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¿“EMERGENCIA NACIONAL”, CARAVANA HACIA LA MUERTE O TRIUNFO DE LA DIGNIDAD HONDUREÑA?

La decisión de miles de familias hondureñas de buscar un mejor estatus de vida para ellos y sus familias, creen que lo encontrarán en los Estados Unidos, “el país más rico del mundo”.

Trincheras de Ideas

Humberto Gómez García

El fascista presidente norteamericano Donald Trump ha proclamado de manera tajante y autoritaria, como era de esperar, que la voluminosa marcha de los pobres provenientes de Honduras, que camina decidida, a paso de vencedores, hacia el Sur de los Estados Unidos y hacia el Norte de México, para traspasar la frontera, constituye una “emergencia nacional” para la nación del norte, poniendo de relieve el desprecio que a los pobres –más si son latinos– le tiene la oligarquía norteamericana y su clase política dominante, en este caso el supremacista, racista, xenófobo y ultra conservador gobernante norteamericano. Pero obviamente eso que el presidente gringo llama “emergencia nacional” es una especie de alerta amarilla para el uso de la fuerza no sólo policial fronteriza sino del mismísimo Ejército al que tiene preparado en zafarrancho de combate para un desigual enfrentamiento. La alerta roja suponemos es el uso de la fuerza brutal como acostumbran hacerlo los gobernantes norteamericanos contra los pobres, sean de su propio país o de otras naciones.

Por si alguna duda cabe de la decisión trumnesca de aplicar ‘manu militari’ a los marchistas, es decir, reprimirlos a bombazo lacrimógeno limpio, plan de machete y balas disparadas al aire… de los pulmones de la multitud hondureña. Tiene lista la artillería, la aviación, las bombas inteligentes, los grupos mercenarios para enfrentar aquel peligrosísimo contingente que amenaza con convertir en una marea humana. Un desastroso manejo mediático por parte del gobierno yanqui.

La arremetida chantajista contra los gobiernos de Honduras, Guatemala y El Salvador –México se salva de ser metido en esa lista, ¡porque es México!, un país poderoso– al que no puede –sólo en este caso– aplicarle la misma dosis que a pequeños países cuyos gobiernos no quieren hacer el trabajo sucio, es decir, reprimir y contener a los marchistas. “Que los jodan los gringos, nosotros nos lavamos las manos como Pilatos, dijeron los presidentes”. Tampoco el infame presidente Peña Nieto quiere manchar aún más, si eso es posible, sus manos de sangre inocente. Con los ciento cincuenta mil mexicanos desaparecidos y asesinados durante su infeliz y entreguista mandato, tiene suficiente para irse –¿tranquilo?– a disfrutar los millones robados, cuando le entregue en diciembre al nuevo presidente. Esos cinco o diez mil marchistas son una verdadera bomba de tiempo y por eso no los toca; y Trump se quejó por ello: “Tristemente, parece que la Policía y el Ejército de México son incapaces de detener la Caravana que se dirige a la Frontera Sur de Estados Unidos”, escribió en un twitter, pero nada dijo de quitarle la “ayuda”.

Tronó Trump que le quitaría “la ayuda” –¿limosna?– que Norteamérica les da a los gobernantes de esos países, lo que, por cierto, produjo un irónico comentario en uno de los marchista: “¿Cuál ayuda, si Norteamérica no nos da ni agua. Se la dará a los ricos de Honduras que se la roban, porque ni trabajo ni comida nos dan, por eso esta marcha”.

El periodista hondureño Bartolo Fuentes, activista de la izquierda de ese país, es señalado por el gobierno dictatorial de Honduras como el organizador y promotor de la marcha de casi diez mil hondureños hacia la frontera Sur de los Estados Unidos. Él lo niega, pero como periodista ha venido cubriendo parte de la gigantesca marcha.

Y la marcha sigue avanti, sin detenerse, contra viento y marea –y esto no es una metáfora–, que aquella valiente masa de trabajadores, acompañados con sus mujeres, hijas, niños tiene como objetivo llegar a suelo norteamericano, –¿lo que creen ciertamente es ‘La tierra prometida’?–, a conseguir trabajo, comida, salud y techo, lo que no consiguen en el empobrecido y diezmado país centroamericano, base militar gringa y negador de cualquier vestigio de democracia, con un descomunal fraude electoral hace unos meses que le negó al pueblo tener un presidente con el cual se identificaban.

Hay que analizar con detenimiento no sólo la marcha, ya de por sí de una enorme fuerza, decisión y fortaleza, que como movimiento social marca un hito en nuestro continente, con fuertes componentes políticos. En el plano subjetivo es la creencia de aquellos hombres y mujeres valientes que en los Estados Unidos van a encontrar lo básico que en su país natal, Honduras, no tienen: trabajo, alimentación, vivienda, salud, educación para sus hijos. Esa imagen fantasiosa del modo de vida (way of life) norteamericano, donde un individuo puede hacerse rico trabajando y pamplinas parecidas que pasa por alto que en esa nación hay en estos momentos más de 40 millones de pobres, es decir, que allí también hay pobreza y miseria. Con gobernantes racistas que desprecian al trabajador, mucho más si es latinoamericano, negro, asiático o árabe. Que en estos momentos más de cinco mil niños de padres inmigrantes están separados de sus progenitores y viven en jaulas como animales, expuestos a cualquier cosa, desde crearles profundas crisis emocionales y psicológicas, incluso ser violados o violadas por custodios, contraer enfermedades, sin ningún derecho civil pese a que muchos de esos niños nacieron en Norteamérica.

Evidentemente Trump no razona con sensatez sino con soberbia y prepotencia. Su lenguaje es la amenaza y la fuerza bruta. Amenazó a los gobiernos –dos de ellos aliados suyos como Honduras, donde tienen varias bases militares, y Guatemala–. Ahora amenaza con reprimir a los marchistas hondureños a plomo limpio si tocan la frontera mexicano/norteamericana. ¿Se producirá un choque entre los hondureños, desarmados, reprimirá en verdad a tanta gente con el Ejército y la policía, donde pueden haber muertos y heridos, presos, lesionados, o flexibilizará su posición después del desplante, las amenazas y la boconería mediática y amarillista, y le dará paso a lo humano, abrirá la frontera y “negociará” con los marchistas que sólo quieren comida y trabajo?

¿Cargará Trump con el peso de un asesinato masivo, de un genocidio al reprimir a una masa valiente pero quizás creída, ingenua o ideológicamente manipulados, la masa que en verdad cree que llegan al único lugar donde pueden mejorar sus vidas, “la tierra prometida”? ¿Pudiera afirmarse que ese pueblo humilde marcha hacia la muerte por un encontronazo totalmente desigual con una fuerza militar super armada?

Si ello llegara a ocurrir sus efectos políticos y sociales, en primer lugar en Honduras, Centro América y en los propios Estados Unidos, serán enormes. América Latina y el Caribe vive un período de inestabilidad política, el tratamiento adecuado a la llegada de los trabajadores y trabajadoras hondureños, puede –si Trump y su gobierno lo entendieran así– bajar las tensiones.

Un componente digamos que nuevo de todo este proceso donde una masa importante de hondureños decidió llegar a los Estados Unidos del Norte, es el rocambolesco señalamiento del dictadorzuelo hondureño, que llegó a ese alto cargo producto de un fraude electoral, de hacer la paladina y temeraria afirmación que el gobierno revolucionario venezolano fue quién financió y organizó la marcha del pueblo hondureño hacia los Estados Unidos. Por si fuera poco el sainete del falso presidente hondureño, el secretario de Estados Unidos, Mike Pompeo, asumió como cierto lo dicho por el hondureño y su falso positivo y atacó ferozmente al gobierno venezolano.

Parte de la ruta del recorrido que han hecho los trabajadores hondureños y sus familias, que salieron de la ciudad de San Pedro Sula.

Una cosa es clara. Un gobierno revolucionario como el venezolano y un Presidente de vanguardia como Nicolás Maduro, por razones de principios, de identidad clasista, de ética revolucionaria, no puede menos que hacerse solidario con la lucha por la vida, por elementales derechos humanos que buscan los marchistas hondureños, que su gobierno y la burguesía hondureña les niega, lucha encabezada por la hoy vanguardia del pueblo hondureño en lucha en su heroica marcha por la vida. Campesinos, obreros, mujeres, niños, adultos mayores que están dando en estos momentos una lección política de valentía y dignidad. Ellos no necesitan que los organicen, que los financien para emprender su lucha por derechos elementales. Como clases humildes saben cómo organizarse, cuentan con valor y se auto financian con sus propios recursos y con la solidaridad de los pueblos y sectores humildes de El Salvador, Guatemala, México como puede apreciarse claramente en los videos. Eso no lo van a entender nunca los burgueses y oligarquías.

Hay que seguir apoyando a los marchistas hondureños en la lucha por sus objetivos y prepararse para lo que pueda hacer contra ellos el gobierno norteamericano. Hay que movilizar a los pueblos de América y el mundo, a los trabajadores para contener una eventual y anunciada masacre. Salirse al paso al discurso belicista, racista y anti inmigrante de Donald Trump. Movilizar a los pueblos del mundo y detener la mano asesina del gobierno y el Estado norteamericano. (26/10/18) (humbertocaracola@gmail.com) (@hgcaracola) (revistacaracola.com.ve) (Miembro de la Unión Nacional de Medios Alternativos y Comunitarios Impresos –UNAMACI–)

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