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EL ASESINATO DE RUIZ PINEDA: DELATOR: DAVID MORALES BELLO, BENEFICIARIO: RÓMULO BETANCOURT

Leonardo Ruíz Pineda, secretario general de AD en la clandestinidad durante la dictadura de Pérez Jiménez, se enfrentó a Rómulo Betancourt por sus posiciones derechistas y pro norteamericanas. Su muerte, 55 años después, todavía es uno de los misterios políticos que ocultó la Cuarta República, sobre todo AD.
El escritor y profesor universitario Humberto Gómez García da a conocer su investigación del período de nuestra historia contemporánea referente al año 1952 y las luchas antiperejimeniztas de AD y el PCV. En el trabajo que hoy da a conocer la Revista Caracola, hace énfasis en los enfrentamientos de aquel período en el seno del campo político, más concretamente con las contradicciones existentes entre los líderes adecos Rómulo Betancourt y Leonardo Ruíz Pineda, dentro de todo aquel acontecer está el asesinato de Leonardo Ruíz Pineda que se imbrica en aquella conflictividad como lo demuestra el estudio.

INVESTIGACIÓN HISTÓRICA: VENEZUELA CONTEMPORÁNEA LA GESTA PERDIDA. 20 AÑOS DE POLITICA. 1948/1968

Tesis de Grado para optar al título de Licenciado en Educación, Universidad Nacional Experimental ‘Simón Rodríguez’, CEPAP. 2008.

Humberto Gómez García

CAPITULO III

ACCIÓN DEMOCRÁTICA: LA RESISTENCIA CONTRA MPJ, ERRORES POLÍTICOS. MÁRTIRES Y TRAIDORES. LOS ANTAGONISMOS POLÍTICOS ENTRE RÓMULO BETANCOURT Y LEONARDO RUIZ PINEDA: EXPRESIÓN DE CONCEPCIONES POLÍTICAS DIFERENTES. EL ASESINATO DE LRP: ¿UNA DUDA PARA LA HISTORIA? EL INGRESO DE AD A LA JUNTA PATRIÓTICA EN AGOSTO DE 1957, DERROTA DE LAS POSICIONES BETANCOURISTAS. NACE LA IZQUIERDA DE AD Y EL FUTURO MIR.

LOS ANTAGONISMOS POLÍTICOS EN SENO DE AD Y SU MANIFESTACIÓN ENTRE RÓMULO BETANCOURT Y LEONARDO RUIZ PINEDA: EXPRESIÓN DE CONCEPCIONES POLÍTICAS DIFERENTES SOBRE EL PROBLEMA DEL PODER

Atrás han quedado, para el dictamen de la historia, las agudas contradicciones entre el líder de AD, Leonardo Ruiz Pineda, y el expresidente Betancourt; conflictos que a la vez que expresan concepciones diferentes sobre el desarrollo de las políticas y las tácticas a seguir para enfrentar la dictadura del Coronel Marcos Pérez Jiménez, dichas contradicciones se reflejarán en los choques internos en el seno de la dirección de AD, los graves errores políticos cometidos entonces y los enfrentamientos entre las tendencias conciliadoras, anti comunistas y pro imperialistas encabezadas por Rómulo Betancourt, y las posiciones democráticas, progresistas, unitarias mantenidas por otros líderes, Ruiz Pineda entre esos.

Son diferencias estratégicas que, años más tarde, en abril de 1960, formarán parte de las confrontaciones en el seno de AD, precisamente por el modelo político y económico a desarrollar en la naciente democracia burguesa y que llevarán a esa tolda al primer y uno de los más importante cismas que se producen en el partido blanco, recién comenzado el gobierno de Betancourt y que da origen al MIR. Pero no será el único cisma otros lo seguirán como el de Raúl Ramos Jiménez y la mayor división de AD, la que encabezara el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa y Ángel Paz Galarraga y que en 1967 dio nacimiento al MEP.

Pese a que Leonardo Ruiz Pineda confiaba en demasía en la posibilidad de un golpe de Estado, política puchista que lo lleva a subestimar el desarrollo de otras formas de lucha en el marco de la dictadura y de diversas contradicciones que existían en el seno de la sociedad de entonces: entre el pueblo y los gobernantes dictatoriales, dentro del gobierno mismo, el líder tachirense tenía claro que desde AD debía desarrollarse una política amplia, unitaria: ganar independientes, abrir una comunicación permanente con el PCV y URD para unificar esfuerzos contra la dictadura. No abandonaba tampoco, en el plano político-ideológico, una actitud militante contra el imperialismo.

Semejante conducta política de amplitud y flexibilidad, de realismo político, apegada a los principios y postulados ideológicos-programáticos que sostiene Ruiz Pineda, choca frontalmente con el sectarismo cerril y anticomunista de Betancourt, su giro ideológico hacia la derecha, su ya conocido acercamiento a los factores políticos y económicos norteamericanos de poder.

Hay elementos que permiten ir reconstruyendo el mosaico de contradicciones entre los dos dirigentes; conflictos que tendrán que ver de manera decisiva con el desarrollo posterior de la lucha anti dictadura. Una de esas contradicciones se referirá al choque habido entre Betancourt y Leonardo Ruiz Pineda con relación a la guerra de Corea, agresión del imperialismo norteamericano contra el pueblo coreano en 1950.

Diversos autores enfocan el episodio donde las contradicciones anuncian un enfrentamiento no ya de dos líderes prominentes, sino el choque interno de dos concepciones sobre el destino de Venezuela. Ruiz Pineda reivindica, en el marco de la clandestinidad implacable, el ideario de la AD antes del 45 y trata de borrar el anticomunismo posterior al golpe de Estado del 18 de octubre de ese año.

Domingo Alberto Rangel, vivió los acontecimientos de la crisis de AD en la clandestinidad, en su famoso libro La Revolución de las fantasías, aborda las contradicciones insalvables entre Betancourt y Ruíz Pineda.

“Entre Ruiz Pineda y Rómulo Betancourt, dirá Domingo Alberto Rangel, estallan, a propósito de Corea, fuertes choques cablegráficos. Betancourt excita a la dirección clandestina de AD a anunciar su solidaridad con los Estados Unidos en el conflicto. Sus argumentos anticipan al futuro mandatario de manos represivas. ‘Venezuela ha suscrito el Pacto de Río de Janeiro, dice Betancourt, y ello la obliga a alinearse en las trincheras del mundo libre’. ‘Esa guerra, replica Ruiz Pineda, no puede comprometer al pueblo venezolano. Llamar a la solidaridad con los Estados Unidos equivaldría a darle visos de verosimilitud al rumor, muy reiterado, de que se busca el retorno al poder ofreciendo mercancías de entrega al imperialismo’. Las relaciones sufren, desde entonces, irreparable quebranto. Un fondo de encono palpitará en los mensajes que a través de la estación ilegal se cruzan entre la dirección clandestina y el supremo jerarca del partido. ‘Pretenden enseñarnos el ABC de la lucha política’, contesta Ruiz Pineda cuando Betancourt envía por las ondas clandestinas un telegrama en el que sugiere tareas elementales para un conductor revolucionario.”1

Guillermo García Ponce, para ese entonces miembro del BP del PCV, señala, refiriéndose al conflicto entre los dos dirigentes:

“El CEN rechaza la solicitud de Betancourt que propone publicar una declaración de apoyo a la intervención norteamericana en la guerra de Corea. ‘Es inoportuno y no tiene justificación’, dice Ruiz Pineda.”2

“En 1952, señala Moisés Moleiro, se conoce una proposición venida de manos del caudillo guatireño: ‘el Partido debe pronunciarse a favor de USA en la recién iniciada guerra de Corea’. El repudio es total. A Ruiz Pineda se agregaría Alberto Carnevali.”3

El historiador y agudo político de izquierda, Simón Sáez Mérida, conocedor a fondo de la problemática adeca, secretario general de AD en la clandestinidad hasta que fue desplazado por Betancourt y el ala derechista del partido una vez derrocado Pérez Jiménez, se refiere al conflicto interno que genera la pretensión betancourista de que la organización apoye al gobierno norteamericano en su agresión a Corea y su pretensión de dividir a la nación asiática.

“La posición de Betancourt sobre la guerra de Corea –señala Sáez Mérida– produjo por cierto mucho descontento en el seno de la dirección y de los cuadros de la clandestinidad en Venezuela. Y Ruiz Pineda, secretario general, envió, en nombre del CEN de la clandestinidad, una carta-documento al Comité Coordinador, con sede en Costa Rica, donde criticaba esa posición de Betancourt. En igual sentido se había pronunciado el Buró Juvenil Nacional (BJN) clandestino, recogiendo el sentimiento nacional de la Juventud y elevando al CEN sus puntos de vista. El descontento de la dirección clandestina fue grande porque ya el CEN había emitido una opinión contraria a la posibilidad de que la Dictadura enviara tropas venezolanas a la guerra de Corea; de igual modo se había pronunciado el Buró Juvenil. Y dichos pronunciamientos no tenían relación alguna con la posición de Betancourt. Seguramente ese documento del CEN clandestino, donde se recogía la crítica a la posición de Betancourt en torno a la guerrea de Corea, es muy posible, “que se lo haya tragado la tierra”, que no aparezca nunca en la recopilación del señor Betancourt, en la cual se producirá, no lo ponemos en dudas, una rigurosa expurgación de la historia para la “historia” y no tendrá mención en las mitológicas memorias que no escribió, pero que algún amanuense reconstruirá para salvar la cara por tantos anuncios de publicación de que fueron objeto”.4

Guido Acuña, especie de albacea histórico de AD, investigó a fondo todo lo referente a la muerte de Ruíz Pineda y recogió toda esa valiosa información en un libro sobre la muerte de Ruóz Pineda.

Un prominente líder de AD, aliado incondicional de Rómulo Betancourt, Eligio Anzola Anzola, en entrevista que el año 1977 le hiciera Guido Acuña, se referirá también a las discrepancias políticas entre Ruiz Pineda y Rómulo Betancourt. En las declaraciones se percibe claramente la inclinación pro Betancourista de Anzola y su apoyo incondicional al régimen neo dictatorial y criminal de éste durante su mandato de 1959/1963.

“En el exterior y sobre todo entre el presidente Rómulo Betancourt y el Secretario General de AD, compañero Leonardo Ruiz Pineda, había una gran separación, sino que había grandes discrepancias en la manera de conducir el movimiento. Leonardo prácticamente no tenía comunicación con el presidente Betancourt, al extremo de que una noche, yendo yo con Leonardo en un carro por la Avenida Casanova le pregunté que desde cuando no recibía una comunicación de Rómulo, me dijo que él no se escribía con ese señor, y de que de ahora en adelante las comunicaciones que vinieran de Rómulo las contestara yo, porque él no quería nada con el señor Betancourt. Yo tengo la impresión de que había aquí un grupo de personas que rodeaban a Leonardo Ruiz Pineda y le habían hecho ver la conveniencia de alejar a Rómulo de toda participación del movimiento acciondemocratista, asumiera él completamente la dirección del partido y en el caso muy posible (en muchas ocasiones así fue), de que se diera un golpe, asumiera él (Ruiz Pineda) la presidencia de la República”. (…) “… en más de una reunión… del CEN del partido… casa de un señor casado con una señora Peñalver, hubo un dirigente de Acción Democrática que propuso, en vista de que el golpe era inevitable (había un golpe pro producirse y había condiciones bastante satisfactorias para que el golpe fuese en realidad efectivo), allí se propuso que Rómulo Betancourt no entrara al país sino 6 meses después. A mí me pareció aquello sumamente grave y recuerdo una frase que dije: ‘Entonces el primer exiliado nuestro va a ser Rómulo Betancourt’ ”.5

Abunda Anzola, en la misma entrevista, sobre el fondo de las agudas y antagónicas discrepancias entre Ruiz Pineda y Betancourt en la forma cómo enfocar el enfrentamiento contra la dictadura y el tipo de gobierno que debería surgir a su derrocamiento. Claro, no habla de esas discrepancias referidas al antagonismo sobre el carácter antiimperialista de la lucha que preconizaba Ruiz Pineda y el carácter pro imperialista que propugnaba Betancourt, que es el que termina imponiéndose en Venezuela durante los 40 años de mandato de AD-Copei, de 1959 a 1998.

“Por otra parte hay lo siguiente: aquí mismo y en el exterior también, porque yo estuve mucho tiempo en el exterior, se quería no un golpe para establecer un sistema como el que había caído el 24 de noviembre, había que hacer algo más efectivo, más positivo, más revolucionario; y en esto estábamos también divididos, había un sector que creía que no se debía hacer así, que el señor Rómulo Gallegos debía volver a la presidencia de la República; y otro sector creíamos que no, que era necesario hacer un movimiento distinto, modificar totalmente todo para hacer la revolución que Acción Democrática de entonces pretendía hacer y realizar en Venezuela. De manera que dentro del propio partido existían diferentes corrientes, creo que eso naturalmente influyó mucho en que Pérez Jiménez haya podido durar 10 años, haciendo todo el mal que pudo hacer en Venezuela”.6

Como se puede apreciar estamos ante una división interna en AD, pero en condiciones de clandestinidad y severa persecución política para el grueso de sus miembros en el país y en el exilio un grupo de sus dirigentes. De hecho Anzola Anzola admite la existencia de corrientes internas de carácter antagónico, aunque poco a poco Ruiz Pineda va dándole un giro hacia la izquierda al partido, cosa que molesta terriblemente a Betancourt y al sector derechista dirigente en el exilio. La unidad de las fuerzas políticas que se enfrentan a la dictadura será otra fuente de choques entre el líder exiliado y Ruiz Pineda y la dirección de AD dentro de Venezuela. Las políticas que impulsa el Secretario General en la clandestinidad chocan frontalmente con el sectarismo y anti comunismo de Betancourt.

“Bajo la dirección de Leonardo Ruiz Pineda, Acción Democrática por primera vez inicia gestiones para promover acciones coincidentes con las otras fuerzas políticas opositoras, lo que implica una rectificación de la línea sostenida hasta entonces. En efecto, desde el 24 de noviembre (de 1948), la táctica de AD es enfrentar en forma aislada a la Junta Militar. No hay ninguna relación con el resto de las organizaciones políticas, salvo en el frente estudiantil y sindical donde gestan algunas actividades conjuntas con el Partido Comunista. Numerosos dirigentes de AD continúan apegados a los pronunciamientos anticomunistas de la década del cuarenta.”7

“Con Ruiz Pineda hay un sensible cambio. Cesan las manifestaciones anticomunistas. La literatura del Partido (AD) asume un tono unitario. Tiene lugar el primer contacto oficial entre AD y el PC a nivel de Secretarios Generales. Celebra una entrevista Leonardo Ruiz Pineda y Pompeyo Márquez en la que exploran las posibilidades de acciones conjuntas en la lucha contra la dictadura y hay un intercambio de opiniones sobre la situación política, especialmente en relación a la perspectiva del proceso electoral anunciado por el Gobierno.”7

Con una visión que intenta arrojar el sectarismo al fondo de los trastos inservibles, Leonardo Ruiz Pineda avizora para ese período la posibilidad de conformar un bloque unitario cívico-militar para enfrentar la dictadura, para ello primero es fundamental acercarse al Partido Comunista y a URD, como ya señalamos, es decir, comenzar la misma política que en el año 1957 impulsaría el PCV a partir de la celebración del XIII Pleno de su dirección nacional en la clandestinidad, pero bajo mejores condiciones y con una correlación de fuerzas mucho más favorable al movimiento popular y con una dictadura que presentaba ya signos de debilitamiento político.

A medida que Ruiz Pineda impulsa esas políticas, de la misma manera se agudizan las contradicciones con Betancourt y los sectores afines al expresidente, leamos nuevamente a Eligio Anzola Anzola.

“En el exterior y sobre todo entre el Presidente Rómulo Betancourt y el Secretario General de AD, el compañero Leonardo Ruiz Pineda, había una gran separación, había no solamente separación, sino que había grandes discrepancias en la manera de conducir el movimiento. Leonardo prácticamente no tenía comunicación con el Presidente Betancourt… me dijo que él no se escribía con ese señor y que de ahora en adelante las comunicaciones que vinieran de Rómulo las contestara yo, porque él no quería nada con el señor Betancourt”.8

“Antonio Cruz Fernández sostiene que Ruiz Pineda le comunicó una vez: ‘Rómulo se está imaginando que después de todo lo que nos hemos arriesgado aquí, él va a llegar de conquistador, a liderizar todo un movimiento que hemos armado nosotros’. Sus observaciones sobre el proceso concluyen así: ‘Es decir que Leonardo estaba ya enfrentado definitivamente al liderazgo de Betancourt. Y los sectores juveniles del Partido estaban con Leonardo.”8

Moisés Moleiro, miembro de la generación que, en el marco de la clandestinidad, se asumió marxista, fundador de MIR junto a Domingo Alberto Rangel , analiza la aguda confictividad que vivía AD por el antagonismo entre Ruíz Pineda y Betancourt.

Un acertado juicio sobre esas contradicciones políticas es el expresado por Moisés Moleiro en su libro: “Las discrepancias entre Betancourt y Leonardo Ruiz Pineda no es estrictamente personal, ni puede referirse solamente a luchas por el predominio del mando; entre ambos existió una diferencia política: el segundo desaprobaba actitudes que adoptara Betancourt en el exilio y nunca estuvo conforme con su asilamiento. Ruiz Pineda comprendió la necesidad de un frente anti dictatorial y le predicaban desde el exilio consejos sectarios y anticomunistas.”8

La clave, pues, hay que buscarla en las diferencias políticas, en el sectarismo y el anticomunismo que preconizaba Betancourt, y el antimperialismo y la visión de amplitud que sustentaba con cada vez más fuerza Ruiz Pineda para enfrentar la dictadura perezjimenista. Esa contradicción no desaparecerá jamás, su carácter antagónico lo generaba el hecho de que coexistían, en ese momento, en AD, dos visiones sobre el destino de Venezuela: la de Betancourt que busca alinear al ‘partido del pueblo’ a los intereses monopólicos imperiales norteamericanos y desmontar su propio discurso nacionalista del ‘Plan de Barranquilla’, y éste le pagaría con su apoyo político y económico. Una porción de la dirección de AD se pasa, mucho años antes de la caída de Pérez Jiménez, antes incluso del derrocamiento de Rómulo Gallegos, al campo de las clases dominantes, de lo que será la burguesía monopólica y del imperialismo mismo como quedará nítidamente demostrado a partir de 1959 en los cinco gobiernos de AD en estos 40 años: 1958 (Rómulo Betancourt), 1963 (Raúl Leoni), 1973 (Carlos Andrés Pérez), 1983 (Jaime Lusinchi), 1988 (Carlos Andrés Pérez).

Pero en lo interno, dentro de Venezuela, ese sectarismo y ese anticomunismo betancurista sufría resquebrajamientos sensibles, pues la sensatez y la objetividad se fueron imponiendo a partir de la dirección de Ruiz Pineda. Muerto éste por los sicarios de Pérez Jiménez, asume la conducción de AD, Alberto Carnevalli quien, quizás para sorpresa de Betancourt, le da continuidad a la política que comenzó a impulsar Ruiz Pineda y que quedó a medias con su trágica e inesperada desaparición.

“Carnevalli, sin embargo, fue enviado al país para poner las cosas en orden, dada su estrecha amistad con Betancourt y su inconmovible lealtad personal y política hacia el mismo.”8

¿Qué ocurrió, entonces, que aquel andino racional, matemáticamente organizado, teórico y estratega político rompe en la práctica con el sectarismo y el anticomunismo de Betancourt quien lo ha ‘enviado al país a poner las cosas en orden’?

Hay que tomar en cuenta, primeramente, el error en el que incurre AD al impulsar una política golpista, puchista que le produce fracaso tras fracaso: los intentos por liquidar en un atentado a la Junta de Gobierno en octubre de 1951 que produce una brutal represión, cárceles, torturas a cientos de activistas de AD.

El historiador Juan Bautista Fuenmayor analiza aquellos acontecimientos históricos y concluye con el criterio que Rómulo Betancourt fue el único beneficiario de la muerte de Ruíz Pineda.

El destacado historiador Juan Bautista Fuenmayor analiza aquel complejo cuadro interno y las antagónicas contradicciones en el seno de AD y las proyecta históricamente en lo que ocurrió en Venezuela cuando AD, con artimañas, y los graves errores de la vanguardia revolucionaria encabezada por el PCV de no tener claro el problema de la toma del poder por las fuerzas de avanzada y el movimiento popular, aceptando la maniobra de ir a las elecciones en diciembre de 1958, ganando el partido blanco las elecciones e instaurándose una especie de dictadura constitucional y un régimen represivo, opresivo, entreguista de nuestra soberanía y riquezas, dictadura punto fijista que dura 40 años en el poder (1958/1998), Cuarta República alineada en las coordenadas de la guerra fría y el anticomunismo de la geo política del gobierno imperialista norteamericano, en su enfrentamiento con la URSS y el campo socialista.

“En efecto, una vez en el Poder (1959), AD se alejó completamente del programa que se había trazado desde los tiempos de la clandestinidad en el P.D.N. y de todo cuanto prometió al pueblo venezolano como realización del llamado “programa mínimo”, esbozado en el Plan de Barranquilla. Ahora bien, como Betancourt y su grupo resolvieron abandonar sus banderas revolucionarias para lanzarse por el camino de un rápido ascenso al Poder, colocándose bajo el influjo del imperialismo norteamericano y de la reacción criolla, única manera de lograr su objetivo, era claro que muchas personas sinceras se sintieran defraudadas dentro del partido y aspirasen a prescindir de Betancourt de modo de estar en condiciones de realizar la soñada revolución democrática en Venezuela. Ruiz Pineda, al parecer, estaba o encabezaba la corriente antibetancourista, razón por la cual buscó un acercamiento con el Partido Comunista y con todas las fuerzas genuinamente democráticas y antimperialistas, formando un amplio frente de oposición, sin lo cual todo intento revolucionario era imposible. Sin embargo, Ruiz Pineda y sus más directos colaboradores no lograron nunca deshacerse de las ideas golpistas y terroristas, sembradas por Betancourt, las cuales no les dejaban asumir una posición de lucha de masas. Por esto, su gestión no brindaba ninguna garantía de éxito en los propósitos finales. En efecto, los aliados en el campo militar iban a mantener, forzosamente, una posición relevante y quizás decisiva sobre las realizaciones del Estado venezolano, no permitiéndoles realizar lo que ellos querían. Sólo la alianza con las grandes masas podía garantizar la realización de la revolución democrático-burguesa. El espejismo de los golpes militares y del terrorismo no dejaban a Ruiz Pineda ver en fondo de las cosas”.9

EL GOLPISMO EXTREMO DE AD

Otras intentonas golpistas se produjeron en el país, previas a las elecciones de 1952 contra las cuales la dirección de AD, con una sorprendente ceguera política, había decretado la abstención a las mismas. Evidentemente que esa línea abstencionista tenía como fundamento la posibilidad de un golpe de Estado planificado para el mes de septiembre de aquel año, en la errada creencia de que la dictadura atravesaba su momento agónico.
La dirección adeca trabajaba a fondo en la posibilidad del golpe y toma la base aérea de Boca del Río. A ese alzamiento se suman los campesinos de Turén, Tunapui y Villa Bruzual en el Estado Portuguesa. Estaban comprometidos en la operación el Capitán Wilfrido Omaña y el Teniente Navarro.
El plan militar, indudablemente de gran envergadura, estremece la dictadura y al develarse el complot la respuesta represiva fue altamente brutal y criminal.
Los campesinos alzados en Portuguesa son asesinados por un sargento de apellido Matamoros, de la Guardia Nacional, quien dirige las fuerzas represivas, y entre los asesinados está el dirigente comunista Rufino Mendoza.

Al Capitán Wilfrido Omaña, quien logra inicialmente escapar después de fracasada la toma de la base de Boca del Río, lo matan en una emboscada que le tiende un primo suyo, Tirado Alcalá. La SN le dará caza a través de un grupo de esbirros que comandaba el criminal Ulises Ortega, quienes lo masacrarán.
Más aquellos fracasos no detienen la política golpista de AD, pese a la altísima cuota de militantes presos, exilados, torturados, muertos. En octubre Ruiz Pineda y Carnevali preparan un nuevo alzamiento, esta vez en las guarniciones de Oriente, probablemente conectado con la abortada toma de la base aérea de Boca del Río y con la fracasada rebelión campesina de Portuguesa.

El alzamiento comenzaría por el Cuartel de Maturín donde su Segundo Comandante, Capitán Juan Bautista Rojas, fue contactado por AD a través de Segundo Espinoza, éste le comunica al CEN que la oficialidad comprometida es partidaria de no aplazar más el alzamiento. El capitán Rojas subleva el Batallón ‘Sucre’, después de arrestar los oficiales perezjimenistas; controla rápidamente la ciudad y con el apoyo de brigadas de civiles al mando de Jorge Yibirín, se propone extender la sublevación.

“Pero cuando Rojas anda en esta empresa, el teniente Coronel Roberto Casanova, Comandante de la Guarnición, enterado del alzamiento, llega al cuartel y retoma el mando de la tropa que lo reconoce. Al regresar el Jefe rebelde estalla un fuerte tiroteo.”9

Resultan muertos el Capitán Juan Bautista Rojas y Jorge Yibirín, entre otros muchos. Será un nuevo y grave fracaso acompañado de un recrudecimiento mayor, si ello es posible, de la represión sanguinaria de la dictadura y sus sicarios, los confinamientos de los presos en los campos de concentración de Guasina y Sacupana, en el Estado Bolívar.
Como corolario siniestro de todo aquello, un 21 de octubre de 1952, a un año y días del intento de AD de liquidar a los miembros integrantes de la Junta de Gobierno en el Paseo Colón de los Caobos, se produce la pérdida más terrible de ese momento al caer abatido a manos de agentes de la SN, más concretamente por las armas de los sicarios Daniel Colmenares, alias ‘Suelespuma’ y Francisco Ramón Matute, el Secretario General de AD, Leonardo Ruiz Pineda, quien venía siendo seguido en una motocicleta desde Catia por los dos esbirros.

¿EL ASESINATO DE RUIZ PINEDA FUE EL PRODUCTO DE LA DELACIÓN Y COBARDÍA DE SU CUSTODIO DAVID MORALES BELLO?
¿QUÉ INTERESES REPRESENTABA MORALES BELLO QUE ENTREGÓ A SU JEFE? ¿A QUIÉN BENEFICIABA LA MUERTE DE LEONARDO RUIZ PINEDA?

Como se a dicho y es históricamente conocido, el 21 de octubre de 1952 cae abatido en la Calle Real de San Agustín del Sur, cerca del pasaje La Cocinera, el secretario general de AD, Leonardo Ruiz Pineda, por parte de los sicarios del régimen y después de la virtual delación o cobardía, cuando menos, por partede David Morales Bello, quien acompañaba aquel infausto día al máximo dirigente adeísta junto con Leoncio Dorta.
¿Aquel asesinato tenía solamente importancia política para el régimen militar-policial de Pérez Jiménez, quien se quitaba de encima un líder de enorme magnitud política y capacidad organizativa y disminuían los riesgos a futuro, o beneficiaba a algún sector del partido, más concretamente, a algún dirigente en particular, como Rómulo Betancourt, por ejemplo?

Es altamente significativo el comunicado postmorten emitido por la dirección de AD después de la muerte de Ruiz Pineda. En él, sin mencionar personas, se hace una crítica abierta y descarnada a los líderes en el exilio que viven una vida regalada. Todo el mundo sabe que la dirección adeísta en el país hace referencia a Betancourt. Dice el documento que sólo Ruiz Pineda como dirigente se enfrentó a la dictadura, en clara crítica al resto de la dirigencia partidista que estaba en el exilio.

“Para Acción Democrática esta pérdida es un rudo golpe. Pierde nuestro Partido una de las cifras más valiosas, el único dirigente que se enfrentó con hombría y valentía incalificables a los testaferros del Régimen”.

El documento hace, en aquellas difíciles circunstancias, con el principal dirigente muerto y después de demoledores golpes del gobierno por los errores políticos del partido, una crítica abierta a la dirigencia exiliada, lo que ponía de relieve las agudas y antagónicas contradicciones que se vivían en el seno del partido socialdemócrata.

“Ruiz Pineda es ejemplo y símbolo de fervor democrático. Mientras otros dirigentes gozan de una vida regalada en el exilio, malgastando en festines y holganzas los dineros que el pueblo envía para fortalecer la lucha… él prefirió sacrificarse dignamente por la causa de nuestro Partido”.
(…)
“Al lamentar sinceramente la desaparición del eximio compañero, llamamos la atención a nuestra militancia para que reclame un balance de los actos de otros altos dirigentes nuestros en el exilio”.10

Esta crítica a los líderes exiliados refleja clara y nítidamente la posición del propio Ruiz Pineda a esos exilios de la dirigencia y, en particular, al de Rómulo Betancourt. Moisés Moleiro se referirá a esa importante y delicada contradicción.

“La discrepancia entre Betancourt y Leonardo Ruiz Pineda no es estrictamente personal, ni puede ser referida solamente a las luchas por predominio en el mando: entre ambos existió una diferencia política: el segundo desaprobaba actitudes que adoptara Betancourt en el exilio y nunca estuvo de acuerdo con su asilamiento. Ruiz Pineda comprendió la necesidad de un frente anti-dictatorial y le predicaban desde el exilio consejos sectarios y anticomunistas”.11

¿A quién se debe responsabilizar de la muerte de Ruiz Pineda?

Un testigo excepcional de aquel suceso, quien iba precisamente en el carro con Ruiz Pineda, Segundo Espinoza, señala que esa muerte se debió a la cobardía de David Morales Bello y Leoncio Dorta. En efecto el dirigente adeísta Antonio Cruz Fernández así lo señalará en entrevista que le hiciera Guido Acuña sobre su relación con Ruiz Pineda y su relación con éste. Señala Cruz Fernández en la entrevista:

“Al ser muerto Leonardo, detienen a Regina (Gómez Peñalver) a David no lo detuvieron porque salió corriendo, corrió en la forma más bochornosa, junto con Leoncio Dorta. El único de los acompañantes de Leonardo que tuvo dignidad fue Segundo Espinoza.

Acuña: –¿Y Dorta también corrió?

Cruz Fernández: –También. Corrieron los dos, cuando han debido asumir una actitud semejante a la de Espinoza. Esta versión de la carrera de los nombrados me la contó a mí, precisamente, Segundo Espinoza, en la Cárcel Modelo de Ciudad Bolívar. Insistió en que esa era la versión exacta de lo sucedido. Me dijo textualmente: ‘David y Leoncio se portaron como un par de cobardes. A ellos se debe la muerte de Leonardo. Porque eran solamente dos agentes de la Seguridad los que intervinieron esa noche allí’. (…) Por eso, para mí y para mucha gente que lucharon en la clandestinidad, David Morales y Leoncio Dorta –quiéranlo o no– son corresponsables de la muerte de Leonardo. Por cobardía, por la premura y las circunstancias del momento, por imprecisión de las órdenes de Leonardo, pero en todo caso, si ellos hubieran adoptado la misma actitud de Espinoza, Leonardo logra salvarse”.12

Unas opiniones, naturalmente que interesadas, que no son totalmente aceptables sus criterios y opiniones por ser, precisamente, interesadas, que se prestan a dudas por provenir de quien provienen; son los criterios del entonces director de la policía política del régimen perezjimenista, la Seguridad Nacional, Pedro Estrada; no obstante es bueno conocer y leer el entrelineado de las mismas para acercar la verdad histórica.

El sicario y agente de la CIA, Pedro Estrada, fue uno de los autores intelectuales del asesinato de Leonardo Ruíz Pineda.

Pedro Estrada es entrevistado en París, Francia, en agosto de 1982 por el historiador de derecha –que más parece periodista de crónicas– Agustín Blanco Muñoz. En su extensa conversación, Muñoz toca el tema de la muerte de Leonardo Ruiz Pineda. El ex policía, astuto, pérfido, juega con la información que posee y da algunas pocas informaciones tratando de lavarse las manos ante aquel crimen, dejando entrever que fue del seno de AD de donde salió ese repudiable crimen. Comienza Muñoz sus preguntas concretas.

“¿Qué nos puede decir sobre el caso de la muerte de Leonardo Ruiz Pineda?

Eso es muy fácil decirlo. Lo de Ruiz Pineda es muy conocido: cómo lo vendieron, cómo lo entregaron, cómo lo negociaron. Yo tengo el expediente guardado. Y la experticia balística, en la que se demuestra que no fue un arma de la Seguridad Nacional la que produjo el disparo que lo mató, sino la de una pistola que Carlos Morales le había regalado a Leoncio Dorta. De modo que ese no un muerto nuestro. Había tres acompañantes: Morales Bello, Segundo Espinoza y el tercero Leoncio Dorta, quien era de Miranda. Uno de los compañeros corriendo y disparando lo mató. Se han dicho muchas cosas sobre eso, pero el expediente real lo tengo yo.

¿Y cómo fue el episodio de la entrega y la delación?

Delataron la ruta esa noche. Nosotros ya sabíamos todo, cómo se iba a efectuar el traslado de un automóvil a otro, en la Lagunita de Catia, y la ruta que iba a seguir el carro y dónde se iban a reunir finalmente, la casa donde iba a ser la reunión.

¿Y quiénes lo delatan?

La misma gente que lo iba acompañando.

En forma generalizada se han hecho comentarios sobre la actitud de Morales Bello…

José Francisco Matute, uno de los perseguidores del carro donde iba el líder de AD y quién mató a Ruíz Pineda.
La caravana de carros donde iba Leonardo Ruíz Pineda en San Agustín del Sur. Lo asesinan cerca del pasaje La Cocinera.

Sí, el primero que sale corriendo cuando persiguen al automóvil es Morales Bello. Por eso no lo quería Betancourt. A mi juicio, lo utilizó como instrumento político. Y en el partido siempre ha tenido resistencia por eso. Cuando nosotros caímos, ya él había regresado al país. E incluso hay una carta que le dio el doctor Laureano Vallenilla para que le dieran un puesto en la Creole, un puesto como abogado.

¿Y el caso del doctor Germán González?

Ese Germán González no fue muerto en la sede, sino en la puerta, fuera de la Seguridad. Le arrebató la ametralladora a un Policía Militar, y en el forcejeo se le fue ráfaga y lo mató. Hay un juicio militar. Puedes buscar en los archivos de los Tribunales Militares: el tipo salió absuelto”.13

De esas declaraciones se pueden extraer algunas interesantes conclusiones. La primera es la clara acusación o señalamiento que Ruiz Pineda fue entregado por sus compañeros de partido, y señala al abogado David Morales Bello, a Leoncio Dorta e, incluso, a Segundo Espinoza, quienes acompañaban al secretario general aquella noche infausta. La segunda, que un tiro de uno de sus acompañantes fue el que la causó la muerte. La tercera que el principal beneficiario político por aquella muerte era Rómulo Betancourt.

Cotejando opiniones de compañeros y amigos de Ruiz Pineda sobre su muerte, surgen algunas dudas sobre si hubo o no una delación, donde las circunstancias apuntan hacia el siniestro personaje que fue David Morales Bello. Uno de los tres acompañantes de Ruiz Pineda y que iban con él en el vehículo, Segundo Espinoza, se lo comentó a su compañero de prisión, Antonio Cruz Fernández.

Le dijo Espinoza a Cruz Fernández: “David y Leoncio se portaron como un par de cobardes. A ellos se debe la muerte de Leonardo. Porque eran solamente dos agentes de la Seguridad los que intervinieron esa noche allí”.

Es decir, resalta Morales Bello, a quien presuntamente, según Pedro Estrada, el gobierno perezjimenista le sirve de puente, a través de una carta que le entregara el Ministro de Relaciones Interiores, Laureano Vallenilla Lanz, para que entre a trabajar en una compañía petrolera norteamericana, la Creole Petroleum Corporation. Si fue cierto o no que se le dio esa carta, Morales Bello, es algo que nunca salió a la luz; al parecer después de la muerte de Ruiz Pineda, Morales Bello se asiló en la Embajada de Ecuador. Existe la versión de que Morales Bello salió del país por Güiria, hacia Trinidad.

Otra opinión es la de Jorge Dáger, a la sazón secretario de prensa y propaganda de AD en la clandestinidad, en la entrevista que le hizo Guido Acuña. Señala Dáger:

“En el CEN, posteriormente a este hecho (la muerte de Ruiz Pineda), se trataron de hacer todas las investigaciones del caso, no fue posible localizar ni a David Morales Bello, ni a Leoncio Dorta, para los testimonios del caso; ellos lograron salir de Venezuela, desaparecieron de la vista del CEN y solamente en base a los testimonios y a las versiones recogidas en la calle por otras personas, concretamente por Segundo Espinoza, quien fue detenido y por sus datos y cartas de la cárcel, se procedió a sancionar a estos compañeros, tanto a David Morales Bello como a Leoncio Dorta, quienes fueron sancionados en la resistencia por el Buró clandestino del Partido”.14

Otras opiniones interesadas, pero no por ello carentes de interés para desentrañar la compleja madeja histórica de aquel período y la nebulosa que cubrió con un espeso manto la muerte de Leonardo Ruiz Pineda, es la del expresidente y dictador Marcos Pérez Jiménez, quien también fue entrevistado por el historiador Agustín Blanco Muñoz el 31 de enero de 1983, es decir, un año después que entrevistara al exjefe de policía Pedro Estrada, lo que sugiere que entre ambos personajes pudo haberse producido, en el transcurso del año de diferencia de una y otra entrevista, algún intercambio de opiniones, primero sobre la que le hicieran a Pedro Estrada, opiniones que las manejó y, probablemente, amplió el exdictador Pérez Jiménez para la entrevista que le harían. Llama, sí, la atención del juicio político que hace sobre los beneficiarios de la muerte de Ruiz Pineda, coincidente con las de Pedro Estrada, de que será Rómulo Betancourt el gran ganador.

Para el exdictador Marcos Pérez Jiménez el beneficiariio de la muerte de Ruíz Pineda fue Rómulo Betancourt. Los hechos posteriores, el triunfo electoral de diciembre de 1958, le dieron la razón.

Blanco Muñoz en la entrevista con Pére Jiménez, aborda nuevamente el tema de la muerte de Ruiz Pineda. Dirá el expresidente:

“… Eso está como la inculpación que me hacen de la muerte de Leonardo Ruiz Pineda. No sé si Estrada les habrá relatado a ustedes los pormenores. Pero esa es de las cuestiones más injustificadas. Y esa muerte sí tuvo su beneficiario, su beneficiario completo: Rómulo Betancourt. Y un segundo beneficiario: David Morales Bello. Eso está claro”.15

Blanco Muñoz le comenta a Pérez Jiménez sobre la aparición, en aquel de entonces, del libro: Confesiones de un esbirro, presuntamente escrito por el esbirro y criminal Braulio Barreto (Barretico), memorias donde aborda la muerte de Ruiz Pineda. Blanco le comenta a Pérez Jiménez que Barreto dice que Ruiz Pineda fue muerto por una bala del agente José Francisco Matute, uno de los perseguidores del carro donde iba el líder de AD. Señala, en otra pregunta, que la orden presidencial era capturar vivo a Ruiz Pineda. Pérez Jiménez, con esa bombita, ese flay al guante, le responde con largura al entrevistador, será, a nuestro juicio, una hábil respuesta donde se desprende de la responsabilidad de la muerte y dice, sin ambages, que esa muerte salió del seno de AD y señala, como vimos, a Betancourt.

“Claro que sí. Esas eran las órdenes que se habían dado: capturar a Ruiz Pineda, no de disparar. Pero también se les había dado la orden de que si les disparaban se defendieran. Nosotros no podíamos decirles que no se defendieran, que no dispararan. Ruiz Pineda cayó porque lo aconsejaron mal. Y nosotros sabemos a ciencia cierta quién lo aconsejó. Gente de nuestro gobierno que le dijo que no se fuera, que se quedara ahí, porque iba a haber un cambio y que él podría asumir la cuestión. Y no sé si lo aconsejaría también Betancourt interesadamente. Porque si Ruiz Pineda no muere, si no cae, si hubiese sido preservado tal como nosotros queríamos, para que se fuera del país, para que no se viera envuelto, las cosas habrían sido distintas. La orden presidencial era capturarlo con vida. Pero a su vez ya había habido antecedentes, ya él le había disparado a un agente de la Seguridad y había hecho méritos, digamos, para que le tuvieran temor y se defendieran frente a una situación de tiroteo.

Y óigame esto: si Ruiz Pineda no muere, Betancourt no hubiese sido Presidente de la República. El que iba a ser candidato, el que tenía todas las credenciales era Leonardo Ruiz Pineda, entonces, ¿a quien benefició en este caso la muerte de Ruiz Pineda? ¿Benefició a la Seguridad Nacional? No. ¿A quién benefició? A Rómulo Betancourt, que pudo ser presidente, lo repito: el primer presidente de la república por AD hubiera sido Ruiz Pineda”.16

Y, en efecto, aquella bárbara muerte benefició políticamente, 7 años después, a Rómulo Betancourt, cobarde y entreguista, cruel y genocida porque otros grandes dirigentes adeístas como Pinto Salinas, Alberto Carnevali y muchos más que quedaron a lo largo de aquel camino de sufrimientos y represión, de traiciones, asesinatos, torturas y crueldades por enfrentarse corajudamente a la dictadura policial-militar. Por supuesto que ni Pérez Jiménez ni mucho menos su sicario y esbirro, el criminal Pedro Estrada pueden quitarse de encima el pesado fardo de aquellos y muchos otros asesinatos contra luchadores sociales, de comunistas, social demócratas, de gente sencilla y humilde del pueblo, de militares patriotas.

A raíz del asesinato de Ruiz Pineda, el gobierno dictatorial hace público, por el diario La Esfera, un infame comunicado donde, traído totalmente por los cabellos, involucra al Partido Comunista de mantener una alianza terrorista con AD. En dicho comunicado se asevera que el líder adeísta lo mató un miembro de la siniestra SN, hecho que años después niega Pedro Estrada y el mismo Pérez Jiménez en sus entrevistas con Agustín Blanco Muñoz.

“La Oficina Nacional de Información y Publicaciones hace del conocimiento público que las autoridades de la seguridad habían tenido aviso de que en determinados vehículos eran trasladados algunos elementos responsables de las actividades clandestinas y terroristas de los disueltos partidos Acción Democrática y Comunista de Venezuela, por lo cual ha intensificado la vigilancia a fin de impedir que se lleven a cabo los planes de subversión que promueven los mencionados elementos.
(…)
En las primeras horas de la noche de ayer, dos Agentes de la Seguridad Nacional establecieron contacto con uno de esos vehículos, en la Avenida Principal de San Agustín del Sur. Uno de los agentes reconoció entre los ocupantes al Dr. Leonardo Ruiz Pineda, por lo que se le acercó al automóvil y conminó con orden de arresto a quienes estaban dentro de éste. El Agente fue empujado violentamente con la puerta del automóvil abierta en forma súbita por uno de los ocupantes, al mismo tiempo que contra aquél disparaban desde otro vehículo que iba delante del interceptado. Los agentes hicieron uso de sus armas para repeler el ataque. En el tiroteo, uno de los individuos fue alcanzado por los proyectiles. De los cuatro ocupantes del auto en que iba el doctor Ruiz Pineda, dos se dieron a la fuga y el otro fue dominado y apresado por los Agentes de la Seguridad. El vehículo desde el cual dispararon y en el que iban también cuatro personas, se dio a la fuga, así como otro que venía detrás, ocupado por varias damas, y que al parecer formaba parte del convoy. La persona alcanzada por los proyectiles resultó muerta. Portaba cédula de identidad a nombre de Eduardo Crespo, bajo el número V.230672, pero luego de practicadas las averiguaciones del caso, se estableció que efectivamente se trataba del doctor Leonardo Ruiz Pineda, el mismo que el Agente de Seguridad había reconocido”.17

El análisis político del asesinato de Leonardo Ruiz Pineda lleva a pensar, indiscutiblemente que, pese a los desmentidos que hiciera prominentes líderes de ese partidos, años después de ocurrido el suceso, sí pudo haber habido una delación y no como señala Eligio Anzola Anzola en su ya comentada entrevista con Guido Acuña, donde dijo:

“Aquí se ha hablado mucho de delación, y hasta se han dado nombres. Yo me atrevo a decirle, con la responsabilidad que tenía yo en aquel momento de Secretario General de Organización del Partido, de adjunto a la cuestión especial, o sea a la cuestión militar, con la amistad que me ligaba a mí a Leonardo Ruiz Pineda y a todos los demás dirigentes, que ahí no hubo delación alguna. Fue un acto fortuito al extremo que Leonardo muere en la forma que yo expliqué”.18

Ya hemos visto las contradicciones políticas existentes en el seno de AD, tanto a nivel interno como del exterior, llevada a extremos agudos en el enfrentamiento entre lo que pudiera considerarse la izquierda de AD representada por Ruiz Pineda, y la derecha representada por Betancourt. De allí que en una lucha por el poder como la existente entonces en la organización socialdemócrata, que incluso había gobernado con tan pocos escrúpulos y sectariamente desde 1945 y abierto aún más las puertas del país a las transnacionales para, virtualmente, regalarles nuestras riquezas petroleras y mineras. Partido que enarbolaba un programa presuntamente progresista y avanzado, pero cuya dirección no tuvo el más mínimo escrúpulo en aliarse con militares fascistas para derrocar al presidente más progresista y democrático habido en Venezuela como lo fue el del general Isaías Medina Angarita.

David Morales Bello, jefe de la llamada ‘Tribu de David’, mafia extorsionadora de corrompidos abogados en el bufete del prestigioso delincuente en todos los gobiernos de la Cuarta República. Todos los caminos conducen a este torvo personaje como el que entregó a la criminal policía política del régimen dictatorial al secretario general de AD, Leonardo Ruíz Pineda.

Una delación o varias, dentro de aquel cuadro de antagónicas contradicciones para eliminar un rival político, no son imposibles. Si se analiza la conducta y presencia política que, por ejemplo tuvo David Morales Bello, pese al rechazo de Rómulo Betancourt, los altos cargos que ocupó en los diferentes gobiernos adecos durante la Cuarta República, nominado y elegido diputado y senador al Congreso de la República muchas veces en los casi 40 años de aquel negro período histórico que fue la Cuarta República. Un personaje siempre vinculado a los organismos de inteligencia del Estado, a las políticas de represión, persecución y tortura de los revolucionarios del PCV, del MIR, del VPN, de la izquierda de URD; que llegará, como lo hizo, a manifestar de viva voz, por los medios de comunicación, el 4 de febrero de 1992 una terrorífica consiga: “muerte a los golpistas”, para incitar al asesinato de Hugo Chávez y los militares que insurgieron en aquella fecha. Nada de extraño o sorprendente tendría, pues, que en efecto, ese torvo personaje hubiese delatado o entregado a Ruiz Pineda a la Seguridad Nacional y al gobierno de Pérez Jiménez, delación concebida por su o sus autores intelectuales incluso como una estrategia de largo plazo, después de la caída de MPJ, que no necesariamente implicase la entrega de todos los dirigentes que él conocía y sabía dónde se ocultaba; no es totalmente descabellado lo dicho al respecto por Pérez Jiménez. Es decir, Morales Bello pudo ser un doble agente, jugar a la cuerda floja como se decía o dice en el argot del espionaje.

Al respecto de esta reflexión cabe, para fortalecerla, reproducir aquí el criterio y análisis que hizo el camarada Juan Bautista Fuenmayor al referirse a la posibilidad de que en verdad Ruiz Pineda haya sido entregado, delatado como afirmaron Pedro Estrada y Pérez Jiménez en las entrevistas al profesor Blanco Muñoz. Claro, Fuenmayor se refiere a una organización donde algunos de sus grupos han perdido la ética, los principios, y de eso, precisamente, carecían Morales Bello y Betancourt.

“Cuando un partido se encuentra intensamente dividido, enfrentándose agriamente dos o más fracciones que aspiran a la jefatura suprema y a instaurar otra línea política distinta, es perfectamente posible que se produzcan delaciones destinadas a eliminar al más importante de los oponentes. Esto, y no otra cosa, es lo que indica la experiencia histórica. A esto se debió que, entre los exiliados venezolanos en distintos países de América circulara la noticia de que el asesinato de Ruiz Pineda había sido planificado previamente en el extranjero por obra de sus más encarnizados enemigos. No existe, desde luego, ninguna prueba directa de este hecho, y, por ello, no pasa de ser una hipótesis. Fuese cual fuese la verdad sobre el particular, es lo cierto que la desaparición física del doctor Leonardo Ruiz Pineda permitió resolver momentáneamente el problema interno de Acción Democrática, a favor del grupo que jefaturaba el ex Presidente Rómulo Betancourt, y decimos que momentáneamente, porque, una vez derrocado Pérez Jiménez en 1958, de nuevo se suscitó el problema sobre quién debía dirigir el partido Acción Democrática, si debía ser Sáez Mérida que lo venía dirigiendo en la clandestinidad con una línea izquierdista, o Rómulo Betancourt que acababa de regresar del exilio, representante de las tendencias derechistas. Como veremos después, Betancourt logró imponerse utilizando los mil recursos que él sabe poner en juego en estos casos”.19

EL ABSTENCIONISMO DE AD Y LAS ELECCIONES QUE DERROTAN A PÉREZ JIMÉNEZ

AD estaba tan convencida de que la vía política era lograr una salida de corte militar, que en un año intentó más de cuatro alzamientos. Pese a la amplitud que comenzaba a ganar a Leonardo Ruiz Pineda, a que objetiva y realistamente era necesario un acercamiento a otras fuerzas políticas como el PCV y URD, como también sectores independientes influyentes, no supo apreciar, como se ha señalado, los cambios habidos en el país y el estado de ánimo de las masas, incluidas las influenciadas por AD que no eran pocas, que no sólo no acataron la línea de abstención electoral propuesta por AD en un manifiesto firmado por Ruiz Pineda y Betancourt, sino que incluso los derrotaron políticamente.

Hasta ese momento el cuadro de las contradicciones sociales y la correlación de fuerzas no favorecía al dictador, eso se demuestra con la actitud del pueblo, que pese a cuatro años de feroz dictadura y de las obras de infraestructura creadas por el régimen, acudió masivamente a las urnas y sufragó mayoritariamente por Jóvito Villalba y URD.

Desde septiembre de 1952 circula el referido manifiesto de AD llamando a la abstención y proponiendo la formación de un frente que presione y obligue al gobierno a desistir de un proceso electoral sin garantías, pero con el telón de fondo de una nueva intentona golpista eso parece un pretexto que a la vez no aísle a AD de las restantes fuerzas políticas dispuestas a participar en el proceso. Leamos fragmentos del comunicado de AD.

“La opinión pública sabe que la farsa electoral en puertas, destinada a legalizar la dictadura del Coronel Pérez Jiménez y a hacer posible la venta a jirones de nuestra Patria al mejor postor, no constituirá una libre consulta popular. Será una bochornosa burla a esa soberana voluntad…”, señala una parte del documento abstencionista de AD.20

En un asombroso gesto aislacionista, de espaldas a la realidad, concluyen:

“Por todas estas razones, el Partido Acción Democrática asume la plena responsabilidad histórica de declarar que se abstiene de concurrir al proceso electoral de la Junta de Gobierno y de señalarle a sus militantes y adherentes la obligación de no depositar su voto por ningún candidato o lista de candidatos, planchas o combinación de planchas, de ninguna Organización partidista o Agrupación electoral.”21

Pocas voces dentro de la dirección clandestina de AD se oponen o critican la línea política adoptada por el CEN.
Los sucesivos fracasos de los intentos de promover alzamientos militares contra el régimen, promovidos por la dirección de AD y en donde Ruiz Pineda y Carvenali están comprometidos a fondo con ellos, pues ellos son los orfebres que han tejido toda esa compleja madeja golpista. Más los golpes asestados contra el partido por los aparatos represivos de la dictadura, que han llevado al presidio, a la cámara de torturas, al exilio o a la muerte a no pocos dirigentes nacionales y medios, producen fuertes críticas de los sectores juveniles y sindicales contra la Dirección Nacional a la que acusan de aventurera, puchista, de poner al partido a actuar de espaldas a las masas y otros señalamientos que se imbrican con críticas políticas ya no sólo al carácter errado de la táctica del momento, sino críticas de corte doctrinario, teórico, de la pérdida por parte de partido de la teoría revolucionaria.

Voces como las de Simón Sáez Mérida, Celia Jiménez, Rómulo Henríquez, Hugo Guillén y otros más de parte de organismos juveniles y estudiantiles, y de dirigentes medios como José Vicente Abreu, miembro del CES de Caracas, plantean contradicciones de fondo que no tienen respuesta organizativa en esos momentos pero que serán capitales para el futuro pues esas voces críticas emergerán, a partir de 1956, con fuerza y asumirán las riendas de la conducción de AD en la clandestinidad, dándose la posibilidad de conformar una alianza con el PCV, crecido en la adversidad y con un aparato organizativo más homogéneo y combativo que de la misma AD, partido golpeado, debilitado y de capa caída. Un PC y una JC que presentarán una estrategia unitaria antidictatorial en torno a la cual se nuclearán básicamente todas las fuerzas antidictadura, política que se plasmará, entre otras, en la Junta Patriótica.

Todo el año de 1951 y 1952 son de intentos golpistas por parte de la dirección de AD y todos fallan. Es evidente, ya lo hemos señalado, que hay un inicio de apertura que apuntan hacia alianzas políticas entre AD, el PCV y URD. De hecho Ruiz Pineda y Carnevali derrotan la política anticomunista y segregacionista que desde el exterior preconiza Betancourt, dándose los primeros contactos y reuniones entre AD y el PCV. Pero esa es una política incipiente que tenderá a profundizarse no sólo después de la oleada de fracasos en las políticas golpistas de AD, sino después de dos grandes acontecimientos: la ya señalada y nunca totalmente aclarada para la historia, muerte de Leonardo Ruiz Pineda; el otro será el error descomunal de la dirección adeca de llamar a la abstención en las elecciones de noviembre de 1952, hechos que tendrán un altísimo costo político para AD.

Hay que tomar en cuenta, sin embargo, que el pueblo sufragó masivamente por URD y por Jóvito Villalba para presidente, ignorando la línea abstencionista de AD. A escasos nueve días del asesinato de Ruiz Pineda, Carnevali intenta, muy tardíamente, darle un viraje a esa errada posición, pero la política abstencionista está en la calle desde hace mucho tiempo, las comunicaciones y el contacto con la gente es dificultosa y el proceso electoral inminente. Será el pueblo quien dirá la última palabra al sufragar masivamente por la fórmula que ofrece una mejor salida a la cuestión democrática, pese incluso a ellos mismos: URD. El pueblo derrotó a la tiranía en sus intentos por legitimar el régimen de facto, terrorista y entreguista; pero derrotó también a Rómulo Betancourt y a la errada política de AD.
El viraje comienza a darse en AD y sus políticas bajo la conducción de Carnevali en los mismos días próximos a las elecciones del 52, cuando se conforma el Frente Nacional de la Resistencia, acuerdo para defender los resultados de las elecciones; dicho Frente está integrado por gente del PCV, URD y AD, siendo sus representantes: Guillermo García Ponce y Bruzual Acuña, por el PCV; Humberto Bártoli y Juan Manuel Dominguez Chacín, por URD; Simón Alberto Consalvi, por AD.
El Frente Nacional de la Resistencia convoca a diversas acciones de masas, entre estas una manifestación en El Silencio, en el centro de Caracas, para exigir el respeto de los resultados de las elecciones del 30 de noviembre; pero ya el gobierno dictatorial ha tomado la zona céntrica y cuando aparecen los primeros manifestantes y se da el inicio de la protesta, comienza el fuego nutrido de la GN, la SN y otros cuerpos policiales y cae abatido el militante comunista Felix Castillo.
A principios de 1953 el líder de AD, Alberto Carnevali, se reúne con el PCV, representado por Pompeyo Márquez, secretario general encargado. Le plantea, autocríticamente, que AD viene de regreso de las ilusiones golpistas. Le explica que una conspiración sin pueblo es contraproducente para el país y que era preciso crear un frente que movilice fundamentalmente obreros y campesinos. Es preciso aislar a la dictadura, separar en la burguesía a sus sectores entreguistas que apuntalan al régimen y los que se enfrentan al imperialismo. Es fundamental para esa etapa de la lucha la unidad entre AD, URD y el PCV. A nombre de AD, Carnevali propone que los tres partidos suscriban un documento, un llamado a la unidad y el compromiso de las organizaciones antes el país, de cumplirlo.
Márquez y Carnevali se vuelven a entrevistar –el primero llevado ante el segundo por Simón Alberto Consalvi– y de allí salió un proyecto de manifiesto que no alcanzó la luz. El líder de AD, luego de esa reunión, cae preso por la SN.

En septiembre de 1956 la SN asesta un golpe demoledor a AD. Más de 200 activistas entre dirigentes y militantes caen presos. Virtualmente el gobierno ha desmantelado al partido. El temporal vacío es ocupado, entonces, por una generación de relevo que se ha formado fundamentalmente en universidades y liceos de la capital. Esa nueva generación dirigente de AD pasa a la escena política imbuida de un radicalismo a tono con la modernidad de la historia mundial de ese momento: la lucha nacional liberadora del Vietnam que lucha contra el colonialismo francés; la gesta heroica del pueblo cubano que lucha en la Sierra Maestra con Fidel Castro a la cabeza contra la cruel tiranía de Fulgencio Batista; la explosión nacionalista del Medio Oriente en la gesta del líder egipcio Gamal Abdel Nasser y el sentir como propia la bofetada a los pueblos que significa la invasión del imperialismo inglés del Canal de Suez.

Esa generación, que en parte va a las filas del PCV y otra a las de AD, cree que esos partidos podrán impulsar la revolución nacional que insurge en América Latina con las lucha del Movimiento 26 de Julio que comanda Fidel, y otras importantes luchas en el África, Asia y América latina. La fama del líder ausente, exiliado o el espejismo de una democracia y sus libertades en abstracto, no son elementos que halaguen la vanidad de esa generación que comienza a ocupar posiciones dirigentes. El imán que atrae con fuerza a esos nuevos sectores políticos es la posibilidad de un cambio en las estructuras del país, acabar con el latifundio y la dominación imperialista en la economía.

De 1954 a 1957 una pléyade de jóvenes rebeldes empapan sus búsquedas ideológicas y prácticas en el estudio teórico de las páginas siempre clandestinas del marxismo redentor y de las enseñanzas del bolchevismo leninista. La preocupación por el marxismo para Simón Sáez Mérida, será:

“… una preocupación intelectual muy seria en nosotros, que venía incluso antes de ser adecos. Yo me hago adeco en el año 49. Y era estudiante del Pedagógico desde el año 47.

Y además, nosotros dentro de AD no resultábamos marxistas ortodoxos. No fue tampoco una moda o un frenesí, sino una preocupación seria. Y tratábamos siempre de descubrir los compromisos que con el marxismo había tenido la vieja guardia. Por lo menos a partir de aquella expresión de Betancourt de que el marxismo había que meterlo con vaselina en Venezuela, hasta los compromisos formales que alguna otra gente de AD asumió en algún momento, en cuanto a que la teoría marxista era el soporte teórico del proyecto de AD.”22
“La izquierda, dentro de Acción Democrática, se fue formando espontáneamente, debido al descontento de muchos jóvenes con la gestión y las orientaciones de los viejos dirigentes que estaban en el exterior. Eran frecuentes los choques por la orientación que venía de afuera y la que se generaba en el país. Ese desacierto de la orientación que trazaban los viejos dirigentes, y la cual querían imponer por encima de quienes estaban dirigiendo el proceso aquí, generó un extenso y espontáneo entendimiento que impulsó y llevó a conformar la izquierda en AD. De modo que nadie dirigió ese proceso. No se podría decir que el surgimiento de la izquierda dentro de AD fue obra del Partido Comunista, por ejemplo. Porque incluso jóvenes que evolucionaron rápidamente, desde el punto de vista ideológico, y llegaron a identificarse con la política y la orientación del PC y sencillamente pasaron de la juventud de AD al PC, como el Curro Guillén, Manuel Caballero y posteriormente José Vicente Abreu.”23

La tendencia de izquierda dentro de AD, durante la clandestinidad, era un proceso de construcción consciente, no sólo para deslindar de la ‘vieja guardia’, sino para tomar el control pleno del partido. Ese proceso se dio, simultáneamente, en Venezuela –cárceles y la clandestinidad– y en el exterior –Europa y América–.

“Cuando salí hacia Colombia, –dice Lino Martínez– a fines del 57, me encontré con que se estaban haciendo esfuerzos más serios y organizados para construir un movimiento de izquierda dentro de AD. Y en Barranquilla hubo varias reuniones donde participaron cuadros de la izquierda de AD, que coincidieron allí, antes de entrar al país. En Barranquilla coincidimos, en esa oportunidad, y en las mismas gestiones de creación del movimiento de izquierda, dentro de AD, Simón Sáez Mérida, Pedro Elías Hernández, Gumersindo Rodríguez, José Marcano, Roberto Hostos Poleo, Gilberto Morillo”.
“Nuestro propósito era enfrentar a la derecha, entrar al país, dirigir a Acción Democrática con posiciones de izquierda. Vamos a decirlo con palabras gruesas: cogerse a Acción Democrática, al partido, quitárselo a la derecha… Prácticamente allí (en Barranquilla) se constituyó una fracción de izquierda de AD, y se tomó la decisión de que todos los integrantes de la izquierda de AD tenían que entrar al país. Eso marcaba una diferencia notable con la gente de la derecha, que trataba de eludir entrar al país por miedo o por comodidad.”24

“Al mismo tiempo, otras individualidades de la izquierda de AD estaban repitiendo nuestras experiencias. Se estaban organizando, dándose pautas, adquiriendo compromisos. Me refiero a Américo Martín, Moisés Moleiro, Vladimir Acosta, Jesús Petit, y otros que estaban aquí en Caracas, y que formaban la dirección juvenil de ese momento. En otros sitios, en Europa, entiendo que había otros núcleos. También en las cárceles había otra gente de izquierda, en la cárcel de Ciudad Bolívar, creo que uno de ellos era Ramón Quijada. La gente de derecha tenía actitudes que los diferenciaba radicalmente de la gente de la izquierda, era una actitud elitesca, aristocratizante dentro de la política que contrastaba con la actitud mucho más sencilla, humilde y popular, más campechana de la gente de la izquierda.”25

Son otros hombres y mujeres en otra época, otro momento histórico y con inquietudes intelectuales renovadas y frescas, quienes con su actitud y sus búsquedas superan el practicismo y el empirismo de una enorme masa de personas que en el pasado dirigieron al partido y no pocas veces sólo siguieron hombres, ‘caudillos’.
Esas características le imprimirán un carácter distinto a la visión del joven y nuevo liderazgo de AD, carente en lo fundamental del espíritu sectario y el anticomunista que hasta la muerte acompañó a Betancourt.

Por eso, cuando la dirección del PCV concibe, a partir de una visión relativamente menos rígida de la política nacional y a partir, también, de una concepción organizativa menos de secta de conjurados, menos auto suficiente y más de partido que ve la política en términos flexibles, más rigurosamente científicos, la creación de un organismo amplio, unitario, que reúna todas las fuerzas antidictadura, está interpretando el sentir de los sectores más lúcidos y sensibles del país, incluyendo a líderes de AD como Pinto Salinas y Carnevali, quienes cinco años atrás habían concebido la idea unitaria que en esa época fue ahogada dentro de AD por el sectarismo del betancurismo que la aplastó, en definitiva, con su soberbia, errores y terrorismo ideológico.
Lo acertado de las políticas planteadas por el XIII Pleno del PCV es de inmediato entendida por los sectores más lúcidos y progresistas de URD (Fabricio Ojeda, José Vicente Rangel, Amilcar Gómez, etc.), quienes igualmente enfrentan las posiciones derechistas y sectarias de su líder Jóvito Villalba, quien desde New York, en marzo del año 1957 habla de una posible unidad en Venezuela de todos los sectores con la exclusión del PCV.

Dos partidos arrancan, pues, con la formación de la Junta Patriótica: PCV y URD. En AD, los planteamientos de sumarse a la recién fundada Junta Patriótica que le ha hecho la dirección del PCV y por la de URD tienen diversos alcances y las luchas internas alcanzan su clímax cuando es abiertamente derrotada la posición sectaria y torpe de Betancourt, quien la ha expresado en una conferencia pública en New York en enero de 1957, cocinando como está con los magnates de Wall Stree como Rocquefeller, el empresario venezolano Eugenio Mendoza, las cúpulas derechistas de URD y Copei, el Pacto de New York, rebautizado después como Pacto de Punto Fijo, nombre de la casa de Rafael Caldera, en la urbanización Los Chorros, donde se reúnen los líderes de los tres partidos.

Ese Pacto será la línea política con la cual la burguesía criolla y el imperialismo enfrentarán al pueblo durante todo el año ‘58 y durante todos los 40 años de democracia frustrada, frenarán el desarrollo y la profundización de la democracia popular por la que luchó el pueblo, e impondrán un aberrante esquema de capitalismo dependiente, neo colonial heredado del régimen perezjimenizta y al cual le darán un barniz de rasgos democráticos que vino a ser la expresión última y caricaturesca de las conquistas populares, como también lo fue la Constitución Nacional de 1961, que cuando se discute y aprueba el país tenía las garantías constitucionales suspendidas; una Constitución que al decir del dirigente comunista Jesús Faría, nació desvirgada. La Junta Patriótica, ese ‘menestrón’ como la llamaba sarcásticamente Betancourt, tendría su momento para ajustarle las cuentas e ir para la revancha que le cobraría el flamante presidente a los ‘cabezas calientes’ del MIR que en el 57 lo derrotaron con su política anti sectaria y también a sus aliados comunistas.
Por fin, en agosto de 1957, se incorpora AD a la Junta patriótica, en la presencia del dirigente sindical Moisés Gamero, quien sería sustituido por Silvestre Ortiz Bucarán.

Citas y bibliografía consultada

  1. RANGEL, Domingo Alberto, La Revolución de las Fantasías, p. 16, Tipografía ‘Principios’, Caracas, 1966
  2. GARCÍA PONCE, Guillermo, CAMACHO BARRIOS, Francisco, El Diario desconocido de una dictadura, p. 8
  3. MOLEIRO, Moisés, El Partido del Pueblo, p. 148-149, Editores Vadel Hermanos, Valencia, Venezuela, 1978.

4 SÁEZ MÉRIDA, Simón, La cara oculta de Rómulo Betancourt, el proyecto invasor de Venezuela por tropas norteamericanas, p 267. Fondo Editorial ALMARGEN, 2ª Edición, Caracas 1998.

5 ACUÑA, Guido, Cuando mataron a Ruiz Pineda, p 477/478, Ediciones Rafael Arévalo González. 1977, Caracas.

6 ACUÑA, Guido, Ob. cit., p 478/479.

7 GARCÍA PONCE, Guillermo, CAMACHO BARRIOS, Francisco, Ob. cit. p. 86-87.

8 MOLEIRO, Moisés, cita del libro, Los Adecos, de Guido Acuña, en su libro: El Partido del Pueblo.

9 FUENMAYOR, Juan Bautista, Historia de la Venezuela Política, 1899 – 1969, Tomo IX, Capítulo IX, La policía secreta del Gobierno asesina a balazos al Doctor Leonardo Ruiz Pineda, p 303/304, Caracas, 1982, sin pie editorial.

10 ACUÑA, Guido, Cuando mataron a Ruiz Pineda, pág. 423/424, Ediciones Rafael Arévalo González, Editorial Pomaire, 3ª edición, Caracas,1990.

11 MOLEIRO, Moisés, El Partido del Pueblo, Crónica de un fraude, pág. 151, Editores Vadel hermanos, Valencia, 1978.

12 ACUÑA, Guido, ob. cit., pág. 509/510.

13 BLANCO MUÑOZ, Agustín, Pedro Estrada habló, págs. 167/168, ediciones del Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la UCV, Serie Expediente, Caracas, 1983.
14 ACUÑA, Guido, ob. cit., pág. 532.

15 BLANCO MUÑOZ, Agustín, Así habla el general, pág. 117, ediciones del Consejo de Desarrollo Científico

16 BLANCO MUÑOZ, Agustín, Así habla el general, pág. 120.

17 Diario La Esfera, 23 de octubre de 1952.

18 ACUÑA, Guido, ob. cit., pág. 479/480.

19 FUENMAYOR, Juan Bautista, Historia de la Venezuela Política, 1899 – 1969, Tomo IX, Capítulo IX, La policía secreta del Gobierno asesina a balazos al Doctor Leonardo Ruiz Pineda, p 309.

20 GARCÍA PONCE, Guillermo, CAMACHO BARRIOS, Francisco, El diario desconocido de una dictadura, Capítulo La muerte de un ruiseñor, p. 107, Publicaciones Seleven, Caracas, 1980.

21 GARCÍA PONCE, Guillermo, CAMACHO BARRIOS, Francisco, Ob. cit., p 107

22 BLANCO MUÑOZ, Agustín, La izquierda revolucionaria insurge, entrevista a Simón Saez Mérida, p. 129/130. Serie Expediente, ediciones división de publicaciones de la FACES, UCV, Caracas 1982.

23 BLANCO MUÑOZ, Agustín, La lucha armada, entrevista a Lino Martínez, p. 14. Serie Expediente, ediciones división de publicaciones de la FACES, UCV, Caracas 1982.

24 BLANCO MUÑOZ, Agustín, La lucha armada, entrevista a Lino Martínez, p. 17.

25 BLANCO MUÑOZ, Agustín, La lucha armada, entrevista a Lino Martínez, p.18.

 

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