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EL 23 DE ENERO: LA GESTA PERDIDA

Integrantes de la Junta Patriótica: Fabricio Ojeda de URD, Presidente. Guillermo García Ponce del PCV, Silvestre Ortiz Bucarán de Acción Democrática (AD); y Enrique Aristeguieta Gramcko de Copei.

Humberto Gómez García

DE MI LIBRO:VENEZUELA CONTEMPORÁNEA LA GESTA PERDIDA

CAPITULOS VI, VII, VIII

EL ALZAMIENTO MILITAR DEL 1º DE ENERO DE 1958

En el año 57 se gestan en el seno del Ejército tres grandes movimientos conspirativos. El primero lo encabeza el Teniente Coronel Hugo Trejo, del Batallón Blindado “Bermúdez”. El otro movimiento lo encabeza el Mayor Martín Parada, de las Fuerzas Aéreas; y el tercero lo encabeza el Mayor Juan de Dios Moncada Vidal y se asienta en la Escuela Militar. Hay un cuarto movimiento, pero muy incipiente o en gestación en la Guardia Nacional, liderizado por los capitanes Pedro Vegas Castejón, Italo Brett Smith; los tenientes Rafael Lachica Marín, Felix Manuel Barrios Patiño, entre otros.

El plebiscito que impuso el dictador, aceleró esos procesos conspirativos, agudizó las contradicciones en el seno del Ejército y en sus diversas ramas. El enlace entre el grupo conspirativo que dirigía el Teniente Coronel Hugo Trejo y el de las Fuerzas Aéreas se torna bastante difícil, pero al fin Trejo y Parada coordinan la unificación de ambas conspiraciones.

Se llegan a acuerdos para cuando se derroque al tirano: creación del Ministerio del Aire; el Coronel Jesús María Castro León será el Ministro de la Defensa, y un representante de las Fuerzas Aéreas será representante de la Junta de Gobierno que surja del derrocamiento del tirano Pérez Jiménez. No se habla para nada de acuerdos con los civiles, con los partidos políticos que actúan en la clandestinidad cada vez más abiertamente, ni con la Junta Patriótica que dirige las luchas populares contra el régimen desde la clandestinidad.

El 29 de diciembre de 1957 los grupos militares fijan el 6 de enero como la fecha que le dará inicio a la insurrección, pero el gobierno detecta indicios de la conspiración y comienza a detener oficiales que supone comprometidos el 31 de diciembre, esta circunstancia hace que Trejo y su Estado Mayor decidan adelantar la fecha de la insurrección militar para la madrugada del 1º de enero de 1958. A las 5.45 a. m. despega el primer avión piloteado por el Mayor Edgar Suárez Mier y Terán. La Junta Patriótica nada sabe del alzamiento y en el PCV se reciben informaciones vagas sobre un movimiento militar en Maracay.
El movimiento militar carece de vínculos populares y sin la Junta Patriótica nadie puede llegar con fuerza a la voluntad nacional, ello queda evidenciado en el revés del alzamiento del 1º de enero. De haber tenido apoyo de masas, el giro de los acontecimientos hubiese sido otro como se demostró 23 días después.

Sin embargo el alzamiento del 1º de enero tiene el mérito de haber abierto la brecha más inesperada: Marcos Pérez Jiménez no cuenta con el apoyo de todo el Ejército, sus días están contados y, por otra parte, en el Ejército se expresa esa profunda división: por un lado la cúpula militar-terrorista de los generales corrompidos, por el otro, el resto de la institución que no quiere que el Ejército siga siendo instrumento de opresión del pueblo y de tiranía. Ya la tiranía no podrá expresarse a nombre de las Fuerzas Armadas, sólo le queda profundizar el terror contra la población -militares incluidos- y la represión fascista y asesina.

A partir del 1º de enero los acontecimientos adquieren nuevos bríos y se abren múltiples escenarios para la lucha de masas; la política gana totalmente la escena y el movimiento conspirativo, civil y militar, bulle con intensidad inusitada.

Se comienza a cosechar la rica siembra de todo el año 57. El trascendental XIII Pleno del CC del PCV que traza la política de unidad. La Pastoral del 1º de Mayo, que produce la ruptura de la cúpula eclesiástica con el tirano. La creación de la Junta Patriótica y la incorporación de AD en contra de lo que plantea Betancourt y la dirección derechista desde el exterior. Las luchas estudiantiles y juveniles y la huelga universitaria y liceísta del 21 de noviembre que estremece la nación, enfrentando la dictadura y su plebiscito: El fracaso del plebiscito y el triunfo del abstencionismo, contundente repudio popular al continuismo y a la farsa electoral. Los alzamientos militares del 1º de enero y las jornadas cívicas.

Serán las bases y los elementos que moralizarán al pueblo venezolano y lo hacen romper con el miedo a la represión policial-militar del régimen. En tan sólo meses y semanas el pueblo eleva su conciencia y su decisión de lucha. Ese pueblo aprendió en esos intensos meses algo importante: el régimen de terror que se instaló en Venezuela en 24 de noviembre de 1948 no era ni eterno ni todopoderoso. A partir de allí todo corre vertiginosamente y la Junta Patriótica se traza como objetivo principal el desarrollo de una actividad insurreccional combinada entre la propia Junta y los grupos conspiradores del Ejército; de una intensa agitación y movilización de masas que culmine, en su primera etapa, en la huelga general.

CAPITULO VII

¿POR QUÉ EL CONTRALMIRANTE WOLFGANG LARRAZÁBAL FORMÓ UN GOBIERNO CON PEREJIMENIZTAS Y NO CON LA JUNTA PATRIÓTICA NI CON LOS MILITARES REBELDES ALZADOS EL 1º DE ENERO DE 1958?

Tras la caída de Marcos Pérez jiménez, el 24 de enero de 1958 se constituye una junta de Gobierno presidida por el Comandante en Jefe de la Marina, Contralmirante Wolfgang Larrazábal. Los demás miembros de la junta fueron: el Comandante de las Fuerzas Armadas de Cooperación, Coronel Carlos Luis Araque, el Director de la Escuela Superior de Guerra, Coronel Pedro José Quevedo y por los coroneles Roberto Casanova y Abel Romero Villate. Estos dos últimos, perejimenistas confesos, el pueblo en la calle los obligáron a renunciar y fueron incorporados dos civiles representantes de la oligarquía: el empresario Eugenio Mendoza, y su testaferro Blas Lamberti. quienes renunciaron el 19 de mayo de 1958, siendo sustituidos por Edgar Sanabria y Arturo Sosa (h).

El domingo 19 de enero de 1958 se reúne la Junta Patriótica para ultimar detalles de la huelga general que comenzará el 21 de enero, dentro de dos escasos días, la misma comenzará con la huelga de la prensa.

Todo hace suponer que están próximas las batallas finales de la lucha contra la terrible dictadura militar que lleva diez años entronizada de manera absoluta en el poder. El triunfo de la insurrección popular se huele en el ambiente político y aún la dirección del PCV no ha discutido un plan de gobierno, la participación cuando menos de la Junta Patriótica, con la presencia posible de un representante suyo en el gobierno provisional que emerja del derrocamiento del tirano.

En la Junta Patriótica tampoco nadie tiene claro el problema del poder ni se toma la iniciativa en ese sentido. ¿A qué obedece esa falta de iniciativa de URD, AD y Copei? ¿Se había impuesto en la direcciones que dirigen la lucha en Venezuela, el criterio de las supra direcciones ubicadas en el exterior, aquellos dirigentes derechistas vinculados al gran capital y a los intereses norteamericanos que maniobraban desde afuera y discutían el problema del poder a partir del Pacto de New York, sectario y excluyente de los comunistas y del movimiento progresista? Hay una insólita humildad en muchos de aquellos hombres que raya en la estupidez, no hay vocación de poder ni tampoco parece existir un plan para formar un nuevo gobierno.

En ese mismo domingo de enero se reúne el Comité Cívico-Militar que integran, entre otros, el Dr. Oscar Centeno Lusinchi y Raúl Castro por el lado civil, y oficiales de la Marina de Guerra, la Escuela Militar y la Guardia Nacional para iniciar una insurrección militar que se debería producir a las 12 de la noche del día 21 de enero, día que estallaría la huelga general convocada por la Junta Patriótica.

En esa crucial reunión se discute la formación del nuevo gobierno que quedará integrado por un militar, y ese será el Contralmirante Wolfgang Larrazábal, más dos civiles, que no son integrantes de la Junta Patriótica: Manuel Egaña y Pedro Emilio Herrera. Estas dos personas serían descartadas con posterioridad por haber ocupado posiciones en el gobierno de Pérez Jiménez. Los militares rebeldes coordinan con la Junta Patriótica la decisiva batalla a través de Fabricio Ojeda (URD) y Héctor Rodríguez Bauza (PCV), pero, hechos los locos, nada plantean de la formación del nuevo gobierno donde esté representada la Junta Patriótica; pero lo más asombroso es que estos representantes ni se dan por aludidos ni plantean el problema del poder.

El Contralmirante Larrazábal llega de esa forma, a ser Presidente de la Junta de Gobierno por ser el oficial de más alta graduación y tener el apoyo de un significativo grupo de oficiales. En comparación con otros militares –Hugo Trejo, por ejemplo– y ni se diga de civiles como Guillermo García Ponce, Fabricio Ojeda, José Vicente Rangel, Moisés Moleiro, Simón Sáez Mérida, etc., etc., su participación en la lucha por el derrocamiento de la dictadura es más bien modesta, aun cuando en modo alguno desestimable el peso que su posición tiene al decidir el compromiso de enfrentar a Pérez Jiménez, hecho que contribuye a dar el puntillazo final al dictador, pues compromete a una importantísima rama del Ejército, la Marina de Guerra.

Pero de la misma forma es válido el señalamiento para muchos militares de otras ramas de las Fuerzas Armadas que lo arriesgaron todo y que muy poco o nada se los tomó en cuenta para la tarea de formar el nuevo gobierno, nombramos el Coronel Hugo Trejo como uno de esos patéticos e injustos casos.

El coronel Hugo Trejo, fue uno de los iniciadores del derrocamiento de Marcos Përez Jiménez, pero al que se le dio un trato vil y nunca se le reconoció su enorme esfuerzo político e histórico.

Del análisis de los acontecimientos de entonces se puede pensar que el Contralmirante Larrazábal soslaya de manera evidente todas las negociaciones, luchas y méritos tanto del Comité Cívico-Militar como de la Junta Patriótica para derrocar al tirano. No los toma en cuenta para nada, ni siquiera los consulta a la hora de conformar el nuevo gobierno, sino que buscó a dos perezjimeniztas como lo eran Roberto Casanova y Romero Villate.

¿Por qué hace eso Larrazábal? ¿Por confusión al desconocer que esas dos personas no estaban en los planes del Comité Cívico-Militar y del resto de los militares insurrectos? ¿Es descabellado considerar que hubo, entonces, un intento de contra golpe dirigido a los militares que depositaron en Larrazábal su confianza para darle continuidad a un nuevo tipo de régimen militar? ¿Por qué a Larrazábal no se le ocurrió incluir civiles, a miembros de la Junta Patriótica, en el momento de constituir la Junta de Gobierno?

Es absolutamente inexplicable la conducta militarista de Larrazábal, incluso con visos perejimeniztas al incluir a dos connotados representantes del tirano en la Junta. ¿Hubo algún acuerdo con el tirano o con sectores militares que les eran afecto pero entendían que ya él no podía seguir en el poder, pero quizás ellos sí a través de interpuesta persona?

Allí hay un interregno oscuro, históricamente velado, no lo suficientemente aclarado para la posteridad.

Evidentemente que la conformación de la primera Junta de Gobierno fue o un error o una maniobra postrera del perezjimenizmo sin Pérez Jiménez, que no pudo prosperar por dos razones básicas. La primera, es que la presencia de Casanova y Romero Villate era la continuidad del régimen depuesto. La segunda, es que la sola presencia de militares en la Junta era prolongar el militarismo que padeció el país durante diez años. Eso nos lleva a preguntar: ¿No se daba cuenta Larrazábal del paso que estaba dando, tan obtuso era políticamente, o esa maniobra obedecía a un determinado compromiso suyo con el régimen agónico, con la oligarquía perejimenizta que lanzaba ese globo para ver qué podría ocurrir?
La situación cambió en menos de 24 horas. En primer término porque el auge revolucionario del pueblo, su presencia multitudinaria en las calles de Caracas y Venezuela, cambia total y radicalmente la correlación de fuerzas políticas en el país, y esas masas en la calle impusieron la salida de los dos representantes del tirano en la Junta de Gobierno y permitió el ingreso de civiles a la misma.

Los militares insurrectos, ganados como estaban por ideales democráticos y revolucionarios no pocos de ellos; deseosos de un cambio en el rumbo del país, participan del sentimiento del pueblo y le plantean a Larrazábal la salida de Casanova y Romero Villate, pero, por ingenuidad política o desconocimiento de la realidad de las clases sociales o un excesivo culto a las formas, al juego de las apariencias, propusieron a un representante de la burguesía más rancia del país, Eugenio Mendoza, el mismo personaje que aumentó su fortuna con los negociados bajo el régimen tiránico. Igualmente incluyeron a un empleado suyo, Blas Lamberti. Fue el ‘Gabinete Cadillac’, como lo bautizó el pueblo venezolano entonces.

Pero a esos militares no se les ocurrió proponerle a Larrazábal que la Junta Patriótica estuviese presente en el gobierno, como tampoco la directiva de la JP, que en la calle dirigía al pueblo y formaba de hecho un gobierno paralelo y acababa con sus acción de masas de sacar a dos perejimeniztas de la Junta de Gobierno y probablemente conjurado un contragolpe, tampoco se le ocurrió plantear su presencia en el gobierno.

En cuanto al PCV, con todo el poder, peso e influencia política que tenía y que crecía minuto a minuto, tampoco maduró en esos días y sostuvo una posición igual, no plantea su ingreso a la Junta de Gobierno y acepta mansamente la presencia de la burguesía, aliada del imperialismo, en la Junta de Gobierno.

CAPITULO VIII

EL 23 DE ENERO: LA GESTA PERDIDA

Portada de la edición extraordinaria del periódico El Nacional anunciando el fin de la tiranía.

 

El triunfo de la formidable insurrección popular-militar del 23 de Enero, producida en el marco de la huelga general decretada por la Junta Patriótica, trastrocó en gran medida los mecanismos de poder de las clases dominantes y del imperialismo yanqui y puso a las fuerzas revolucionarias, en primer término al PCV y en segundo, a la importante ala izquierdista de AD, impregnada de populismo y socialdemocratismo progresista tapizado en no pocos casos por un marxismo-leninismo testimonial, y un sector importante de URD donde se destacó el mártir Fabricio Ojeda, ante la posibilidad si no de tomar el poder, por lo menos de ponerse al frente del más importante movimiento de masas en la Venezuela contemporánea, que condujera al país si no hacia un gobierno socialista, por lo menos hacia un gobierno patriótico y popular, una administración honesta, con moral, que con la ejecutoria de un programa nacional liberador fracturara la dominación extranjera, norteamericana e inglesa.

Se abría un marco inmenso de posibilidades donde las condiciones objetivas, la realidad de aquella profunda crisis política, histórica permitiera una reformulación de toda la concepción sobre el problema del poder para los sectores históricamente oprimidos por el imperialismo y sus aliados de la burguesía comercial-importadora.

Que la posibilidad de un poder popular abriera a la nación un período histórico de democracia social avanzada, de democracia directa, participativa consustanciada profundamente con nuestro ser nacional, latinoamericano y caribeño en el sentido más bolivariano y marxista posible, inequívocamente antimperialista y enfrentara, con las masas en la calle y organizadas en instrumentos de poder controlados por ellas, las tendencias de la burguesía y sus partidos –AD, Copei, URD– a instaurar una democracia burguesa, representativa, democracia dependiente, neo colonial a desarrollarse con la misma infraestructura administrativa, ideológica, legal, policial y organizativa de un Estado mastodóntico, petrolero rentista, construido por las dictaduras vividas en el presente siglo, amamantadas por el imperialismo inglés, holandés y norteamericano.

A esa democracia formalista, que deliberadamente confundirá conquistas democráticas (libertad de expresión, organización, etc.) con la democracia propiamente dicha, había que oponerle una democracia que nacía en las luchas de calles, en las barricadas, en la violencia revolucionaria del pueblo que dejó en el camino libertario decenas de muertos y heridos.

Las masas populares insurrectas, permanentemente en la calle, buscando su destino, históricamente buscado desde la Revolución de Gual y España en 1797, el proceso pre independentista de 1810, con la Sociedad Patriótica de tribuna revolucionaria; con la gesta libertaria de un pueblo que se traduce en la formación de una poderosa y gran nación, la Gran Colombia; el proceso de tierra y justicia social que expresa el pueblo durante la Guerra Federal con el General Ezequiel Zamora al frente, las jornadas de 1928, las jornadas del ‘36, el gobierno patriótico del general Isaías Medina Angarita, el 23 de enero de 1958.

Esas masas marcaron muchos de los rumbos de la dirección revolucionaria, pero la vanguardia no estuvo a la altura de las circunstancias y eso le permitió a las clases dominantes trazarse una política de auto fortalecimiento, de reconquistar el poder y de intentar descabezar el movimiento revolucionario y de represión a fondo del pueblo como fórmula de contención de un futuro vendaval político, económico y social que veían venir con una recesión económica en puertas. La conocida brutal represión a la primera manifestación de ese recién estrenado período adeco-betancurista, marcha de desempleados que fue ahogada en sangre y cobró una cuota de muertos y heridos y presos, ya era una muestra de lo que vendría en los próximos tiempos.

Es indiscutible que el 23 de Enero de 1958 le abría a Venezuela unas inmensas posibilidades de desarrollo independiente y soberano como no la había tenido nunca, de indiscutibles avances revolucionarios. Nunca como en esos días estuvieron dadas las llamadas condiciones revolucionarias para el asalto al poder por parte de las grandes masas populares: los de arriba ya no podían controlar la crisis ni a las masas insurrectas, y los de abajo ya no querían el dominio de los de arriba, para decirlo con las frases admirables de Vladimir Ilich Lenin cuando caracterizó el momento preciso de la revolución rusa en 1917.

Pero esas posibilidades se frustraron, la revolución venezolana se frustró. Ni la dirección del PCV ni la izquierdista dirección de AD como tampoco los oficiales militares, comunistas o, en todo caso, revolucionarios que ya los había en cierta cuantía en aquella época, entendieron que con el dominio político de las masas populares que habían tomado la calle, las armas dispuestas a defender al pueblo, con la Junta Patriótica como poder alterno al poder ‘oficial’, nada podrían hacer las clases dominantes a no ser solicitar de los Estados Unidos del Norte una invasión al país.

El camino estaba abierto en aquella encrucijada histórica; la otra vía conduciría al camino de más depauperación, desnacionalización, entrega del patrimonio nacional al capital monopolista extranjero, atraso social, corrupción a granel y a todos los niveles, crímenes, violencia, torturas en las policías, latrocinio, pobreza extrema, prostitución, drogas, hambre, mendicidad, sub desarrollo… todo lo padecido, y más, mucho más en estos 40 años de la presunta democracia representativa, democracia usurpadora, democracia de dos o tres partidos, democracia de los ricos y privilegiados, anti popular y anti venezolana.

ANUNCIO BETANCURISTA DE UN GOBIERNO ANTI COMUNISTA Y REPRESIVO

El triunvirato que, con el Pacto de Punto Fijo, mató la esperanza popular nacida de las lucha antidictatoriales que cristalizaron el 23 de enero de 1958. Betancourt, Villalba y Rafael Caldera son responsables del baldón infame que cayó sobre Venezuela y su pueblo durante 40 años de la Cuarta República.

Ya Betancourt (enero) y Jóvito Villaba (marzo) habían anunciado desde New York, durante el primer trimestre de 1957, su disposición a una alianza sin la presencia de los comunistas ni de otros sectores de avanzada, radicales y del movimiento popular. Es decir, los jefes de la derecha ‘democrática’ anunciaban sus planes y programa ante un eventual derrocamiento de Pérez Jiménez, con ello buscaban ganarse -si aún no lo tenían- el apoyo de los gobernantes norteamericanos y de los grupos monopólicos de ese país que veían, en una nueva etapa política, la profundización de su dominación estratégica política y económica dentro de un estatus legal inobjetable como era el que emanara de un proceso electoral.

Es decir, las viejas y desgastadas banderas del anti comunismo que preconizaron los gobernantes yanquis a partir de 1947, cuando se inicia la llamada ‘guerra fría’ contra la URSS y el naciente campo socialista europeo y que significó el estímulo y apoyo a todos los gobiernos de facto, militares que surgieron en América Latina y el Caribe: Venezuela, Colombia, Perú, Santo Domingo, Cuba, Guatemala, Nicaragua, Haití…Gobiernos anti comunistas, represivos en extremo, desconocedores de las más elementales normas de convivencia democrática; esa política criminal, excluyente, cazadora de brujas, entreguista del patrimonio nacional es anunciada por Betancourt públicamente, pero sin el aditivo militarista, golpista, será una democracia anti comunista, anti popular, anti democrática, en suma.

Esas banderas de anti comunismo, enemigas de cualquier rebeldía o ideas críticas e impugnadoras se las venían a imponer Betancourt, Villalba y Caldera al pueblo venezolano aún antes de caer la dictadura. En pleno proceso unitario surgían esas voces divisionistas, anti unitarias, desconocedoras del esfuerzo de los que aquí en Venezuela se batían a muerte contra la dictadura sanguinaria.

Betancourt ve la situación política desde el prisma cómodo del exilio dorado, el entreguista futuro gobernante, abandonado ya en la década del ‘40 sus postulados del ‘Plan de Barranquilla’ e incluso su militancia comunista de los años ‘30; tirados al cesto de los trastos viejos sus posiciones nacionalistas y antimperialistas expresadas en aquel famoso texto: ‘Venezuela, política y petróleo’, hace profesión de fe anti nacional, cipayista, de gobernar para los intereses extranjeros, norteamericanos y no para los intereses de Venezuela y su pueblo. Sin contemplación reprimirá, ahogará en sangre si es preciso para aislar y segregar a los comunistas y a los ‘cabezas calientes’, ordenará disparar primero y después, si acaso, investigará.

Como traidor consideraban a Betancourt los jóvenes revolucionarios que dirigían a AD desde la clandestinidad –y desde el interior de Venezuela– la lucha contra el gobierno perezjimenizta, codo a codo con el PCV. Su ideología, marxista-leninista en esencia, chocaba con la de los fundadores. Esa declaración betancurista del ‘57, tres años antes de la primera y más trascendental división de AD en 1960 que dio origen al MIR, abría los fuegos desde el exterior contra ellos. Tres años después los perseguiría a muerte, junto a los otros comunistas, los del PCV. Más de 2000 hombres y mujeres, entre asesinados, desaparecidos y muertos en combates fue el triste saldo de aquella primera declaración de fe anti comunista, precursora de lo que sería su gobierno y el del ‘partido del pueblo’, AD.

CARENCIA DE UN PROYECTO POLÍTICO PARA LA TOMA DEL PODER.
LOS ERRORES POLÍTICOS DE LA VANGUARDIA REVOLUCIONARIA

La dirección del Partido Comunista de Venezuela: Eloy Torres, Gustavo Machado, Pompeyo Márquez, Alberto Lovera, Guillermo García Ponce.

Sea por inexperiencia de los jóvenes que dirigían AD desde la clandestinidad. Sea porque la dirección del PCV carecía de una política revolucionaria, de un proyecto político para la toma del poder, prefiriendo plegarse a las políticas de la URSS de ‘Frentes Amplios’, de no crear situaciones políticas revolucionarias que pudieran enfrentar a la URSS con los Estados Unidos del Norte, de la presunción de los gobernantes soviéticos de que una situación de esa naturaleza, donde estuvieran los comunistas, pudiera generar una guerra nuclear. Lo cierto fue que lo que hacen es sacrificar la revolución venezolana, no ver su posible inminencia, no crear los instrumentos, mejor dicho, dinamizarlos, robustecerlos porque esos instrumentos estaban creados y dirigidos o influidos por los comunistas: Junta Patriótica, Comités Obreros, Comités estudiantiles, etc.

Hay varios errores que pueden situar parte de la política posterior del movimiento revolucionario y las fuerzas populares. La carencia de un proyecto estratégico para la toma del poder, el no tener una vocación de poder. Naturalmente ese no es un error sólo político, es un error histórico pues se pierde una posibilidad revolucionaria irrepetible, lo que lo hace más grave tratándose de que la vanguardia actúa a nombre del proletariado, los campesinos pobres y otros sectores sociales que forman parte del pueblo explotado y oprimido de ese momento.

Esa falta de conciencia del problema del poder hace que se subestime el carácter que tiene la Junta Patriótica de ser un poder dual, y no se profundice su organización a todos los niveles del pueblo como instrumento válido para la toma del poder, a la vez que no se combaten los intentos de AD, Copei, Betancourt, Caldera, Villalba de eliminarla, con el pretexto de que había cumplido su papel de derrocar al dictador.

El otro error, derivado del anterior, lo constituye la concepción rígida, dogmática, inalterable, poco clasista del problema de la unidad. Esta es igual para la dirección revolucionaria antes de la caída de MPJ como después de ese hecho que se produce por una huelga general y una insurrección popular, combates armados en las calles, barricadas, etc.

Pero las clases dominantes si tienen claro el problema de “su unidad” y, por tanto, sus objetivos políticos de mantener inalterable su poder, debilitado en esos momentos. Ellas apelan a ese unitarismo ramplón y preservan la alianza con el PCV, le halagan su democratismo y lo asustan con el fantasma de un posible golpe militar de derecha: Pero esa alianza, esa unidad tiene otro objetivo más cercano a los intereses de las clases dominantes, la ansiada “paz laboral”.

Es decir, la burguesía oligárquica, a través de sus agentes políticos, le “vende” a la dirección revolucionaria la idea idílica de un sistema democrático donde ellas no ofrecen nada, no otorgan ninguna concesión salvo evitar o contribuir a evitar caer de nuevo en una dictadura, cuando esa labor la cumple el pueblo en la calle. Esa nefasta ‘paz laboral’ será suficiente para que la lucha de clases en su nivel más importante, en el enfrentamiento obrero-patrón, quede congelada, no haya luchas por aumentos y mejoras salariales y sociales, no se firme ni un solo contrato colectivo.

En esa misma línea de errores cabe señalar uno más, no menos importante y grave que los anteriores, pero inevitable dentro de aquellas carencias políticas, programáticas y de aquella ausencia de audacia y agresividad, me refiero a la aceptación primero, después la participación en las elecciones de diciembre de 1958.

Puede decirse que dentro de la estrategia de las clases dominantes por reconquistar plenamente el poder está la táctica electoral, dadas las vacilaciones y falta de claridad política de las vanguardias. Las elecciones eran la última pieza de aquella estrategia de reconquistar el poder de la dominación capitalista dependiente, y era un espacio donde sus partidos se podían mover con mucha mayor soltura y fluidez, contar con cuantiosos recursos económicos, introducir los primeros elementos de las estrategias del fraude a través del robo y la anulación de votos. Ir a las elecciones significa una estrategia para atraerse a Larrazábal y anularlo como potencial líder revolucionario, le vieron una debilidad, cierta inseguridad e inexperiencia política, y la explotaron a fondo después. Su salida del país como Embajador en Chile durante todo el quinquenio betancourista demuestra lo acertado de nuestro señalamiento.

Creemos que si la dirección revolucionaria profundiza, aún con los errores cometidos hasta ese momento, la línea política antimperialista sostenida por las masas hasta la llegada de Nixon, y enrumba a esas masas a profundizar esa senda, plantea al menos ir a una Asamblea Constituyente o que el poder sea compartido con la Junta Patriótica, esas masas hubiesen rebasado no ya la propuesta de un proceso electoral inoportuno y traído por los cabellos, sino cambia totalmente la correlación de fuerzas y el PCV hubiese tenido elementos para no precipitar su posición y no aceptar o convalidar que se realizara aquel proceso electoral.

A la luz de la historia de estos 40 años de democracia representativa burguesa reaccionaria y anti nacional, se puede apreciar con nitidez que era políticamente más prudente que Larrazábal, con todo y sus vacilaciones, fuese presionado por un pueblo alerta y un PCV poderoso, una izquierda de AD igualmente decidida, lo mismo que la izquierda de URD, permaneciera en el poder a que se diera el proceso electoral. Era demasiado pronto para que se realizara ese proceso electoral, las fuerzas revolucionarias necesitaban tiempo para fortalecerse y acumular fuerzas, recursos y experiencia, fortalecerse a nivel del movimiento obrero y de los trabajadores, de las comunidades, de los campesinos, del ejército para poder pasar a otra etapa cuando se dieran las condiciones; lo aconsejable, en todo caso, era guardar una posición firme de las fuerzas populares y revolucionarias, oponerse a la táctica electoralista de las clases dominantes. Eso nunca llegó a producirse.

Ya ganados todos los sectores de aquel drama para institucionalizar mediante el voto las conquistas democráticas y que, a partir de ese momento y sin cambiar la naturaleza del Estado, el carácter monopolista de la economía, sin romper la dependencia, el creciente neo colonialismo, la dominación imperialista en la economía, etc. Se diera en llamar democracia lo que no eran sino elementos de la misma. Ese fue el gran ardid de la oligarquía criolla, de los Betancourt, Caldera, Villalba. Lo demás no es que era más sencillo, pero ya tenían garantías de que no habrían poderes duales (una Junta Patriótica disputándoles el poder, por ejemplo), no habrían conflictos huelgarios ni peticiones económicas o contractuales, no habría cuestionamiento a la salida electoral, lo que les permitía concentrar todas sus fuerzas en los frentes principales de lucha para consolidar su debilitado poder.

La derrota electoral de Larrazábal y con él la de URD y, sobre todo, la del PCV eran presumibles. El candidato, lanzado por las circunstancias y las maniobras de las cúpulas políticas y económicas al ruedo de la pugna electoral era un inexperto en este tipo de luchas, no lo suficientemente conocido en la totalidad del país y sin llegar a todo este pueblo los beneficios de sus políticas económicas y sociales de corte populista. Amén de la guerra sucia que contra él corrieron entonces los adecos a nivel popular, sobre todo en provincia.

URD partido prestigioso pero sin maquinaria, pretendiendo repetir el fenómeno del ‘52 que gana unas elecciones contra la dictadura de Pérez Jiménez, y se las deja quitar, actúa esta vez, seis años después de aquella victoria frustrada, en unas circunstancias distintísimas.

El PCV un destacamento combativo, sin dudas, pero atrozmente confundido, oscilando entre la fidelidad a la URSS, a las políticas supra nacionales de Frentes Amplios, lucha por etapas, concluir la revolución democrático burguesa, pero sin aprovechar el sentimiento y la praxis antimperialista de las masas. Sin una maquinaria con una infraestructura sólida para participar en esas lides, organización poco conocida, temida más bien en algunas regiones como los Andes, bastión de la falange copeyana, sufriría la guerra sucia de la maquinaria adeca que expelía anti comunismo y cacería de brujas por todos los poros. Relativamente fuerte en las zonas céntricas, el PCV era muy débil en la periferia. El pueblo de Caracas lo premiaría con una relativa alta votación.

Copei, en ese período considerado -no sin razón- el partido más conservador de todos los existentes en Venezuela, el partido de la reacción, de la falange, el partido confesional y conservador no se presentaba como opción ganadora aunque se presumía su triunfo en las tradicionales zonas de influencia, la zona andina. Su trabajo de masas era débil y el pueblo en general lo rechazaba, desconfiaba de él.

ERRORES DE IDEOLOGÍA. ERRORES TÁCTICOS. ERRORES ESTRATÉGICOS.
DOGMATISMO EN LA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA

Pero es que, además, la dirección del PCV, como tampoco la izquierda de AD, tenían claro que al asumir el pensamiento marxista, leninista, ideológicamente era obligante la lucha por el socialismo, la lucha contra el capitalismo. Ese era el objetivo ideológico-estratégico del movimiento socialista venezolano que decía representar a la clase obrera y a los trabajadores y que se ocultaba por la lucha unitarista dentro de la Junta Patriótica. Estar en los organismos políticos amplios no tenía porque hacer que fuera de éstos, con los medios de difusión de que se disponían o se pudieran crear, se le diera difusión al pensamiento socialista, que tenía una continuidad en las luchas antimperialistas.

¿Cómo explicar un error de esa naturaleza?

Al estar inmersos los comunistas venezolanos a políticas transnacionales, amarrados a las políticas de los ‘Frentes Amplios’, se asumía la política del PCUS, de los gobernantes soviéticos que no tenían para nada claro el problema de las revoluciones nacionales en los países de América Latina y África, pese al caso de la Revolución China en 1949 y la vietnamita en 1954. En mucho el pensamiento socialista y comunista venezolano estaba dominado por ese criterio de sumisión, de posternación de los intereses nacionales a los supra nacionales.

Pero la concepción, aún vigente para 1958, de que Venezuela se insertaba dentro de criterio de nación semifeudal y semicapitalista, obligaba a los comunistas a luchar por cerrar el ciclo de la revolución democrático-burguesa. Era la concepción etapista de la historia, que una vez culminada la lucha capitalista vendría la lucha por el socialismo.

Pero ¿combinó la dirección revolucionaria de entonces las luchas nacionales y patrióticas contra la dictadura de MPJ con la luchas contra el imperialismo?

¿Qué representaba Marcos Pérez Jiménez sino los intereses del imperialismo al cual había servido durante 10 años consecutivamente, beneficiándolos económicamente con la entrega vil del petróleo? ¿Qué sino la guerra fría, la política exterior norteamericana anti comunista y anti popular del presidente Truman y de la burguesía yanqui? ¿Qué sino los intereses de la burguesía comercial-importadora, que adquirirá poderes desmesurados en lo económico, pero, sobre todo, de los intereses de las compañías petroleras anglo-norteamericanas que siempre han dominado en Venezuela?

EXISTÍAN CONDICIONES PARA IMPULSAR UN GOBIERNO PATRIÓTICO, POPULAR
Y NACIONALISTA. SE PLANTEABA LEVANTAR LAS BANDERAS ANTIMPERIALISTAS

¿Por qué no impulsar, entonces, después del 23 de enero, a partir del 24 de enero de 1958, junto a las lucha por la democracia, por un nuevo régimen de auténticas y verdaderas libertades, de participación del pueblo en el ejercicio de sus destinos, el carácter antimperialista de esa lucha pues el imperialismo era ese que nos impuso el maccarthismo, las persecuciones de los patriotas, demócratas, revolucionarios; el anti comunismo, la Conferencia de la OEA donde se decidió invadir Guatemala y castraba nuestro desarrollo económico independiente y soberano?

Evidentemente que la propuesta de crear la Junta Patriótica no pasó de ser un importante paso unitario, una acertada táctica para ir en pos del derrocamiento de la tiranía, pero mantener las mismas consignas y la misma táctica después de caído el régimen dictatorial era, en cierto modo, hacerle el trabajo a otros, no establecer que habían diferencias de clases, intereses de clases distintos, opuestos, incluso antagónicos por lo que había que considerar una nueva táctica donde el problema del poder para la clase obrera y trabajadora, para los sectores revolucionarios, era un cuestión vital.

Se evidencia que la dirección del PCV no dotó a la Junta patriótica de un contenido revolucionario, algo parecido al que Bolívar le dio a la Sociedad Patriótica en 1810, es decir, luchar por la verdadera y auténtica independencia y eso pasaba, obviamente, por una política que visualizara el imperialismo, un programa antimperialista, de nacionalizaciones de petróleo y el hierro, de impulsar una auténtica Reforma Agraria, de potenciar la Siderúrgica y la Petroquímica -concebidas por MPJ no como parte de un gran proyecto nacional independiente, sino como comercio rentable, llenar el vacío, el déficit petroquímico que no pueden llenar los Estados Unidos; ¿y la siderúrgica? Una reconversión del hierro bruto, valorizarlo a diferencia de la bestial entrega anterior del hierro, pero de una forma muy primaria, donde la independencia económica está a años luz de ser alcanzada-.
La Junta Patriótica no fue concebida, después de la caída de la dictadura, para transformarla en un instrumento de ascenso al poder, de un instrumento de poder paralelo pese a que la dinámica de la crisis estructural que vivía el país entonces le imprimió ese sello

¿Acaso, aquellas masas en la calle, aprendiendo en horas y minutos, por día un intenso aprendizaje político no iban a entender aquellas consignas antimperialistas si enfrentaron, y casi linchan al Vice Presidente norteamericano Richard Nixon en 1959, aún en contra de la voluntad de la una parte de la dirección revolucionaria?

Quien llama a la lucha contra Nixon no es el PCV o la juventud de AD, es el propio presidente de la República, Wolfgang Larrazábal y voces aisladas de la dirigencia pecevista y de la Juventud Comunista y la de AD. Son unas maravillosas jornadas de lucha revolucionaria del pueblo, abiertamente antimperialistas, inconcebibles un año antes y que ese pueblo asume con valentía pero que a nivel de la dirección revolucionaria no se profundizan. Por ello se desarticulan las luchas democráticas de las luchas antimperialistas, no se percibe el nexo que hay entre unas y otras.

¿Qué hubiese pasado si se le da un vuelco a toda aquella situación, se convierte la Junta Patriótica en un instrumento revolucionario y se lanza la consigna de: ‘Todo el Poder para la Junta Patriótica’? ¿Qué hubiese ocurrido si se plantea la lucha por el poder para las organizaciones de masas, el Frente Universitario, el Frente de los Trabajadores, por ejemplo? ¿Qué hubiese ocurrido si las fuerzas revolucionarias se plantean profundizar las luchas, ir hacia la conformación de un poder nuevo, distinto, con el apoyo de aquella masa que quiere un cambio, una democracia aun cuando no sabe con exactitud cuál democracia, si popular o de otro tipo, lo que si sabía la burguesía, que buscaba instaurar su democracia burguesa, la que ha imperado en los 40 años que van de 1958 a 1998?¿Qué giro hubiesen tomado los acontecimientos si con las armas en manos del pueblo, arrebatadas a la policía y a los sicarios de la SN durante las luchas previas y posteriores a la caída de MPJ, se emplea esa fuerza para asentar un poder que estaba prácticamente dado?

¿No se podían crear perfectamente destacamentos armados, milicias armadas cuando había en el Ejército oficiales afectos al PCV y a AD de izquierda y gruesos contingentes de soldados simpatizaban con la izquierda?
¿No estaban las clases dominantes debilitadas, divididas, asustadas, acobardadas por haber sido las grandes usufructuarias de la riqueza dilapidada en 10 años de gobiernos dictatorial y el pueblo en la calle les podía exigir cuentas por su apoyo a la dictadura, su explotación y latrocinio? No pocas familias burguesas habían incrementado su capital en ese período y su poder político, con la caída del régimen dictatorial estaban tremendamente debilitados.

¿No había, incluso una Junta de Gobierno de Centro-Izquierda con un Larrazábal que mejor asesorado y orientado hubiese respondido a los intereses del movimiento revolucionario y popular, ese mismo Larrazábal que llamó a enfrentar en la calle a Richard Nixon, Vice Presidente norteamericano, le envió un avión a los revolucionarios cubanos lleno de armas y recibió a Fidel Castro 23 días después de haber alcanzado el triunfo en Cuba la Revolución Cubana?

Se perdían momentos irrepetibles, se carecía de una estrategia de poder, los instrumentos no tenían el uso adecuado y eso lo captó el imperialismo y las clases dominantes criollas; lo captó la cúpula derechista adeca, copeyana y urredista y entonces se movieron con astucia, con más veteranía. Imponen la inmediatez de un inoportuno proceso electoral y la dirección revolucionaria lo acepta, porque esa era una de las consignas reformistas del XIII Pleno de 1957, sin entender que esa dirección ya no es la misma de antes de caer la dictadura, y en un escenario donde los líderes de la derecha adeca, urredista y copeyana ya están en el país reclamando su derecho a dirigir sus partidos, queriendo desplazar a los dirigentes naturales que surgieron de la dura lucha clandestina, queriendo perpetuar el orden de la dominación neo colonial, la dependencia económica a las políticas de los centros mundiales de poder, en particular a los de Wall Street.

No se planteó la posibilidad de una alianza entre el PCV, la dirección juvenil y los sectores de izquierda de AD que dirigían ese partido y otros sectores que gravitaban en el espectro y planteaban cambios revolucionarios. No se planteó darle un vuelco a la Junta Patriótica para hacerla un real instrumento del poder de las masas en la calle, ni siquiera que formara parte del nuevo poder, de la Junta de Gobierno que presidía Larrazábal. Se aceptaba mansamente el esquema de poder impuesto tímidamente por los sectores dominantes, incluso se contenía a las masas que luchaban por sus derechos y reivindicaciones; la dirección revolucionaria era la apaga fuego de la burguesía asustada.

La dirección revolucionaria, ya dispersa por la amplitud que han adquirido los órganos de lucha revolucionaria creados en la clandestinidad, pisan el peine y aceptan mansamente participar en un inmediatista proceso electoral en totales y desventajosas condiciones, sin experiencia ni maquinaria adecuada, en vez de fortalecer el gobierno de Larrazábal, ampliar su base política con los instrumentos del pueblo, participar en el mismo y, a lo sumo, impulsar una Asamblea Constituyente, fortalecer las propuestas democráticas que salían de las necesidades populares, no entubarse en un proceso que ya en sí mismo hace presumir que hubo fraude, que en ese período comienza la hamponil política de comprar votos, ofrecer cargos públicos, créditos, cambiar tarjetas en las urnas en el conteo. No es de dudar que la práctica del fraude, de la cual los adecos tienes master, doctorados, phd, son summa cum laudes, comienza hace 40 años, en el primer proceso que tiene la llamada democracia representativa.

La dirección revolucionaria parecía desesperada por ir a unas elecciones burguesas donde alcanzaría una magra cuota de poder parlamentario, donde incluso de ganar AD sería perseguida, acorralada, asesinada, exiliada. Pero a esa dirección incluso le parecía que diciembre era muy tarde, si hubiesen podido la hacen en julio o agosto de ese año ‘58, es decir, del tacticismo ‘evolucionó’ al reformismo más pacato y absurdo.

LA LUCHA REVOLUCIONARIA DE LAS MASAS ERA MIL VECES MÁS
DEMOCRÁTICA QUE UNA ELECCIONES APRESURADAS E INOPORTUNAS

Nada le decía a esa dirección y a la juventud izquierdista de AD el heroico enfrentamiento armado del pueblo a la dictadura, ¿qué mayor demostración de fe democrática que esa, de democracia popular donde la masa estaba dando los elementos de una nueva realidad política intuitivamente, que decía más que los 10 años de tiranías o los cinco años que vendrían después consecutivamente para elegir tiranos y corruptos en la democracia neo colonial, burguesa, representativa.

¿Eran más importantes unas elecciones donde el poder iba a quedar, como en efecto ocurrió, en manos de la derecha anti comunista aliada al imperialismo, del mismo sector comercial importador de la burguesía nativa, que un levantamiento armado popular?

Es mil veces más democrático, por su enorme contenido histórico, el alzamiento popular del 27 de febrero de 1989 que todas las elecciones de estos 40 años juntos. Pero la dirección revolucionaria de entonces no lo entendió así en 1958 y prefirió ir a la lucha por una democracia que ni siquiera estaba clara para ella, una democracia difusa, abstracta, clara para las clases dominantes pero no para el pueblo ni la dirección revolucionaria.

Perdidas las elecciones para las fuerzas patrióticas, progresistas, democráticas y revolucionarias; perdido el triunfo electoral de Larrazábal ¿qué hace la dirección revolucionaria?

LA SALIDA POLÍTICA DE LA BURGUESÍA PARA RECOMPONER EL DEBILITADO
PODER, ERA AUPAR LA CANDIDATURA DE BETANCOURT Y EL TRIUNFO DE AD

La salida político-electoral para las clases dominantes criollas y para el imperialismo anglo-norteamericano era, entonces, el partido AD pero manejado por Betancourt, Gonzalo Barrios, Carlos Andrés Pérez. En esa tendencia derechista y anti comunista depositaba en esos sectores su confianza y seguridad para salir del atolladero que se les crea con la caída de Pérez Jiménez.

Dentro de AD la lucha estaba dada entre los candidatos o pre candidatos (Betancourt, Domingo Alberto Rangel, Rafael Pizani) y se expresaba por un hábil juego de maniobras entre las tendencias entre sí para lograr cambiar la correlación de fuerzas en su favor (tanto la corriente tradicionalista y derechista de Betancourt, la izquierda representada en gran medida en la Juventud, el Grupo ARS que lideraba Ramos Jiménez, etc.).

Se fue imponiendo Betancourt con un discurso sectario, de espíritu de cuerpo, de enfrentar todo aquel que socave su unidad interna, el manejo de los símbolos, el martirologio de la resistencia a MPJ, de maniobras contra los ‘inexpertos’ jóvenes, su excesivo radicalismo político que los acercaba al peligroso PCV. En definitiva, la candidatura de Betancourt se impuso por sobre el abstencionismo que pregonaba Domingo Alberto Rangel, la candidatura de Wolfgang Larrazábal que proponía el agrarista Ramón Quijada e, incluso, por encima la de Rafael Pizani, que surgió como una opción conciliadora.

Con el proceso electoral de 1958 y el triunfo de Betancourt se cierra, como dijéramos, un ciclo político y comienza uno nuevo que rompe, en el marco de una nueva correlación de fuerzas con la línea política de unidad nacional y popular que predominó todo el año anterior. El imperialismo yanqui, conocedor de las debilidades políticas de la dirección del PCV inaugura una política destinada a socavar sus bases de influencia, fundamentándose dicha política en el anti comunismo, la cacería de brujas y el macartismo más cerril golpeando simultáneamente y de manera sistemática a aquellos sectores del pueblo ganados aún para la lucha de calle para exigir, a través de movilizaciones, trabajo, techo, comida y redención social.

Citas y Bibliografía consultada

  • CARQUEZ, Freddy, Critica a la Experiencia histórica del 23 de Enero, Caracas, Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca, 1989.
  • NUÑEZ TENORIO, José Rafael, La izquierda y la lucha por el poder en Venezuela, ediciones Ateneo de Caracas, Caracas 1979
  • GARCÍA PONCE, Guillermo, CAMACHO BARRIOS, Francisco El Diario desconocido de una dictadura, p. 86.

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