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Línchenlo, que yo los cubro

Orlando Figuera, el joven a quien un grupo terrorista vinculado con la extrema derecha opositora, apuñaló por lo menos 7 veces, prendió fuego y aúnen ese estado fue golpeado con los escudos el pasado 20 de mayo en Altamira, municipio Chacao, estado Miranda, falleció por un paro cardiopulmonar el sábado 3 de junio en la noche, de un paro cardio/pulmonar. La Fiscala General no ha dicho nada, “ese era un chavista o un ladrón”.

Mary Pili Hernández

Cristiana, Periodista, Chavista

Cortesía de Notiminuto para la Revista Caracola

 

* Su imagen “decente” no les permite entrar a patadas a nadie, mandan a las Salomés venezolanas, a los que llaman los guerreros o escuderos

Ella lo odiaba, con todas sus fuerzas. Le hubiera gustado matarlo con sus propias manos, verlo sufrir, suplicar, si fuera posible. Pero no podía rebajarse a ese nivel. La imagen de superioridad que pretendía transmitir a nivel social le impedía demostrar esos sentimientos viles, que sólo se reservan para seres de menor ralea. Pero sin duda lo quería muerto, destruido, y algo tendría que hacer para lograrlo.

La oportunidad se presentó. Mandaría a su joven hija Salomé a exponerse ante su esposo y su grupo de invitados extranjeros, y cuando estos hubieran cedido a sus maniobras, les pediría, en bandeja de plata, la cabeza de Juan. A fin de cuentas, Herodías lo estaba asesinando, pero sin mancharse las manos.

Salomé con la cabeza de Juan servida a los poderosos de la época. Así le piden los Radonski, los Guevara, los Borges o la Malinche Machado a sus “heroicos soldados” le entreguen la cabeza de Maduro.

¡CÓMO LES ENCANTARÍA LINCHAR CHAVISTAS!

Para algunos de los opinadores de oficio, la “decencia” sólo funciona como parte del discurso académico, que pretende montarse en los hombros del prestigio social. Pero en el fondo avalan, e incluso, desearían linchar a cualquiera que piense diferente, que sea Chavista o que simplemente “parezca” Chavista.

En una conducta, similar a la usada por los nazis en su peor momento, la supremacía predestinada que creen tener estos seres, les brinda una justificación “moral” para su barbarie aspiracional de destruir a cualquiera que no acate la línea de su discurso. Pero como su imagen “decente” no les permite entrar a patadas a nadie, mandan a las Salomés venezolanas (a los que ahora llaman los “guerreros” o los “escuderos”), a que lo hagan.

LOS SECUESTRADORES

En el medio de su conducta de secuestradores, toman a la sociedad como rehenes del terrorismo, y nadie puede hacer nada normal (como trabajar, ir a la escuela, a un cine, o lo que les dé la gana), mientras no se “satisfagan sus demandas” de ¡entregarles la cabeza de Maduro en bandeja de plata!

Son las Herodías venezolanas, que no se ensucian las manos, pero que mandan a jóvenes, cual Salomé, a venderse, para urdir su plan de violencia, y a perpetrar los crímenes que ordenan con su discurso. Eso sí, sin bajarse del trono de la “decencia”. Ninguna diferencia con los secuestradores o terroristas más viles, excepto la cobardía de no cometer personalmente sus asesinatos, sino estimular a los otros a hacerlo… eso sí, con un discurso “decente”.

EL LINCHAMIENTO DISCURSIVO

El degenerado líder fascista Capriles Radonski, es un de los terroristas intelectuales (los que mandan a quemar un ciudadano o degollarlo con una guaya o incendiar un hospital materno infantil), que sufre de microfonomanía por donde, además de mentarle cien veces la madre al Presidente Maduro, es de los que justifican crímenes monstruosos como el cometido contra el compatriota Orlando Figuera, y además atribuírselo al gobierno.

Un linchamiento es un acto abominable. Es la barbarie de escuchar gritar y suplicar a un ser humano y no detenerse, en el medio de una tortura colectiva a alguien desarmado e indefenso, hasta verlo morir de un modo atroz. Sin embargo, quizás es psicológicamente peor que existan personas que, con la sangre fría, sin estar inmiscuidas en el fragor de los acontecimientos, sin la adrenalina de los gritos, en la distancia de las teclas de una computadora o de un micrófono, se pongan a elaborar un discurso que pretende brindar alguna clase de justificación o excusa a este tipo de hechos.

Algunos, incluso, llegan a estimular a los linchadores, usando las redes sociales para promover imágenes o supuestas informaciones que llevan al odio hacia una persona o grupo específico, incluidos sus hijos y familiares.

RELATIVIZAR EL ODIO

Justificar los asesinatos de odio y pretender buscar excusas que intenten explicar por qué la gente “ya no pudo más y llegó a esos límites”, no es otra cosa que ser cómplice de ese horror.

En el caso de los linchamientos que se han sucedido en nuestro país, a las personas se les ha golpeado, prendido fuego y hasta tiroteado, simplemente por “parecer Chavistas”. Dos de estos casos han cumplido su macabro cometido y las personas han resultado asesinadas, por una turba supurante de odio. Lo más horrendo es que, acto seguido, casi de manera inmediata, comenzamos a leer en los medios y las redes sociales la justificación oportuna de los relativizadores del odio.

Entonces se producen las excusas: “es que era un infiltrado”, “es que nos estaba tomando fotos”, “es que estaba robando”, “es que la culpa es de Maduro”. Y es que, en esta nueva complicidad semántica, el Gobierno es culpable hasta por si acaso… Lo espantoso es lo que se esconde detrás de estas excusas disfrazadas de argumentos, porque si se trata de un “infiltrado”, eso se traduce en que se “merecía” ser linchado, en una complicidad semántica que ofrece una licencia para asesinar. Macabro, por decir lo menos.

Los predicadores de la épica guarimbera y terrorista, hablan de justicia, cuando solo los mueve el odio y, principalmente, construyen con su discurso una situación de confusión estructural sobre el concepto de humanidad.

 

@marypilih

mphopinion@yahoo.com.ve

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