Opinión 

Las Zapatillas Rojas

La Revolución Bolivariana avanza en todos los frentes dirigida por el líder Nicolás Maduro. Todos los verdaderos revolucionarios y revolucionarias tienen puestas, las mujeres, las zapatillas rojas, los hombres, las botas rojas.

Letra Bolivariana

José Gregorio Linares

Especial para la Revista Caracola

Recientemente vi la película Las Zapatillas Rojas. Un film de 1948 inspirado en el cuento homónimo del escritor danés Hans Christian Andersen. Al comienzo de la cinta se recuerda la trama de la fábula. Una joven que anhela ser bailarina adquiere unas zapatillas rojas y se las calza. A partir de ese momento se cumple su sueño. Danza y baila entusiastamente en ciudades y campos, sobre puentes y calzadas, en plazas y teatros. Es feliz. Pero llega un momento en que el cansancio la vence y el furor inicial decae. Entonces, se quita las zapatillas rojas, deja de bailar, se detiene y… muere.

Esta historia me ha hecho pensar en la Revolución Bolivariana y su porvenir; porque hacer una Revolución significa ponerse las zapatillas rojas y no quitárselas jamás, es decir, radicalizar continuamente el proceso político; y tener conciencia de que si nos cansamos y nos detenemos, perecemos. Por consiguiente, bailar con las zapatillas rojas puestas implica moverse al ritmo que las difíciles circunstancias del país exigen. No hacerlo conlleva la parálisis y la muerte. Bailar con zapatillas rojas supone, asimismo, entrar en sintonía con el pueblo, interpretar sus demandas, y potenciar su energía creadora. Calzarse zapatillas rojas significa, además, pasar a la ofensiva. Decía Sun Tsu en “El arte dela guerra” que las batallas no se ganan mientras nos limitemos a responder los ataques del enemigo, porque entonces nos sitian, nos debilitan y finalmente nos derrotan. En las guerras solo se vence cuando arremetemos contra el adversario: un triunfo trae consigo la esperanza de una nueva victoria, la emoción del próximo encuentro, la reorganización de las fuerzas que combaten, la elevación de la moral y la certeza del éxito final.

Ponerse las zapatillas rojas significa en estos momentos darle prioridad al área económica, flanco donde los enemigos nos han causado graves daños. Ello nos impele a avanzar: 1) en la socialización de los medios de producción, de modo que la mayoría de éstos, hoy en manos de la oligarquía y las trasnacionales, pasen a manos del pueblo y el Estado; 2) en la aplicación de modelos de gestión fundados en la cooperación y la entreayuda; 3) en el control de la distribución, hoy mayoritariamente administrada por carteles privados, para que sea manejada por el pueblo organizado y el Estado bajo estrictas regulaciones que impidan la especulación, el acaparamiento y la ineficacia; 4)  en la transformación de nuestros patrones de consumo, a fin de que estemos en capacidad de producir lo que consumimos, recurriendo al mínimo de importaciones; 5) en evitar que el Estado le suministre a nuestros enemigos las divisas con las que se enriquecen y nos hacen la guerra; 6) en la lucha contra la impunidad y en el castigo a la corrupción.

Ha llegado el momento de bailar al son de nuestro pueblo. Poner a los enemigos de la patria a moverse al compás de nuestra rabia y nuestros proyectos. ”El cielo encapotado anuncia tempestad. Oligarcas, temblad” es el canto que entonaremos a partir de ahora. Bailaremos con alborozo. Invocaremos el estribillo de las parrandas de San Pedro: “Con la cotiza dale al patrón, vuélvelo polvo sin compasión. Dale pisón, dale pisón”. ¡Y no nos quitaremos las zapatillas rojas!

 

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