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Karl Marx (1818-2018) Bicentenario del fantasma rodrigueano que recorre Europa

El Manifiesto del Partido Comunista, obra fundamental elaborada por Carlos Marx y Federico Engels donde puede decirse está resumida la teoría del socialismo científico, el análisis de las clases sociales y la demostración que la clase trabajadora, el proletariado es la única clase en capacidad de fracturar el poder burgués y el capitalismo porque no tiene nada que perder, sólo las cadenas de la explotación.

Alí Ramón Rojas Olaya

Exclusivo para la Revista Caracola

Celebraciones

El año pasado celebramos el centenario de la Revolución Bolchevique y los 150 años de la publicación del primer volumen de El capital de Karl Marx. En este año el mundo celebra el bicentenario del nacimiento de este filósofo alemán así como los 175 años de la publicación de sus obras Crítica de la filosofía del derecho de Hegel y Sobre la cuestión judía, y los 170 años de la primera edición del Manifiesto Comunista escrito conjuntamente con Friedrich Engels. 2019 será el año en que celebremos los 20 años de la Revolución Bolivariana, la primera del siglo XXI y los 250 años del nacimiento de Simón Rodríguez, raíz fundamental de aquella y a quien el Libertador sigue llamando El hombre más extraordinario del mundo.

Datos comparados

El 28 de octubre de 1769 nace Simón Rodríguez en Caracas, provincia de Venezuela, Reino de España. El 5 de mayo de 1818 nace Karl Marx en Tréveris (Trier), Renania, Reino de Prusia. Rodríguez es expósito, es decir, fue abandonado al nacer. Lo acogen Alejandro Carreño y Rosalía Rodríguez. Los padres de Karl son Heinrich Marx y Henriette Presburg. Rodríguez escribe su primer libro, Reflexiones sobre los defectos que vician la Escuela de Primeras Letras en Caracas y medios para lograr su reforma por un Nuevo Establecimiento, en 1794 a la edad de 24 años. Marx a los 18 años escribe su primer trabajo, la comedia inconclusa Escorpión y Félix (1837). Rodríguez no puede estudiar en la Real y Pontificia Universidad de Caracas por ser expósito. Marx se gradúa de doctor en filosofía en 1841 en la Universidad Humboldt de Berlín con la tesis Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro. Rodríguez se casa a los 24 años (1793) con María de los Santos Ronco en la parroquia de Altagracia de Caracas (En la Catedral sólo se casaban los mantuanos). Más tarde se casará con la boliviana aimara Manuela Gómez. Marx se casa con Jenny von Westphalen en 1843 a los 25 años. Rodríguez se exilia 26 años en Jamaica, Estados Unidos y Europa entre 1797 y 1823, por participar junto a Joaquina Sánchez, Manuel Gual, José María España, Isabel Gómez (madre de Manuel Piar) y Juan Bautista Picornell, entre otras personalidades, en la Insurrección de La Guaira, “Cuna de la Revolución Americana” como la llama Arístides Rojas. Marx se exilió en Bruselas en 1845 y en 1849 en Londres. En la ciudad belga se convirtió en una figura clave de la Liga de los Comunistas. En la capital inglesa propone la Primera Internacional Socialista. El venezolano publica a los 59 años su obra capital, Sociedades americanas, en 1828; el alemán a los 49 años publica el volumen uno de El capital. Rodríguez publica su obra en Caracas, Guayaquil, Puno, Chuquisaca, Cochabamba, Oruro, Arequipa, Lima, Concepción, Trilaleubu, Monteblanco, Tucapel, Valparaíso, Latacunga, Túquerres, Bogotá y Guayaquil, es decir, en la periferia epistémica. Marx publica en Berlín, Londres, París, Nueva York, léase, en el centro epistémico. Rodríguez muere en Amotape, Perú, el 28 de febrero de 1854 a los 84 años. Marx muere en Londres el 14 de marzo de 1883 a los 64 años.

El rol de los filósofos

En la tesis once sobre Feuerbach (1845), Marx escribe: “los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Esta transformación caracteriza toda la praxis rodrigueana. En Sociedades americanas (1828), Rodríguez escribe: “algunos filósofos (de los pocos que gustan aplicarse a hacer lo que aconsejan) asociándose a gente emprendedora, empezaron hace poco un camino nuevo sobre planes en parte dados, en parte propios. Apenas han podido abrirse paso por entre breñas—han avanzado poco—y la gente empieza a desmayar”. En Luces y virtudes sociales (1840), Rodríguez dice: “sólo los filósofos saben anteponer el mérito de las cosas a sus gustos, a sus afectos y a sus pasiones porque su genio es la exactitud”. En Crítica de las providencias del gobierno (1843), Rodríguez afirma “Filosofía es amar a la sabiduría. Es conocer las cosas y conocernos, para reglar nuestra conducta por las leyes de la naturaleza”. Desde una posición topofílica (amor al terruño), explica que “la Filosofía no intenta despojar, de sus propiedades, a los actuales poseedores (sean cuales fueren sus títulos) —pretende sí, asignar a los nativos, una parte de los Campos Baldíos; que los Congresos [por error disculpable] ofrecen, de preferencia, a hombres situados a mil y más leguas de distancias”, razón por la cual “los filósofos saben que los hombres condenados a la miseria, por la casualidad del nacimiento, son instrumentos de desorden, por necesidad. En esos Campos desiertos extendería el desgraciado, la Esfera de actividad que sus necesidades le trazaran [esfera reducida en el día… con muy corta diferencia… a la que se concede a una planta] y contento con su propiedad la poseería, sin pensar jamás [si se le enseñaba a vivir socialmente] en usurpar la de un vecino que conocería, tan bien como él, el derecho con que poseía”.

La crítica

Alí Rojas Olaya traza un audaz paralelismo entre Carlos Marx y Simón Rodríguez, la teosría del socialismo científico y el pensamiento libertario del maestro del Libertador.

Para Marx “el arma de la crítica no puede reemplazar la crítica de las armas”. Para Rodríguez “el alma de la sociedad es la crítica”. En Crítica de las providencias del gobierno escribe: el gobierno debe estar persuadido “de que sólo quien tenga ideas sociales y diccionario social, entenderá bien la Crítica de sus Providencias”. Más adelante explica el por qué escribió este tratado: “¡Como hombre! no como peruano escribo sobre la sociedad: esta está donde hay hombres reunidos: cada hombre es individuo del género y el que se interesa por el bien de todos es miembro nato del Congreso universal, sin más elección que la de su voluntad: el deber que se impone prueba amor a sus semejantes, y el esmero con que lo desempeña hace honor a sus sentimientos”.

                                                          Valor de uso y valor de cambio

El valor de uso es la capacidad de un objeto para satisfacer necesidades humanas. Sólo toma cuerpo cuando el objeto presta utilidad en el momento del consumo. Marx afirma que el valor de uso de un objeto es la materialidad del mismo. El valor de cambio es una medida cuantitativa determinada por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. Para Marx el valor de cambio es tan solo la “forma fenomenal” bajo la cual se oculta el valor mismo. Para Rodríguez los tributos o “arbitrios deben tomarse sobre el empleo de las fuerzas, no sobre el valor de las cosas, porque las cosas no valen sino por las fuerzas que se emplean en ellas, para hacerlas producir”.

División social del trabajo

La insistencia de Marx y Engels en la necesidad de que el trabajo intelectual (educación) y el trabajo material (productividad) no estén divorciados se sustenta dentro de la crítica general que ambos hacen a la división del trabajo porque ésta se convierte en verdadera división desde el momento en que se separa el trabajo mental y material y el fruto de la división del trabajo es la persona unilateral, que sólo sirve mientras se le mantiene enclaustrado en la parcela donde labora. Para Rodríguez, en Extracto sucinto de la obra “Educación Republicana” (1849), “la división de trabajos, en la confección de las obras, embrutece a los obreros, y si por tener tijeras superfinas y baratas hemos de reducir al estado de máquinas a los que las hacen, más valdría cortarnos las uñas con los dientes”. En Consejos de Amigo dados al Colegio de Latacunga (1845) expresa “ni fuerzas ni tiempo alcanzan, al pobre obrero, para ganarse el pan”.

Socialismo

La lectura de ‘El Capital’, obra cumbre de Carlos Marx, donde analiza profundamente la estructura del capitalismo, descubre las leyes que lo rigen y pone al desnudo su hipocresía y perversión como modelo de explotación de una minoría capitalista sobre la inmensa masa trabajadora.

El socialismo científico es la doctrina de Marx y Engels que señala que el socialismo es un estadio entre el capitalismo y el comunismo. Para ellos se “sustituye la propiedad privada de los medios de producción por la de los medios de producción por la propiedad colectiva, instaura la dictadura del proletariado para poder realizar esta tarea y lanza las bases para una sociedad superior basada en la abundancia, la igualdad social y el pleno desarrollo del individuo”. Rodríguez habla de la Causa Social. “Nada importa tanto como el tener Pueblo: formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonan por la causa social”, dice en 1828. Simón Rodríguez hizo de la educación popular una herramienta eficaz para el vínculo entre saber y trabajo como concepción liberadora. Saber cosas útiles y hacer del pueblo un propietario. Para ello propone un proyecto de ley en el que expone que “solo al gobierno toca dirigir los establecimientos Industriales que se hagan en el territorio porque solo él debe considerar las conveniencias económicas, civiles, morales y políticas de la Industria, y la condición de los territorios productores”. Rodríguez nos pide “Venzan la repugnancia a asociarse para emprender y el temor de aconsejarse para proceder. Formen sociedades económicas que establezcan Escuelas de agricultura y maestranzas que designen el número de aprendices y hagan reglamentos, para que los maestros no hagan de sus discípulos sirvientes domésticos y para que no consientan que el comercio asalarie por su cuenta a los obreros para reducirlos a la condición de esclavos”. En carta que le escribe a Anselmo Pineda (1847) se sintetiza su acción revolucionaria: “Ni los discípulos sabían aprender, ni los obreros trabajar. Estos, con la herramienta de San José, y yo, supliendo con algunos instrumentos que conservo, por curiosidad, hemos hecho, no una obra, sino un milagro”.

Recorrer el espacio inmenso

Rodríguez y Marx son los dos intelectuales más importantes del siglo XIX. Sus vidas coincidieron entre 1818 y 1854, es decir, 36 años. Sus legados son faro para la humanidad. “Entre la Independencia y la Libertad hay un espacio inmenso que sólo con arte se puede recorrer”, dice Rodríguez en 1830 en la Defensa de Bolívar. “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”, dicen Marx y Engels en 1848 en el Manifiesto Comunista. La obra del caraqueño y del rodrigueano Marx sigue recorriendo en las conciencias de los campesinos, creadores y proletarios del mundo el espacio inmenso que nos separa del Estado Comunal.

 

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