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EN RELACION AL IV CONGRESO DEL PSUV

Nicolás Maduro ondea la bandera del Psuv rumbo al 4º Congreso.
Otto Vandervel, colaborador permanente de la Revista Caracola, analiza en profundidad el 4º Congreso del Psuv y hacwe constructivos señalamientos críticos para el debate político.

Otto Van der Velde Q.

Exclusivo del autor para la Revista Caracola

El partido socialista unido de Venezuela, partido de gobierno, se apresta para su IV Congreso. Nosotros como militantes del socialismo científico que apunta al comunismo, necesitamos debatir, en torno a estos temas del socialismo, con los militantes de dicho Partido, que, a su vez, se declaran socialista democrático del siglo 21. Es obvio que hablamos del IV Congreso no de cualquier partido sino del partido <socialista> del gobierno bolivariano.

En esos términos planteamos un primer punto en cuanto a la caracterización del partido socialista: las tareas de un partido de gobierno que se declara antimperialista y socialista son centrales respecto al Estado, sobre todo si éste habla de revolución. Al parecer el partido bolivariano no ha entendido bien este principio, que no sólo es un fundamento teórico del marxismo, sino corroborado por el ejercicio partidista en todas las revoluciones triunfantes históricamente y no hablamos solamente de las revoluciones socialistas, el concepto incluye las revoluciones democrático-burguesas en la Francia revolucionaria de 1879, como de la lucha parlamentarista del siglo XVI en  Inglaterra contra el absolutismo y el papel de los partidos en las revoluciones burguesas, ya de los jacobinos, girondinos o parlamentaristas seguidores de Oliver Cromwell, incluso la de los partidos socialdemócratas, antes de la bancarrota de la social democracia de 1914, claramente caracterizada por Lenin.

En Venezuela ese papel central partidista a nivel del Estado no ha sido estelar. Como dicen algunos pesuvistas de la base este no <ha sido hasta ahora más que una maquinaria electoral>, eficiente sí, pero no suficiente para una tarea tan compleja como es la meta socialista de Venezuela; meta difícil de alcanzar ganando solamente elecciones o marchando alegre y triunfalmente en la avenida Bolívar. Las movilizaciones y las campañas electorales -en las que han contribuido notablemente los partidos marxistas leninistas de la coalición bolivariana- no por destacadas son decisivas en la construcción socialista.

Podríamos decir entonces que el partido –se entiende que la referencia es al partido de clase puesto que de socialismo hablamos– conforma el alma de la revolución. Este es una constante general de la lucha de clases no una particularidad revolucionaria de tal o cual país; lo es, independientemente de la heterogeneidad partidista y social de cualquier proceso revolucionario. Los camaradas cubanos y mucho antes los bolcheviques en Rusia, sentaron muy bien la importancia del partido revolucionario en el proceso real de transformación histórica, demostrando, que para alcanzar el socialismo y a despecho de los liberales y reformistas, el partido revolucionario constituye la columna vertebral político-organizativa de toda medida socialista y antimperialista que busque un cambio estructural de la sociedad. Es decir, la organización política del proletariado es una condición básica en la orientación y conducción de las masas organizadas en revolución.

Se trata de una imbricación histórica entre partido-masa-revolución, respaldada incluso con el ejemplo personal de los cuadros y militantes de la organización determinada en todas las tareas revolucionarias. Valga señalar en nuestro caso la respuesta del <partido de masas> al boicot de la burguesía; la requisa y prisión de los acaparadores; el desenmascaramiento de los demagogos, charlatanes, corruptos, mentirosos y burócratas que trafican con la revolución; el combate a fondo de la guerra inflacionaria; las peleas contra el lumpen bachaquero; la tara del severo cumplimiento de la congelación de precios y el control de cambio que alienta la fuga de divisas; por las expropiaciones contra los monopolios capitalistas acantonados en FEDECAMARAS-VENAMCHAM, donde se fijan los precios especulativos que estrangulan las medidas sociales y matan de hambre al pueblo.

El partido de gobierno deberá ser la primera línea de combate contra eso y el terrorismo paramilitar. En fin, el Partido como centro de la revolución nacionalista que recoge millones de votos y que además lo hace en nombre del socialismo, no deberá ser otra cosa que el poder popular en función concreta. Hasta ahora, no ha sido esta la historia del partido de gobierno en Venezuela, que en general agota sus energías no en consolidar la dirección política-organizativa y educadora del proceso revolucionario venezolano, sino haciendo el papel de una conserjería reivindicativa de zona que se desgasta en pequeñeces parroquiales, maniobrillas y comidillas, reuniones kilométricas sin resultado y peleas sectarias de grupos.

La revolución no es un asunto voluntarista. La voluntad revolucionaria cuenta y mucho, pero no el voluntarismo. Hay causas de fondo que explican estos errores. La constitución del PSUV como partido poli-clasista o partido electoralista de masas, sin definir en concreto a qué clase apunta fundamentalmente su estrategia política, es un primer error por disolución de objetivos políticos a largo alcance del Partido, que termina pragmáticamente en partido de manos alzadas o clientelar. No basta simplificar el programa de lucha en una declaración abstracta y común como, por ejemplo, la consigna de moda en <defensa del pueblo> o <el partido del pueblo> etc. El socialismo tiene destinatarios específicos históricamente, el proletariado del campo y la ciudad, que es un significado concreto en cuanto al concepto <pueblo>.

Precisamente, ese objetivo se recoge en el programa político del Partido de gobierno. Los papeles y resoluciones aprobadas en el III Congreso, pero olvidadas en las líneas del PSUV, ha sido otra fuente de errores importantes que tienen que ver con el papel del Partido dentro del proceso. Tales conclusiones no pasaron a ser tareas del PSUV, Entre esas resoluciones pasadas y no cumplidas, destacan las referidas al Modelo Productivo de Transición al socialismo (parte 20.1) y la Superación del Capitalismo (ibidem), que dicen: “Sólo es posible avanzar en la eliminación del capitalismo si se eliminan las relaciones sociales de producción basadas en la explotación del trabajo ajeno y por consiguiente si se eliminan los procesos de acumulación privadas del capital basados en la ganancia producidas por la explotación del trabajo”, principio que determinó directamente el subtítulo aprobado en el evento, “Las formas de Propiedad, del que leemos el mandato siguiente: “Eliminación de propiedad privada monopólica nacional y extranjera sobre los medios de producción, especialmente las esenciales…” (sic. p.21, Edición III Congreso PSUV).

Como hemos dicho muchas veces en nuestros documentos del Partido (Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) esta medida político-económica es fundamental para el control estratégico de la economía en materia de precios y otros aspectos relacionados, que se forman a nivel del capital monopolista y del propio Estado, casos del abastecimiento, la circulación de mercancías en todo el territorio e incluso de la llamada “guerra económica” capitalista. Constitucionalmente es un mandato del artículo 113 de la Constitución Bolivariana de Venezuela que viene huérfano desde el artículo 97 de la vieja Constitución del 61.

Seguramente, como en todo Congreso poli-clasista, en este IV Congreso aflorarán las contradicciones y corrientes internas del Partido. Esto es saludable para la crítica, autocrítica y saneamiento del PSUV. Los verdaderos sectores socialistas dentro del Partido tendrán que dar una dura batalla ideológica y de organización contra los grupos reformistas y oportunistas que pugnaran por corregir o eliminar las resoluciones avanzadas del III Congreso e imponer el espíritu burocrático de grupo, los mandatos a dedo, la disolución de la autonomía del Partido y los planes neoliberales de privatización, amén de otras líneas superadas por el curso de las luchas políticas de clase en Venezuela. La defensa de las importantes resoluciones vistas del III Congreso, constituirán pues, la gran tarea del IV Congreso del PSUV de la que todo el movimiento revolucionario venezolano y latinoamericano estará pendiente.

 

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