Opinión 

Letra Bolivariana / Martí: sembramos o erramos

Dijo el Apóstol José Martí de nuestro pais por el que sentía un amor profundo: “Deme Venezuela en qué servirla, ella tiene en mí un hijo”.

 José Gregorio Linares                                                                                                                                 Exclusivo del autor para la Revista Caracola

José Martí vivió en Venezuela durante el primer semestre del año 1881. Su intención de vivir en nuestro país se debió a varios motivos. En primer lugar, en gratitud por la solidaridad de nuestro pueblo y del gobierno venezolano con la causa de la independencia cubana. En efecto, de Venezuela salieron varias expediciones de apoyo a los independentistas cubanos, y también desde acá se llevaron a cabo importantes campañas propagandísticas y financieras en respaldo a los mambises. Además, para Martí Venezuela es la cuna de la Independencia de América; y Bolívar el “héroe admirable en el que se reunieron todos los dones de la grandeza humana en el más alto grado”. Vino al encuentro de esa energía creadora y libertaria.

A pesar de su corta estancia en nuestra tierra, Martí se formó una idea clara de Venezuela. De las fortalezas de nuestra Patria dice: “Venezuela es un país rico más allá de los límites naturales. Las montañas tienen vetas de oro, y de plata, y de hierro. El suelo, como una doncella, se despierta a la más leve mirada de amor. La Sociedad Agrícola de Francia acaba de publicar un libro en el que se demuestra que no hay sobre la tierra un país tan bien dotado como este para establecer en él toda suerte de cultivos. Su suelo es fértil como las faldas de un volcán”. Pero lamentablemente, agrega, estos recursos permanecen inexplotados y reina la indiferencia. Salvo el cultivo del café en algunas zonas del país, no importa “nada que los campos no estén cultivados, que el comercio sea precario por la escasez de productos para exportar; que de la pobreza general provenga un malestar grave y sensible”. En general, “¡El labrador del país, no aspira a nada, y no hace nada! Toma, como los hindúes, las frutas maduras que cuelgan de los árboles”. Se percibe “una falta absoluta de aplicación a las necesidades reales de la vida entre las clases elevadas”, constituidas por “una casta desdeñosa y dominadora que se opone a la elevación, a la vida de las clases inferiores”. En esta casta dirigente “hay una necesidad innata de lujo. No creen que la vida sea, como es, el difícil arte de escalar una montaña; sino el brillante arte de volar de un solo impulso desde el pie hasta la cima”.

Han pasado más de cien años desde que estas palabras fueron escritas, sin embargo su vigencia resulta incuestionable. Mucho antes de la aparición del petróleo, la agricultura en Venezuela apenas daba para sostener una enclenque economía orientada hacia el mercado interno; sin embargo las élites consumían en derroche lo poco que se producía y todo lo que se importaba. Con la explotación del petróleo esta predisposición malsana de la oligarquía se intensificó. A partir de entonces, disfrutará de la renta petrolera y de los negocios que hace a la sombra del Poder. Esta élite voraz y holgazana no solo arruina la agricultura; sino además pervierte los valores. Propaga la creencia de que solo se triunfa por medios ilícitos. Enseña el “arte de volar de un solo impulso desde el pie hasta la cima”. Ejerce, como hemos visto, una funesta influencia incluso entre las filas revolucionarias. Debemos combatirla con firmeza o no seremos dignos hijos del “héroe admirable en el que se reunieron todos los dones de la grandeza humana en el más alto grado”.

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