La ilusión de un golpe que no fue

Los dos terroristas que lideran el grupúsculo fascista voluntad (im)popular, Juan Guai-dog y el terrorista asesino Leopoldo López, no pueden tener un expresión más patética y preocupada ante el derrumbe del golpe de Estado del martes 30 de abril, convocado por el presidente gringo, Trump, pero que no tienen fuerza política ni capacidad de movilización.

Miguel Ugas

Especial del autor para la Revista Caracola

En la madrugada del martes 30 de abril los habitantes de la zona metropolitana de Caracas fuimos sorprendidos con la noticia de que un grupo de militares y civiles se había atrincherado en la autopista Francisco Fajardo, en el distribuidor Altamira, a la altura de la Base Militar de La Carlota, exigiendo el cese de la usurpación que, según sectores de la oposición, viene ejerciendo ilegalmente Nicolás Maduro desde el 10 de enero del presente año.

Estrategia a tres fases

En los primeros videos que se difundieron registrando la acción insurreccional aparecían al frente de la misma, Leopoldo López, quien se había evadido de su casa de habitación en la que estaba confinado cumpliendo la pena dictada por Tribunales de la República  motivada a su activa participación en los sucesos del 2014, conocidos como La Salida, en la que se produjeron  43 personas fallecidas y centenares de heridos; y Juan Guaidó, autoproclamado, el 23 de enero pasado, “presidente interino de la República”, quien, desde esa fecha, al no tener incidencia en ninguna parte del territorio nacional ni en sus instituciones, ha venido fungiendo el cargo con vacuos resultados a lo interno del país, pero con gravísimas consecuencias para los intereses nacionales dada su sujeción e identidad ante las medidas injerencistas de cerco, boicot y sanciones que el imperialismo estadounidense y gobiernos acólitos de la región y de algunos países europeos han emprendido en contra de la nación venezolana.

En declaraciones a los medios estos personajes, dirigentes de la organización política Voluntad Popular, declararon que se estaba dando inicio a la primera fase de la  “Operación Libertad”, signada por el ya señalado cese de la usurpación, que daría paso a las otras dos fases que serían las de un gobierno de transición y de elecciones libres consiguientemente.

Evidentemente que para la concreción de la primera fase, caída del gobierno, se requería, por una parte, que el impacto del hecho fuese tal que conmovería a la sociedad venezolana logrando que la masa opositora se volcara a las calles no más al enterarse que estos dos dirigentes estaban emprendiendo una acción de esta envergadura y, por otra parte, influenciar sobre significativos contingentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de manera de contraponer una fuerza militar equiparada a la que  se identifica y reconoce a Nicolás Maduro como presidente constitucional de Venezuela.

Pobre demostración

Hicieron desde tempranas horas agónicos llamados para que el pueblo se incorporara a la acción insurreccional, contando como siempre con el dispositivo mediático que siempre han tenido a su favor e intentando hacer ver que tenían tomada la base aérea militar de La Carlota, como señal indicativa de la fuerza con que contaban. Ninguno de estos supuestos lo alcanzaron aunque sí lograron montar el tinglado guarimbérico que disponen para estas ocasiones.

Los pocos efectivos militares, unos 80, desplegados para esta aventura en su mayoría, fueron llevados allí bajo engaño de manera que a la primera oportunidad se desligaron de la “operación” y la presencia civil fue notoriamente más escuálida que en otras ocasiones en que se han movilizado ampliamente. Es decir, fue una pobre demostración de la capacidad de convocatoria tanto en el ámbito civil como en el militar de quienes la promovieron.

Por tanto, ya al término de la mañana, se hizo más que evidente el fracaso de esta intentona. Leopoldo López no tuvo más opción que buscar refugio en una embajada, primero en la de Chile y finalmente en la de España, Guaidó se enclaustró en su oficina y los militares promotores de la escaramuza salieron unos a buscar asilo en la embajada de Brasil y otros a esconderse tratando de evitar la acción que ahora le corresponde desarrollar a los cuerpos policiales y  órganos jurisdiccionales.

Liderazgo sobredimensionado

Haciendo un balance inicial del complot de esta  oposición ultra radical y de los cabecillas militares se puede extraer que simplemente sobredimensionaron su capacidad de influencia en el seno del pueblo opositor considerando que bastaba su sola aparición al frente de un movimiento de esta naturaleza para que este se volcara a las calles a manifestar su adhesión militante y, menos aún, en ese sector del pueblo que no toma partido frente a las opciones existentes pero que no se gana a brindar apoyo a quienes cada vez atentan contra la paz social y demuestran una lacaya sujeción a potencias extranjeras.

En esto se denota no más que la ilusión de un liderazgo que en absoluto se corresponde con la capacidad de interpretar el sentir de una base social que si bien opositora o distante a la revolución bolivariana no se siente interpretada por una dirigencia incapaz de presentar un definido proyecto de país alternativo.

“Idea deliroide”

Estuvimos expuestos a la ilusión de un golpe de Estado orquestado por unos dirigentes cada vez más disminuidos que, como Guaidó, tiene el tupé de declarar que no fue un golpe de estado sino que más bien este si sobrevendría si lo meten preso a él que es el presidente del país. Por eso decimos que estamos ante la ilusión de un golpe de estado que no fue y que según sus promotores ¡abrase visto! se estaría dando cuando la acción inevitable de la justicia comience a hacerse sentir.

Esta declaración de Guaidó y la expresión de delirio que refleja el rostro de Leopoldo López, en las fotos de esa madrugada, no son más que reflejo de lo que en psiquiatría es conocido como “idea deliroide” que “exagera en la mente aquello que nos  impide razonar correctamente”.

Pues bien, de “idea deliroide”, para consuelo de Guaidó y López, deben también padecer sus ductores imperialistas al estimularlos a dar un salto en el vacío en la creencia de que basta la aplicación del boicot y de las medidas económicas, financieras, mediáticas, psicológicas, etc., que criminalmente vienen ejecutando en contra de la nación y pueblo venezolano para que este se doblegue a sus designios. Un claro mentís a esta percepción fueron las espontáneas, masivas y militantes manifestaciones de apoyo popular al gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

*miguelugas@gmail.com

 

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