Narrativa Reportajes 

¡Llegaron los cubanos!

Comandante Arnaldo Ochoa y Luben Petkoff durante la travesía desde Cuba para desembarcar en las playas de Falcón en 1966 e incorporarse el Frente Guerrillero ‘José Leonardo Chirinos’.
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El revolucionario y combatiente socialista Humberto Vargas Medina en sus remembranzas de la lucha guerrillera de los años 60′, aporta valiosa información y su visión de aquella gesta.

Humberto Vargas Medina

Especial para la Revista Caracola

Remembranzas de un guerrillero de los años sesenta

¡Yo soy Orozco!

El 6 de agosto de 1966, nos encontrábamos levantando el campamento para continuar la marcha. Durante todo el día anterior y parte de la noche caminamos para tratar de romper el cerco y salirnos del perímetro de los bombardeos. No habíamos tenido contacto directo con los soldados, pero sabíamos que estaba en actividad una ofensiva militar por tierra y aire contra nosotros. Aprovechábamos la luz de la luna para avanzar. Pasaríamos por una quebrada con una profundidad de más o menos seis metros al fondo de un barranco. Abajo el agua corría sobre peñascos. De orilla a orilla estaba colocado el tronco de árbol que servía de puente. Uno a uno fuimos pasando con el cuidado de no resbalar, el tronco estaba mojado y un resbalón implicaba una caída que nos podía lesionar.  El arma nos servía como la vara a los equilibristas. (Remembranzas de un guerrillero)

—Chivo que se devuelve se desnuca—, gritó un guerrillero.

Ahí fue que entendí el dicho popular de  chivo que se devuelve se desnuca, porque devolverse estando encima de aquél tronco se corría el riesgo de caer y… desnucarse. Habíamos llegado cansados, pero igual, tempranito estábamos parados para continuar la marcha. Había amanecido, estaba claro y yo con Amílcar, a quien le decíamos el Sayón, recogíamos las hamacas del colgadero donde dormimos en litera. Eran aproximadamente las seis de la mañana. El tiempo estaba bonito y fresco y no llovía. Bajando la falda de la montaña, casi llegando al plan se oían ruidos como quebrando palos. En principio pensamos que podían ser animales. La intuición nos hizo dirigir la vista hacia donde se escuchaban lo ruidos. Se notaba movimiento de ramas. Nos pusimos alerta. Continuamos arreglando el morral sin dejar de estar pendientes. Los ruidos se hicieron cercanos y entre la vegetación aparecieron dos hombres a los que solo se les veía la cabeza. Uno de ellos nos hizo señas y nos gritó:

—¡Ustedes son la gente de Orozco! ¡Ustedes son la gente de Orozco!

Pero nosotros no le oíamos bien y al principio creíamos que podían ser  campesinos. Nos sorprendió  que aparecieran por allí sin que la guardia  se hubiese dado cuenta. De todos modos nos  parapetamos detrás de un árbol y apuntándolos con nuestras armas, les gritamos:

—¡Que quieren! ¡Acérquense!

Y saliendo de la vegetación se fueron acercando con las manos en alto dos hombres armados con los fales colocados a la bandolera. Uno catire, fuerte, y el otro, flaco, de mediana estatura,  trigueño, de espesa barba.

—Buscamos a Orozco—, dijeron.

Arnaldo Ochoa guerrilleros cubanos, desembarco en chichiriviche
Comandantes Arnaldo Ochoa (tercero de izq. a der., última fila) y Luben Petkoff (sexto de izq. a der., última fila) junto a los 15 guerrilleros cubanos y venezolanos que desembarcaron en julio de 1966 en las playas de Falcón para incorporarse al frente guerrillero comandado por Douglas Bravo.

Así llegaron hasta nosotros. Al tenerlos cerca saltamos hacia ellos y sin oponer resistencia nos entregaron los fusiles. El tipo de uniforme, las botas y la indumentaria  que cargaban, aunque de color verde, era diferente al Ejército y aún más a nosotros, además,  la espesa barba que traía uno de ellos, no dejaba duda de que eran los del desembarco que se había producido el 24 de julio, día patrio. Aunque ya lo sabíamos por la radio, la comandancia no nos había informado nada. Todavía lo mantenían en un secreto que ya no era secreto para nadie. Eran Juancho y Salvador, oficiales del ejército cubano. Juancho, el de la barba cerrada y espesa, que con el paso del tiempo supimos era el comandante del ejército cubano Orestes Guerra, segundo jefe de la columna guerrillera de Camilo Cienfuegos y jefe de su vanguardia y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Fue herido en la cabeza en el combate de Uvero, uno de los combates más importantes y previos a la derrota del ejército de Batista y por esta razón le pusieron una parte de platino en el cráneo. Salvador era Primer Capitán. Eran jóvenes. Ninguno de los dos superaba los treinta años.

La noticia cundió en toda la guerrilla. Estábamos, unos en la falda y otros en la fila de la montaña. La voz se corrió por todo el campamento. Aparte de los que estaban de guardia, la mayoría de los guerrilleros empezó a arremolinarse alrededor de aquellos sorpresivos y extraños visitantes. Miranda, el Cabito, Cuchufleta, Fernando, Marcos, miembros de la comandancia, les hacían preguntas en medio de un círculo que habíamos hecho a su alrededor. Pero estaban mudos, sentados en el suelo, no pronunciaban palabras, queriendo esconder su acento cubano. Melchor, emocionado les decía:

—¡Yo te conozco, yo te he visto en la universidad!

Y estas palabras sirvieron para que le mamáramos el gallo durante un tiempo. Y otro guerrillero le lamió la bota a Salvador y grito emocionado:

—¡Si son, si son,  la bota está salada!

Pero no abrían la boca y querían comunicarse por señas. El viejo Orozco bajó de la fila y se encontraba junto a ellos. Era un campesino muy callaíto, viejo militante comunista. Había sido compañero de Luben en los primeros brotes guerrilleros que se formaron en el país y consecuente como verdadero revolucionario, se encontraba entre nosotros buscando el futuro.

el dirigente del MIR Eduardo Ortiz Bucarán y el cubano Antonio Briones Montoto, en el desembarco de Machurucuito
El dirigente del hoy inexistente Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR, Eduardo Ortiz Bucarán y el cubano Antonio Briones Montoto, en el desembarco de Machurucuto, estado Miranda.

—¡Yo soy Orozco!—, les dijo.

Los cubanos se quedaron viéndolo. Y así fue que se decidieron a hablar y se identificaron como miembros de la expedición de solidaridad con Venezuela, en la cual también venía Luben Petkoff. Juancho, dirigiéndose a Orozco, le dijo:

—Luben le manda a decir que quiere verlo para que  traiga hasta aquí al resto de los camaradas que andan conmigo.

En seguida una comisión donde se encontraba, por supuesto, el viejo Orozco, salió a buscar al resto de revolucionarios internacionalistas cubanos que venían a reforzar al movimiento revolucionario venezolano, encabezados por Luben y Arnaldo Ochoa, comandante del ejército cubano, joven de aspecto aindiao de veinticinco años de edad, alto y fuerte, de  no menos 1.90 de estatura, a quien solo le salían unos cuantos pelos en la barbilla. El comandante Ochoa al salir de Cuba era el Jefe del Ejército del Centro, donde su compadre Raúl Castro, era el jefe del Ejército de Oriente y el Che Guevara jefe del Ejército de Occidente. Era miembro del Comité Central de Partido Comunista de Cuba. El otro comandante y miembro del Comité Central, era Peruchito. Peruchito tuvo mala suerte, recién llegado se cayó por un barranco y se dañó la columna, con gran esfuerzo caminaba y no soportaba peso alguno. Se le tuvo que quitar todo peso, el morral, el arma se le cambió por una pequeña. Le era difícil caminar, subir y bajar cerros. Los cerros de Yaracuy son subir y bajar, termina uno y empieza otro, y para él en las condiciones en que estaba, se convirtió en una carga para la columna guerrillera. Retrasaba la marcha y aunque no se quejaba el dolor se le notaba. No quedó otra alternativa  que regresarlo  a Cuba, y allá, lamentablemente, en un accidente de tránsito, junto a su esposa, se mató. Los demás, Simón, Oscar, Lorenzo, Cupertino, Horacio, William, Manolín, Luis Felipe, Mario y Mochila  eran capitanes, primeros capitanes y tenientes, todos guerrilleros veteranos de la Sierra Maestra. Esto daba una idea de la calidad de combatientes que Cuba había destinado para Venezuela. Los cubanos, con mucha humildad y respeto con la guerrilla a la cual estaban llegando, se incorporaron como combatientes a los diferentes equipos y escuadras, poniendo a un lado sus altos conocimientos militares. Solo Antonio ingresó directamente a la comandancia del Frente. La guerrilla que había crecido con las nuevas incorporaciones, reiniciaba nuevamente la marcha con ropa y botas en buenas condiciones, fácilmente nos podíamos confundir con el ejército. Continuamos la marcha en dirección al río Tocuyo.

Denuncia de desembarco cubano por Machurucuto, Miranda
La prensa de la época, de los años sesenta, en este caso El Nacional, denuncia en primera plana el desembarco de guerrilleros cubano/venezolanos, por Machurucuto, Miranda. Titulares amarillistas y lenguaje amenazante del represor presidente Leoni.

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One Thought to “¡Llegaron los cubanos!”

  1. Alexander Dorado

    Yo quisiera saber la reacción del presidente Chávez o del presidente Maduro, si se enteran de que 15 efectivos militares extranjeros armados, organizados y equipados militarmente, que pudieran ser de EU, Colombia, Chile, Peru o Ecuador, invadieran a Venezuela por cualquier costa y se instalaran aquí con in tenciones de tumbar al gobierno.

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