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La pirámide enemiga

Alí Ramón Rojas Olaya                                      Exclusivo del autor para la Revista Caracola

Siempre hay que conocer al enemigo. Una vez conocido debemos estudiarlo y hacer una tipología de este subgénero humano. En El arte de la guerra, escrito en el último tercio del siglo IV antes de Cristo, el escritor chino Sun Tzu nos dice: “Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo, pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla”.

La cúspide de la pirámide

Si colocamos en una pirámide al enemigo, colocaremos en la parte superior la planta insolente del extranjero, entendámosla como Estados Unidos, la OTAN, el grupo Vanguard, la Comunidad Europea, los países que otrora fueron virreinatos como Colombia, Perú, México, Argentina y países cuyos mandatarios son súbditos. Más abajo pondremos la oligarquía que opera en Venezuela con sus cuerpos armados de paramilitares en los barrios y pueblos. Sobre las acciones de estos dos sectores explica José Gregorio Linares en La utopía posible: “Ninguna buena opinión podemos esperar de los gobiernos imperiales y sus representantes locales. Esperan la muerte de los líderes populares para sacralizarlos como pasa con Simón Bolívar, para encumbrarlo sin estudiar ni divulgar su ideario como ocurre con Miranda; para deslastrarlos de su pensamiento decolonial como ha ocurrido con Andrés Bello; para mellar su filo antiimperialista, como ha sucedido con Gabriela Mistral; para minimizarlos como figura histórica, como han hecho con Antonio José de Sucre”.

La base de la pirámide

La base de esta pirámide, formada por cinco tipos de gérmenes sociales, es por demás interesante por la complejidad contracultural de su esencia. Todas las revoluciones siempre han estado infiltradas por agentes nocivos y siempre en ellas se han secretado bacterias humanas. La base de esta pirámide está conformada por cinco especímenes:

Luis Miquilena, especie de Yago tropical, agente de la oligarquía, la maldad personificada, infiltrado en el gobierno del Presidente Chávez, aprovechó su pasantía para intrigar, crear cizaña y sembrar el caos, tratar de doblegar al Comandante, dividir la Revolución. Un repugnante diablo tropical.

(1) El mejor referente de este prototipo nos los brinda el genio inglés William Shakespeare en su obra Otelo estrenada en el año 1604: Yago. La doble fuerza de atracción y repulsión, de este torbellino destructivo y destructor, es la contradicción que está presente en todo lo prohibido y peligroso, particularmente en las revoluciones. Dos críticos literarios, uno inglés, Algernon Charles Swinburne (1837-1909) y otro estadounidense, Harold Bloom (nacido en 1930) lo definen acertadamente. Para el primero, Yago es «la más perfecta maldad, el más potente semidiablo», mientras que para el segundo «apenas existe un círculo en el Infierno de Dante que Yago no pudiera habitar, tan grande es su poder para el mal». Sus objetivos son crear el caos y sembrar cizaña con lucidez y creatividad. Mientras más conocen a su víctima más la envidian. Los Yagos son infiltrados en las revoluciones: Bolívar tuvo su Santander, el Che Guevara su Règis Debray, Roque Dalton su Joaquín Villalobos y Chávez su Luis Miquilena.

 

(2) En el segundo lote de bacterias se encuentra un tipo de pequeño burgués intelectual que, al ver su añorado confort trastabillar (carro moderno y espacioso, casa en la playa y en la montaña, nevera llena de exquisiteces, colegios privados de sus hijos, almuerzos y cenas en distinguidos restaurantes, la señora que limpia, viajes, etc.) comienzan a criticar vorazmente la revolución. Los errores suelen ser analizados y magnificados. Como el sueldo los limita porque estamos en guerra (¿o no?) infieren, deducen, razonan, disertan, acuden a referentes eurocéntricos, que conocen a las mil maravillas, y opinan, opinan, opinan, pero no en público, sino a través de un grupo de WhatsApp y otras redes sociales. Estas personas no son infiltradas por la CIA, al menos de manera directa, pero destruyen en forma sistemática (más si son docentes) porque siembran desesperanza y desasosiego en sus círculos de influencia.

(3) La tercera bacteria humana es el rojo rojito que surge de los sectores históricamente deprimidos y que al llegar una revolución al poder se pegan a ésta cual garrapatas y una vez allí dicen: ¡Ellos robaron bastante, ahora nos toca a nosotros! Estos prototipos se caracterizan por ser resentidos sociales, baturros, mediocres, llenos de carencias, que, al lograr algunos puestos de poder en la administración pública, carcomen los presupuestos. Apenas con una semana en el cargo llegan a sus barrios con camionetotas equipadas con cornetas ensordecedoras que infectan de reguetones y demás música de mal gusto las calles, escoltados por motorizados bulliciosos. A veces trancan calles porque improvisan rumbas en las que lucen sus modernos celulares. Muchos de ellos son adláteres de líderes revolucionarios.

(4) El cuarto tipo de bacteria humana es muy parecida a la anterior sólo que no proviene de zonas deprimidas. Viven en zonas de relativo confort social. Sus casas se caracterizan por el mal gusto, la ausencia de libros, cuadros colgados que combinan con el color de los muebles, etc. Son extremadamente habilidosos. No sé cómo hacen, pero logran aparecer al lado de líderes con una facilidad pasmosa. Por lo general tienen pequeñas empresas que, una vez conectadas con la revolución, aumentan sus cifras. Obtuvieron divisas y lograron comprar apartamentos en Miami.

(5) El quinto tipo de enemigo es el reformista. Permanecen en las revoluciones hasta lograr su objetivo: “cambiar algo para que nada cambie”. El origen de este enemigo lo encontramos en la novela de 1958 El gatopardo del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) llevada al cine por Luchino Visconti en 1962. La cita original es: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. -¿Y ahora qué sucederá? -¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado. Una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”. Hace pocos días descubrí que quien era mi amigo, Luis Acedo, es un gatopardo.

Luis Acedo, ¿Cuándo es el momento?

En el año 2001 le propuse a mi amigo Luis Acedo, conocido dirigente socialista, que teníamos que expropiar Empresas Polar, pero insistió en que no era el momento. En el año 2002 Lorenzo Mendoza acaparó los productos de primera necesidad adquiridos con dólares del Estado. Ese mismo año llamé a Luis Acedo para que tomáramos Pdvsa. “¡No es el momento!”, me dijo. Un paro petrolero fue la respuesta.

El 9 de mayo de 2004, la Inteligencia venezolana detuvo a 153 paramilitares colombianos en la finca Daktari. Hablé con Luis Acedo para que, una vez aprehendidos estos terroristas contratados por la oposición venezolana para asesinar al presidente Chávez, no los devolvieran a Colombia y me dijo, “¡no te metas en eso, es muy delicado, y además no es el momento!” Lo cierto es que los devolvieron y al poco tiempo regresaron. Hoy siembran el miedo en barrios, caseríos y pueblos, pican gente con motosierras, exterminan a dirigentes comunitarios y campesinos y asumen las comisiones de cultura y deporte en muchos consejos comunales.

Entre el 2005 y 2012 vengo diciéndole a Luis Acedo que debemos pintar de pueblo las universidades que arremeten contra la revolución. Le dije, “¡Mira como vocifera el padre Luis Ugalde contra Chávez!” Me respondió, “no es el momento”. Entonces insistí “¿y si tomamos la cultura?” “Explícate”, me pidió. “Bueno, los poderosos saben que una revolución para que sea irreversible debe ser cultural. Por ello dominan el cine, la televisión, la radio, la prensa y las redes sociales, la iglesia, la alimentación, la educación, los medios de producción y la historia, al punto que son ellos los que deciden qué vemos, oímos, comemos, quienes somos”. Luis Acedo me respondió: “¡Eso es muy complejo, creo que no es el momento!”

Después del triunfo de Nicolás Maduro el 14 de abril de 2013, el dos veces perdedor Capriles Radonski llamó a los terroristas a descargar la arrechera. Como resultado hubo 14 muertos. Hablé con Luis Acedo para que nos llegáramos a la Fiscalía General de la República, y esta vez me dijo ¡Sí, vamos! Luisa Ortega Díaz recibió la denuncia…y no pasó nada.

El 23 de enero de 2014 Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado desplegaron la campaña política La Salida. Llamé a Luis Acedo para que lleváramos a este trío al Ministerio Público y me sugirió que no era el momento. El 12 de febrero de ese año respondieron con acciones terroristas de calle en los municipios opositores: guayas que decapitaban motorizados, instituciones incendiadas, animales torturados, árboles talados, fue el resultado. Cuando hablé con él sobre esto me dijo: “Está bien, vamos al Ministerio Público”. Sólo apresaron a los dos primeros y dejaron libre a la señora Machado.

En el año 2016 le dije, “¡camarada, tengo información de algunos trabajadores que chivos pesados tienen instrucciones del imperio de sabotear Pdvsa! ¡Vamos a denunciar a altos jerarcas, incluyendo a aquellos que celebran quinceaños de sus hijas en Miami!” Me dijo, “¡Creo que no es el momento!”. En noviembre de ese año le dije: “Vamos a llevar a la Asamblea Nacional Constituyente la propuesta de estatizar la banca privada”. La respuesta fue la misma: “¡No es el momento!”.¿Qué pasó? El viernes 2 de diciembre, la plataforma de pagos electrónicos del país (77% propiedad de la empresa Consorcio Credicard C.A.) saboteó la banca electrónica generando un caos.

Miguel Acosta Saignes, luchador revolucionario e historiador de profundas convicciones socialista, con una obra escrita de inmenso valor científico, fue reiteradamente vetado por los historiadores de derecha que secuestraron la Academia Nacional de Historia.
Federico Brito Figueroa dilatada figura como historiador y revolucionario, con una obra de investigación consolidada y que hizo notables aportes a la historiografñia venezolana. Por su militancia comunista se le negó su acceso a la Academia Nacional de la Historia como individuo de número.

Comenzando el año 2018 le sugerí a Luis Acedo que solicitáramos al gobierno que asumiera el transporte público ya que los transportistas podrían subir a cada rato los pasajes y hasta hacer un paro. Le comenté qué era un craso error darles los autobuses Yutong a particulares. Me dijo que no era el momento. Luego lo invité a que tomáramos las universidades del Estado. Su respuesta fue: ¡Eso nos traería problemas internacionales! Dado que Luis Acedo sabe mucho de historia, le sugerí en otro momento que el Centro Nacional de Historia debiera absorber a la Academia Nacional de Historia que bastante boicoteó al presidente Chávez. ¿Saben qué me respondió? Sí, acertaron, me dijo que no era el momento. ¿Saben qué pasó? Elevaron a individuo de número al padre Luis Ugalde. Sí, los mismos que les negaron una silla a Federico Brito Figueroa y a Miguel Acosta Saignes.

El enemigo ataca

Contra los liderazgos revolucionarios siempre se engendrarán campañas mediáticas orquestadas desde los dos sectores de la cúspide de la pirámide enemiga, con el apoyo de los cinco sectores inferiores que, aferrados a la contracultura inoculada, temen perder sus privilegios, sus efímeros cargos, sus enajenadas comodidades. Para cada líder que surja de las filas rebeldes el algoritmo será su descalificación, luego su destrucción moral (y hasta su eliminación física), después viene el proceso de la deformación de su imagen porque la idea es que nadie siga su ejemplo. Sobre esto dice Simón Rodríguez: “Se empieza minando la reputación—con esta cae el crédito, se pasa a atacar el honor, y de allí, el dar con la persona cuesta poco”. Este algoritmo aplica para los cimarrones sentipensantes e intelectuales orgánicos. El mantuanaje sentenció a Francisco de Miranda de traidor y la imagen que perdura en el imaginario popular es de reo en la Carraca, porque el enemigo sabe que el arte es un instrumento político. A Bolívar la oligarquía lo llamó arbitrario, déspota, tirano, ladrón, cruel, sanguinario, etc. A Manuela Sáenz le endilgaron el calificativo de “pecaminosa” e, incluso, hubo quien —pasados los años—, prestó su pluma para injuriarla; de Simón Rodríguez persiste la idea de que era “loco” y que se desnudaba para enseñar anatomía. Andrés Bello fue secuestrado por adecos y copeyanos al punto que, por ignorancia, algunos revolucionarios lo invalidan. A Ezequiel Zamora lo acusaron de ser “jefe de montoneras” y Augusto César Sandino fue denunciado como “bandolero”.

La traición

Tengamos claro que los cuatro últimos sectores de la parte inferior de pirámide enemiga no sólo chupan la teta de la revolución sino que la traicionan. La traición es uno de los crímenes más letales en las relaciones humanas. Decía Simón Rodríguez que “amenazas y dicterios, traiciones y asaltos, son bajezas de que deben avergonzarse los soberanos”. Dos florentinos teorizaron sobre este mal. Para Dante Alighieri la traición es el peor de los pecados por esto en La divina comedia ubica a los traidores en el último círculo del infierno. Para Nicolás de Maquiavelo, la traición es una parte fundamental de la política y quien no esté dispuesto a asumirlo nada tiene qué hacer en los lugares de poder.

Gabriel Puerta intentó en 1992 infiltrarse en las filas bolivarianas, pero ya su vil participación en la masacre de Cantaura en octubre de 1982 lo había desenmascarado. Aquí lo vemos junto a la extrema derecha fascista venezolana.

La base de la pirámide enemiga está llena de personajes ínfimos que se arrastran por los senderos más abyectos de la política inmoral y, con gran habilidad, logran insertarse en las esferas del poder y ocupar cargos importantes desde donde, algunos logran hacerse de buenos porcentajes en transacciones presupuestarias como es el caso de Cadivi, Pequiven, el Fondo Chino o los alimentos; y otros pactan con poderosos enemigos de la Patria. Gabriel Puerta intentó en 1992 infiltrarse en las filas bolivarianas, pero ya su vil participación en la masacre de Cantaura en octubre de 1982 lo había desenmascarado. Douglas Bravo, enfermo de protagonismo y envidia, quería tener el papel que asumió Chávez. La lista de traidores es larga: Jesús Urdaneta Hernández, Clíver Alcalá, Alfredo Peña, Manuel Antonio Rosendo, Raúl Salazar, Luis Miquilena, Luis Alfonzo Dávila, Carlos Genatios, Andrés Velásquez, Rafael Isea, Raúl Isaías Baduel, Guaicaipuro Lameda, Ismael García, Hebert García Plaza, Luis Fuenmayor Toro, Juancarlos Depablos Contreras, Pastora Medina, Henry Falcón, Luis Felipe Acosta Carlés, Oscar Battaglini, Luis Velásquez Alvaray, José Albornoz, Nicmer Evans, Manuel Barroso, Ángela Zago, Hiram Gavidia, Eduardo Manuit, Roland Denis, Ernesto Alvarenga, Pablo Medina, Luis Gallardo, Alejandro Andrade, Víctor Álvarez, Javier Elías Briceño Scott, Gilberto Díaz Marchán, Gladys Nubia Parada Mendoza, Leamsy Salazar, Ruperto Sánchez, Eulogio del Pino y Rafael Ramírez, entre muchísimos más.

¡Alerta, pueblo!

Razón tenía Simón Rodríguez cuando explicaba que hay hombres que no advierten que “engañar porque conviene es creer que conviene engañar y que acostumbrados a traicionar su conciencia, acaban engañándose a sí mismos”. ¡Ya basta!, no podemos seguir abrigando la “piadosa doctrina” de la que hablaba el Libertador cuando analizaba que “a cada conspiración sucedía un perdón, y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar”. Si seguimos con esta “clemencia criminal” contribuiremos “más que nada a derribar la máquina que todavía no hemos enteramente concluido”.

Estemos atentas y atentos con la base de esta pirámide enemiga. En ella pululan hombres y mujeres de pequeña estatura moral que se incomodan al lado de personas que brillan con luz propia. Vean siempre los ojos. Los enemigos evitan estar frente a frente. Son esquivos cuando se les confrontan. Si hacemos un análisis retrospectivo fotográfico veremos que cuando Pinochet estaba con Allende ocultaba su mirada con anteojos oscuros. Estos enemigos son seres de las sombras que escarban su ocasión en medio de la mediocridad porque allí nadie los opaca. Aunque son espíritus menores debemos concienciar que son siniestros por su duplicidad y por la perseverancia a la que se aferran para lograr sus lóbregos objetivos.

 

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