EL APAGÓN A PROPÓSITO DE CORPOELEC

Momentos en que el Presidente Nicolás Maduro le entrega a los trabajadores de Corpoelec en el Guri, la réplica de la espada del Libertador Simón Bolívar, en reconocimiento a la heroica y abnegada lucha que los trabajadores eléctricos desempeñaron para vencer el sabotaje al sistema eléctrico venezolano desde los Estados Unidos.

Otto Van der Velde Quijada

Exclusivo del autor para la Revista Caracola

Por paradoja los apagones han arrojado buena luz sobre la importancia estratégica de CORPOELEC y la clase obrera. El gobierno bolivariano de Maduro, pero también la opinión pública, reconocen la <heroica labor> de los trabajadores eléctricos. Una verdad que no es nueva, basta ver por el retrovisor del tiempo algo de nuestra historia reciente para constatar la importancia no sólo teórica sino literalmente práctica que juega el movimiento proletario en el desarrollo de las fuerzas productivas del siglo 21, en particular, dentro del proceso revolucionario venezolano.

Al decir esto no pensamos en la famosa huelga petrolera del 36, sino en hechos más reciente como el salvamento de la producción petrolera de PDVSA, durante el gobierno bolivariano del presidente Chávez a raíz del golpe del 11 de abril de 2002 acaudillado por el neofascista Carmona Estanga, dirigente de FEDECAMARAS-VENAMCHAM, cuyos tentáculos alcanzaron  el paro bancario, las guarimbas, la huelga indefinida decretada por los adecos Ortega-Cova y el paro petrolero del 2003 promovido por el agente imperialista de Estados Unidos Luis Guiusti. La poderosa contra ofensiva popular del 13 de abril salvó al proceso revolucionario venezolano del exterminio físico. Esta secuencia de acciones reaccionarias del capital monopolista venezolano fueron derrotadas una atrás otra por la clase trabajadora y las masas.

Como estos hechos existen muchos grandes y pequeños actos heroicos de nuestra clase obrera. Las aproximadamente 500 y tantas empresas tomadas por los obreros y puestas en producción del <sistema Ronca> entre ellas grandes empresas como Lácteos los Andes o Válvula, Agro-patria y otras no menos importantes, en las que, a pesar del saboteo interno, la burocracia y la falta de planificación integral del Estado, los trabajadores han logrado mantener, e incluso en algunos casos superar, la quiebra forzada de dichas empresas dejada por un capital privado y público ineficiente y en decadencia, cuyos dueños y gerentes  han dejado el pelero estafando a trabajadores y gobierno, largándose al exterior con los fondos sociales de sus obreros El sistema bancario es proverbial en eso de desfalcar a sus trabajadores y usuarios.

De sólo considerar esta capacidad político-económica de clase obrera venezolana, demostrada en cada coyuntura provocada por la derecha, sería una gran lección y prueba en <tiempos revolucionarios> del nivel alcanzado por la lucha política de clases en Venezuela, así como la madurez de dirección y planificación alcanzada por el proletariado obrero-campesino.

El ministro fascista del gobierno norteamericano Johon Bolton coordinó y dirigió personalmente el masivo ataque eléctrico al cerebro de la central eléctrica del Guri que dejó sin luz a toda Venezuela.

Derivado de todo esto hay preguntas derivadas ¿Qué impide entonces que la clase trabajadora, hoy explotada y esquilmada por un capitalismo ineficiente, anárquico, en decadencia general, conduzca las ramas estratégicas de la producción en Venezuela? Si esa misma capacidad obrera yace en PDVSA, las empresas básicas de Guayana, en el campo agroindustrial venezolano y otras ramas de la economía ¿por qué no dirige la clase proletaria? ¿Quién va a creer el viejo cuento gomecista de que la clase trabajadora no entiende nada de planificación y dirección de empresas, que su papel es la del burro de carga? ¿Quedará satisfecho el proletariado con vacuos reconocimientos honoríficos, migajas compensatorias, cuando tiene ante sí la posibilidad de dirigir desde el poder popular obrero-campesino y comunal la política venezolana? Seguramente no.

Toda ayuda estatal es bienvenida, claro, pero no hablamos de eso, hablamos del objetivo histórico del proletariado en la formación del Estado-gobierno y la economía. Hablamos del poder proletario y sus aliados campesinos y comunales, de su capacidad demostrada, de que siendo la clase obrera, con su fuerza de trabajo, quien produce, planifica, distribuye la producción del país, debe dirigirla y está en capacidad de hacerlo. De eso hablamos si realmente queremos dar un vuelco a la peligrosa situación política actual, motorizada por un imperialismo y una derecha dispuesta a todo por echarle mano a los recursos naturales venezolano.

Los trabajadores de Corpoelec alcanzaron el estatus de héroes nacionales por su extraordinaria labor técnica y política al enfrentar el brutal ataque y sabotaje al sistema eléctrico venezolano.

El caso concreto de los trabajadores de Corpoelec es un buen ejemplo. No sólo <salvaron> la situación política del gobierno bolivariano de Maduro ante el sabotaje eléctrico organizado por los imperialistas y sus socios, sino que también salvaron la economía. Lo hicieron, así como ayer durante el sabotaje petrolero y el paro bancario; fue la clase obrera petrolera y del gas al frente de campesinos, comuneros y soldados los grandes actores de la victoria, hoy  los obreros eléctricos son los héroes de las jornadas antimperialistas por el socialismo.

Ahora bien, los trabajadores de CORPOELEC, sus sindicatos, por lo menos desde el 2014 vienen denunciando los problemas políticos, organizativos y técnicos por los que atraviesas la estratégica compañía consecuencia en general de las ineficientes gerencias de los civiles y militares que la han dirigido hasta ahora.

Por lo menos un abultado dossier de investigaciones y propuestas para el correcto manejo de dicha empresa han presentado en todos los niveles del gobierno a través de la dirección Sindical de CADAFE y la Federación, sin que haya habido, por simple educación, una respuesta oficial al proyecto obrero presentado; mucho menos un plan práctico ante las demandas no sólo técnicas sino también de reivindicaciones laborales que inevitablemente afecta la productividad de la empresa eléctrica, desde despido injustificados, jubilaciones forzadas y contratación colectiva inconclusa, hasta reducción de personal calificado por bajos salarios, violación del fuero sindical y amenazas privatizadoras por parte de los sectores neoliberales que dan vuelta alrededor de CORPOELEC.

A raíz del reciente sabotaje el sindicato CADAFE hizo pública nuevas propuestas para superar la crisis y estabilizar la red eléctrica nacional. Son 11 propuestas técnico-laboras de alta calificación, en las que sobresale la idea y el razonamiento del por qué los trabajadores y las directivas sindicales, están en perfecta condición y disposición de dirigir solos o en sociedad con el Estado, la estratégica empresa amenazada seriamente por los planes anexionistas de Washington y sus socios monopolistas locales. Definitivamente estamos frente a una gran oportunidad del gobierno bolivariano para demostrar con hechos irrebatibles lo que nacionalistas y socialistas declaran a diario sobre el poder popular, el nuevo Estado, el poder obrero-campesino-comunal y otras importantes consignas de lucha revolucionaria. El gobierno del presidente Maduro puede y está en la obligación de darle un giro a la situación política. El pueblo vota y se moviliza por un cambio de fondo no de formas y la clase obrera como clase autónoma debe estar al frente de ese cambio anticapitalista.

Igual que en otras empresas estratégicas, PDVSA, SIDOR, FETRATEL, CORPOELEC, SIDOR etc. la clase obrera, sus técnicos, administradores, las masas comunales urbanas y rurales, han demostrado sin lugar a dudas y a pesar de las falsificaciones que sobre el control obrero y la capacidad obrera hacen a diario los medios burgueses, su indeclinable conducta de clase revolucionaria en marcha con el actual proceso revolucionario, su capacidad, experiencia para dirigir la producción y controlar las empresas estratégicas públicas o privadas, constituyendo la garantía de que el saboteo, la anarquía de precios, el boicot del transporte y las corruptelas no entrarán si la clase proletaria está al frente de dichas empresas. El proletariado debe dirigir, está en capacidad de hacerlo. Esa, no otra, es la solución histórica ante el caos de la crisis capitalista y el reformismo que bate a la sociedad venezolana.

¿Por qué el gobierno bolivariano no da entonces una respuesta indiscutible de cambio rompiendo con el método de dirección burocrático individualista, que pésimo ha resultado dentro del estado nacionalista?

Como dice el pueblo no es justo acordarse de Santa Bárbara sólo cuando truena.

 

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