Opinión 

Mario Sanoja e Iraida Vargas: mucho más que dos

José Gregorio Linares                                                                                                                                                                        Especial del autor para la Revista Caracola

Ha habido muchas parejas emblemáticas en los campos de la ciencia, el arte, la política y las humanidades. No es posible aludir a uno de los integrantes sin pensar en el otro. No podemos nombrarlo a él sin mencionarla a ella. Son hebras distintas de un mismo tejido. Por más diferencias que pueda haber entre ellos, son seres inseparables y complementarios. Uno al otro se pueden decir los versos de Mario Benedetti: “Si te quiero es porque sos mi amor, mi cómplice y todo; y en la calle codo a codo somos mucho más que dos”. Y esto es así porque están unidos no solo por el lazo del amor, que puede ser frágil y mudable; sino por un amarre más permanente: el de las afinidades comunes y los proyectos compartidos.

Si revisamos la historia política de Latinoamérica con frecuencia nos encontramos con parejas unidas en el quehacer político: José María España y Josefa Joaquina Sánchez, Perón y Evita, Bolívar y Manuela. También hallamos parejas de artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera. Menos comunes son las parejas intelectuales, al estilo de Simone de Beauvoir y Sartre. De entre éstas, lo menos frecuente es encontrar las que asumen el reto de producir una obra intelectual que sea fruto del trabajo mancomunado de ambos. Tal es el caso de Mario Sanoja Obediente e Iraida Vargas. Cada uno por su lado ha producido textos fundamentales en el campo de las ciencias sociales, pero juntos, a dos manos, han escrito la mayor parte de su obra. En ella dejan traslucir su pasión por comprender y su necesidad de enseñar. Sus textos son brújulas que nos permiten orientarnos en la arqueología y la geohistoria de Venezuela, llenas de vericuetos y laberintos. Anuncian asimismo rutas para transitar hacia un porvenir “que mira y siembra futuro”. El prestigio de ambos intelectuales traspasa nuestras fronteras. Sus nombres aparecen en ficheros de bibliotecas de todo el mundo; y son invitados a foros internacionales, donde es usual oír su voz que “sabe gritar rebeldía”. Su prestigio no reside solo en su capacidad para la investigación acuciosa y para disertar ante públicos especializados, interesados solo en disquisiciones teóricas. Ambos son militantes socialistas, por tanto producen tácticas y estrategias para afianzar la Revolución y empoderar al pueblo. No exigen grandes escenarios para el encuentro y el debate. Los han visto andar “con paso vagabundo” en los más disimiles lugares: en barrios apartados, en caseríos recónditos, en medio de grandes multitudes y entre pequeños grupos, con reconocidas personalidades y junto a las más humildes gentes. Divulgan su saber “en la calle codo a codo”, acompañando a los que andan con “su llanto por el mundo”.

Mario habla calmadamente, va entretejiendo argumento tras argumento hasta que arma un sólido edificio conceptual, donde no deja rendija o flanco desguarnecido. Iraida es un torrente crecido de verbo y emociones, que cautiva hasta a los adversarios. En fin, Mario e Iraida “trabajan por la justicia”. Con sus praxis nos demuestran una vez más que en la unión está la fuerza, especialmente si esta unión se funda en la esperanza de que es posible construir un mundo mejor. Propósito que lograremos porque gracias a la labor de gente como ellos “somos mucho más que dos”.

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