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Murió Domenico Losurdo, gigantesco pensador de nuestro siglo

redRoja

Aday Quesada                                                                                                                    Cortesía de Canarias Semanal para la Revista Caracola

Hoy, sin el menor atisbo de exageración, podemos decir que en la mañana de este jueves 28 de junio,  el mundo ha perdido  a uno de sus más preclaros pensadores vivos. El filósofo e investigador Domenico  Losurdo murió en Italia, cuando ya había cumplido los 77 años de edad. Su familia divulgó esa misma mañana que su muerte había sido una dramática consecuencia de “una enfermedad incurable, recientemente descubierta”.

Losurdo ha sido uno de los pensadores más valiosos sobre temas de carácter marxista y, en particular,  sobre  la obra de Gramsci. Centró su carrera académica en la producción política en defensa de un pensamiento plural y liberador.

Había cursado estudios de filosofía en Tubinga (Alemania) y en la de Urbino (Italia), donde se doctoró con una tesis sobre Karl Rosenkranz, dirigida por Pasquale Salvucci.  En la actualidad desempeñaba sus tareas docentes como profesor de filosofía de la historia en la Universidad de Urbino. Era igualmente presidente de la Sociedad Internacional de Filosofía Dialéctica Hegeliana y  colaboraba con regularidad en revistas especializadas de filosofía y teoría política.

Siempre coherente con su forma de pensar, la filosofía política de Losurdo y la contextualización rigurosa del pensamiento filosófico en su tiempo histórico fue impulsada principalmente por una crítica radical del liberalismo, el capitalismo y el colonialismo.

Como pensador de su tiempo, Losurdo se dedicó también a investigar cuestiones políticas contemporáneas. Prueba de ello, fue su último libro recientemente difundido  “El Marxismo Occidental”.  

Sin embargo, para los lectores españoles su obra “Stalin, historia crítica de una leyenda negra”, tuvo un  especial impacto y mayor difusión. Posiblemente ello se debiera a que la intensidad de los interesados clichés que fueron difundidos en contra Stalin a partir del  XX Congreso del PCUS, impidieron a no pocas generaciones de comunistas  españoles tener una visión una visión más diversa,  una imagen más objetiva  sobre  la personalidad del biografiado.

¿Fue Stalin – se preguntaba Losurdo en su libro – ese «enorme, siniestro, caprichoso y degenerado monstruo humano», como dijo Nikita Kruschov en su famoso Informe secreto? ¿O, como se ha dicho después, el inepto hermano gemelo de Hitler? ¿El dictador sádico, paranoico, antisemita, carente del menor escrúpulo que ha retratado la historiografía dominante?“. Y su contestación a su propia interrogante era un rotundo no.

Domenico Losurdo contrasta con una sorprendente habilidad argumental en su libro, las diferentes versiones sobre el personaje  histórico que dirigiera durante varias décadas el Estado soviético, convirtiendo un país feudal, agrícola y atrasado en la segunda potencia mundial en casi todos los terrenos. Curiosamente, gracias a esos enormes avances sociales, las grandes potencias se vieron obligadas hacer concesiones a sus respectivas clases trabajadoras durante el periodo de la inmediata posguerra.

En su libro, Losurdo cuestiona la mayor parte de la historiografía actual sobre Stalin. Los argumentos  utilizados en su trabajo de investigación están rigurosamente contrastados con las fuentes. Y las falsificaciones son puestas en evidencia, sin la menor concesión a la especulación. Sea cual sea el posicionamiento previo que el lector pueda mantener, la lectura de este valioso documento no dejará indiferente  a ninguno de  aquellos que se atrevan a sumergirse en sus reveladoras páginas.

En homenaje al extraordinario filósofo e investigador hoy desaparecido Carias Semanal ofrece a nuestros lectores la posibilidad de acceder a la lectura del libro citado, en formato PDF, cuyo enlace pueden encontrar para su descarga al final de esta misma página.

Domingo, 01 Julio de 2018

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DOMÉNICO LOSURDO, EL GRAN MARXISTA ITALIANO

Especial de   para la Revista Caracola

Tal y como ha escrito uno de sus traductores, Antonio J. Antón, para Mundo ObreroDomenico Losurdo tuvo “la valentía necesaria para escribir lo que nadie más se atrevía a decir”. Fue –añade Antón– uno de los marxistas europeos más originales, porque abordó desde el marxismo las cuestiones más difíciles, “las batallas que nadie podía o quería librar.”

Sus libros no son cómodos, sino perturbadores, porque fue capaz de tratar bajo una luz nueva asuntos sobre los que el pensamiento dominante había extendido una visión que parecía definitivamente instalada en la sociedad. Así, en Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, Losurdo, sin negar las sombras más oscuras del líder comunista, sitúa sus decisiones en un contexto que relativiza algunas de esas sombras, dando lugar a un retrato más aproximado a lo que Stalin realmente fue e hizo. O, en Contrahistoria del liberalismo, Losurdo descorre el velo que impide ver cómo los fundadores de esa corriente de pensamiento fueron racistas y esclavistas, negadores de derechos elementales. Por no hablar del papel central que en La lucha de clases da a la mujer, un papel ignorado frecuentemente por la mayor parte de historiadores y sociólogos. O su crítica, en La izquierda ausente, a unas fuerzas políticas acomodaticias y centradas en la dinámica electoral, olvidando a menudo a quién y para qué deberían servir.

Losurdo abrió debates que parecían cerrados, se rebeló contra grandes supuestas verdades, replanteó cuestiones que pocos se atrevían a plantear, y cuestionó, una y otra vez, aquellos dogmas que todos daban por sentado. Su obra es una buena muestra de ese inconformismo y esa rebeldía que siempre lo acompañaron.

Nuestro mejor homenaje hoy es leer esos libros que se atrevieron a plantarse ante tópicos e ideas falsas, aceptando el riesgo de la polémica. Libros que alentaron debates, que alumbraron nuevos puntos de vista, que nos empujaron a reflexionar sobre aspectos que creíamos superados, y que no lo estaban.
Aquí van algunos.

La izquierda ausente

Tras los acontecimientos de 1989, la promesa de un mundo caracterizado por el aumento constante del bienestar y presidido por una paz global, no se ha cumplido. Ha sucedido exactamente lo contrario: la crisis económica ha hecho crecer la miseria incluso en el seno de los países más desarrollados, agravándose las situaciones de desigualdad social mientras las grandes fortunas parasitaban y monopolizaban las instituciones políticas. En cuanto a la paz, se han ido sucediendo continuas “pequeñas” guerras que han llevado a la muerte a decenas de miles de personas en cada país intervenido. Para completar este siniestro escenario, se perfila en el horizonte la posibilidad de un conflicto que puede acabar cruzando la línea roja de la guerra nuclear.

Más que nunca, se hace evidente la necesidad de una fuerza de oposición que haga frente al actual estado de cosas. Pero por desgracia, en Occidente, la izquierda permanece ausente.

¿Cómo explicarlo? ¿Cómo leer el mundo que se ha venido configurando desde 1989? ¿A través de qué mecanismos “la sociedad del espectáculo” está legitimando la guerra y las políticas que conducen a ella?

¿Cómo construir la alternativa? A estas preguntas Domenico Losurdo responde con un análisis original, desprejuiciado y destinado a suscitar un debate imprescindible.

Stalin

¿Fue Stalin ese «enorme, siniestro, caprichoso y degenerado monstruo humano», como dijo Nikita Kruschov en su famoso Informe secreto? ¿O, como se ha dicho después, el inepto hermano gemelo de Hitler? ¿El dictador sádico, paranoico, antisemita, carente del menor escrúpulo que ha retratado la historiografía dominante? Domenico Losurdo cree que no. Sin por ello exculpar a Stalin del horror del Gulag, ni negar su responsabilidad en otros crímenes, Losurdo resulta convincente cuando imputa como falsa la acusación de antisemitismo, cuando subraya el genio estratégico y militar del líder soviético o cuando rechaza el paralelismo con el Führer, por citar algunos aspectos que se dan por ciertos sin serlo. Más aún: al contextualizar las decisiones, muchas veces terribles, que tomó Stalin, Losurdo demuestra que es más fácil enlazar los delirios racistas e imperiales de Hitler con sus contemporáneos occidentales y sus precursores, que con el político bolchevique. Libro que cuestiona la mayor parte de la historiografía actual, Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, no dejará indiferente a quien se adentre en sus páginas.

Contrahistoria del liberalismo

 

El liberalismo, a decir de sus defensores, es la tradición de pensamiento que centra su preocupación en la libertad del individuo. Pero entonces, ¿cómo explicar que esa celebración de la libertad pueda en sus orígenes ir de la mano de la consideración de los trabajadores asalariados como simples instrumentos de trabajo, o con la teorización del despotismo y la persistencia de la esclavitud en el mundo colonial? En este libro Losurdo indaga en esas contradicciones y en las zonas de sombra que corrientemente eluden los estudiosos, construyendo una contrahistoria que pone de manifiesto la dificultad que entraña conciliar su defensa teórica de la libertad con la realidad de las relaciones políticas y sociales.

Un mundo sin guerra

En 1989, el advenimiento de un mundo sin guerras parecía estar al alcance de la mano. Hoy, con el terrorismo y todo tipo de guerras de carácter más local, vuelve a asomar el peligro de una tercera guerra mundial. ¿Cómo explicar ese cambio?

Losurdo traza una historia inédita y fascinante de la idea de paz desde la revolución francesa hasta nuestros días. En ese relato, del que son protagonistas grandes intelectuales (Kant, Fichte, Hegel, Constant, Comte, Spencer, Marx, Pop per, etc.) e importantes hombres de estado (Washington, Robespierre, Napoleón, Wilson, Lenin, George Bush padre, etc.) emergen los problemas de nuestro tiempo: ¿es posible edificar un mundo sin guerras? ¿Debemos confiar en la noviolencia? ¿Cuál es en ese aspecto el papel de la mujer? La democracia, ¿es una garantía real de paz o puede transformarse a conveniencia en una ideología de guerra?

Reflexionar sobre las promesas, las desilusiones, los golpes de efecto en torno a la idea de paz perpetua es esencial no solo para comprender el pasado sino también para dar un nuevo impulso a la lucha contra el creciente peligro de una nueva guerra.

 

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