldad y la maldad quemando vivos a 29 venezolanos y matando más de 150. El terror más despiadado, la presión de la guerra psicológica, la brutal guerra económica, el bloqueo, el deliberado desprestigio mediático internacional en base a mentiras y falsedades; un cuadro apocalíptico que necesitaba un audaz giro político que diera al traste con la guerra y la subversión y frenara, con el pueblo en la calle, aquella barbarie que amenazaba con arrasar las conquistas revolucionarias y la Patria toda, porque ese pueblo no se iba a resignar mansamente a perder sus conquistas.

La gran estrategia política que le dio un giro de 180 grados a aquella difícil y compleja situación, fue la de convocar al proceso constituyente. Allí, aquel 1º de mayo, en la avenida Bolívar, ante una multitud de miles y miles de hombres y mujeres del pueblo que plenaban la enorme y larga avenida, Nicolás lanzó allí mismo un megatónico misil, llamó a convocar a una asamblea nacional constituyente y puso en tensión todo el universo político venezolano y más allá de las fronteras. El giro fue brutal, la madre de todas las derrotas de la derecha venezolana y del imperio yanqui estaba anunciada. Arreció la guerra, arreció el terror, en vano, y se produjeron las elecciones a la Asamblea Nacional Constituyente con la participación de millones de venezolanos y venezolanas, y comenzó una nueva era política, llegó la paz, cesó la guerra como por arte de magia; después esa misma ANC convocó a las elecciones de gobernadores y gobernadoras donde arrasó el chavismo, después a las elecciones de alcaldes donde ganó el movimiento popular; por último, quitándole la bandera a la extrema derecha, convocó a elecciones presidenciales adelantadas; pero lo hizo cuando le convino a la Revolución, con la fuerza adquirida en las victorias políticas y militares, no cuando quería la derecha y la contrarrevolución con su ofensiva terrorista.

Es innegable, a la luz de los hechos, el éxito del giro político y la estrategia trazada y ejecutada por Nicolás Maduro, que la situación política cambió y Nicolás va a la reelección presidencial repotenciado, pudiera decirse que es otro Maduro, más acerado, más cercano al pueblo con el que hizo votos de unión indestructible, más maduro políticamente, humilde, patriota hasta más allá del alma, valiente, revolucionario y socialista hasta el fin, continuador del legado del Comandante Supremo, Hugo Chávez Frías, pero también creador de nuevas categorías políticas dentro de la complejidad del mundo actual, de la geopolítica de las naciones del Sur. Hoy es una figura mundial con méritos propios, no sólo por ser presidente de la primera potencial petrolera y minera mundial, sino por su liderazgo y carisma, su punch.

No dudamos de su triunfo contundente el próximo 20 de mayo, que será el triunfo de nuestro pueblo y de nuestra Patria. (29/03/18) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola) (revistacaracola.com.ve) (Miembro de la Unión Nacional de Medios Alternativos y Comunitarios UNAMACI)

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