DEL 23 DE ENERO AL 13 DE ABRIL DEL 2002

La ira popular contra la tiranía perezjimenizta, la represión contra el pueblo y los crímenes del policía Pedro Estrada, el odio por las maldades y torturas en los campos de concentración de Guasina y Sacupana, en el estado Bolívar, estalló y se volcaron aquel 23 de enero y ese pueblo asaltó, como se aprecia en la gráfica, la sede de la temible SN y pudo en parte hacer justicia contra los esbirros y asesinos de ese siniestro cuerpo policial que fueron cazados en el sitio.
El dirigente político de izquierda Otto Van der Velde, secretario general del PRT, aborda, con su agudeza característica, el 23 de enero de 1958, el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 y vincula ambos hechos históricos con la actualidad del país.

Otto Van der Velde Q.

Ningún verdadero socialista pone en duda cuál es la tarea del día para el proletariado venezolano: tomar las riendas del proceso revolucionario venezolano; derrotar la provocación cívico militar del frente imperialista internacional encabezado por Estados Unidos, la OTAN la Unión Europea y la servidumbre interna encargada de los trabajos sucios del plan capitalista; En el plano revolucionario, eso equivale a: cerrar el paso de reformistas, burócratas y oportunistas en lo interno; llevar a las masas explotadas y oprimidas por la burguesía al poder. Nada de esto es posible sin saldar viejas y nuevas cuentas políticas con el capital monopolista de FEDECAMARAS-VENAMCHAM y sus socios partidistas. Pero en ese nuevo curso de la lucha de clases se interponen los planes intervencionistas y cesionistas del imperialismo norteamericano y sus seguidores locales, el llamado Grupo de Lima, esencia del terrorismo de Estado de la derecha latinoamericana, tal como lo adelantan el Cornejo peruano, los Duque-Uríbes colombianos y sin duda que nuestros Bolsonaros de turno caso del inefable Juan Guaidó, escalador político al que los dueños de El Universal, de El Nacional y otros maquilladores de radio y TV, no encuentran la manera de cómo convertirlo en héroe de la transición, una tarea que dada la mediocridad del personaje es harto difícil para los comunicadores burgueses.

Bien, esto es precisamente lo que el gran líder comunista chino Mao Tse Tung, denominaba el aspecto principal de la contradicción capital-trabajo o lucha burguesía-proletariado, que en nuestra larga marcha venezolana tiene también su historia, encarnada por el antiimperialismo de nuestros días.

   Tal panorama explica, en parte, el título de nuestro artículo, es decir, la relación, el desenlace, de dos momentos históricos claves en la lucha de clases venezolana, igualmente que la meta de nuestro proletariado en la política del siglo 20 y 21. En otras palabras significa la victoria popular y el desenlace del 23 de enero del 58 así como la victoria popular y el desenlace del derrotado push derechista del 11 de abril de 2002.

   Veamos. En 1958, la fuerza militar del General Marcos Pérez Jimenes, sostenidas por la burguesía De Estados Unidos y FEDECÁMARAS, vinieron al suelo, derribadas por la insurrección popular que estallando en los primeros días de enero, culmina, en su primera fase el día 23 del mismo mes. Una formidable acción de masas bajo la dirección política de la Junta Patriótica, es decir, del frente amplio anti -dictadura, impulsado -en ese mismo orden- por los comunistas, las corrientes revolucionarias de “AD de izquierda” (que al siguiente año 59 forman el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. MIR); las fracciones progresistas del partido centrista de URD (Unión Republicana Democrática) encabezadas por Fabricio Ojeda; el Comité Militar e independientes sin partido. Una composición de lucha a todas luces de izquierda progresiva. La unidad revolucionaria del frente amplio garantiza el éxito de la insurrección de masas y la derrota de la aparentemente sólida burguesía <perezjimenista>.

   La ideología de cambio impulsada por las vanguardias de la Junta, más las consignas radicalizadas del 58, aumentaron la temperatura de las masas, el antiimperialismo expande en sus filas, caldeadas además por la imprudente visita del vicepresidente de EEUU Richard Nixon, quien salva su vida milagrosamente cercado por las masas insurrectas en los alrededores del Panteón Nacional. El Pentágono moviliza la VII Flota hacia a la Guaira. En medio del caldeado escenario político, la dirección revolucionaria inocente estratégicamente ante el alcance de su propia obra, no atina a profundizar la lucha de clases, encoge su línea política en el democratismo y en consecuencia congela el cambio de consignas en <defensismo> democrático burgués, cuando lo planteado era justamente pasar de la lucha anti dictadura a la toma del gobierno provisional por la coalición nacional revolucionaria representada en la Junta Patriótica, paso perfectamente posible dada la descomposición general de los mandos burgueses pro dictadura.

Tres joyas que virtualmente vendieron a Venezuela y abortaron el rumbo soberano e independiente del país. Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera. Firmaron un documento sectario, crearon el Pacto de New York, a instancias de empresario petrolero Nelson Rockefeller y el Departamento de Estado yanqui, donde quedaban excluidos el movimineto popular, las fuerzas progresistas, revolucionarias, socialistas y comunistas que habían dirigido la lucha victoriosa contra el dictador Marcos Pérez Jiménez y triunfado el 23 de enero de 1958.

   En lugar de consignas hacia la toma del poder, crecen y se expanden las consignas etapistas de <consolidar la democracia> burguesa y lograr la paz laboral, dos objetivos trabajados secretamente por Betancourt, Caldera, Jóvito Villalba y Jhon Foster Dulle durante el pacto de Nueva York (1957). La línea etapista debilita la dinámica de masas, requiebro que es aprovechado a fondo por la coalición punto fijista para maniobrar electoralmente e inmediatamente reprimir con ferocidad al movimiento revolucionario, con la misma fuerza a las masas insurrectas. El gobierno de AD apoyado por COPEI, da un golpe de Estado al Parlamento y detiene inconstitucionalmente a los diputados del PCV y del MIR. Las fuerzas revolucionarias pierden así la iniciativa de la insurrección y con ella pierden también el momento histórico preciso del poder. El movimiento revolucionario cívico militar trata de recuperar la ofensiva y lanzan tres audaces levantamientos, que aunque fracasan tambalean el gobierno de Betancourt-Caldera, pero sin éxito, se trata del <guairazo> contra el Destacamento de la Guaira, el levantamiento militar de Carúpano y la insurrección cívico militar de Puerto Cabello, en la que se combate duramente por varios días; acto seguido nuestras fuerzas van en firma a la lucha armada por más de diez años de duros combates urbanos y rurales. Pero esa es otra historia.

El 11 de abril del 2002 el imperislimo norteamericano, presidido por el genocida George Bush, la oligarburguesía “venezolana”, le dieron al Presidente Hugo Chávez, el más efímero de los golpes de Estado conocidos en Venezuela, duró apenas 47 horas, y el usurpador, ese cobarde pulpero de San Antonio, Pedro Carmona, se auto juramento como presidente de Venezuela con un papel en blanco. La prensa burguesa tituló, efímeramente,, la presunta caída del comandante Chávez. Uno de los seres más sórdidos y repudiables, el prototipo del traidor a la patria, Juliio Borges, salió con el grupillo fascista de primero (in)justicia, a pedir la renuncia del presidente. Como dice la canción; “todo se derrumbó, 47 horas y la movilización de millones de patriotas bastaron para conjurar la trama. Sólo faltó que Chávez los pusiera a todos en prisión, si eso hubiese ocurrido, muchas cosas negativas nos hubiésemos ahorrado los siguientes 19 años.

 

 

   11 de abril de 2002, estalla otro golpe de estado imperialista, ahora contra el gobierno nacionalista de Hugo Chávez. De nuevo los monopolios de FEDECAMARAS-VENAMCHAM al frente, ahora con Carmona Estanga y la plana del cartel. los escombros del punto fijismo AD, COPEI, URD; los grupitos fascistoides de Primero justicia y los alborotadores de Súmate; la aristocracia obrera de Ortegas-Cova; el gorilaje militar y el Episcopado. En esta oportunidad la derecha va reforzada por una larga lista de conversos y oportunistas del pasado, incluyendo jefes del propio chavismo como Miquelena, Peña y otros arribistas del MVR. Se materializa la famosa metáfora del Manifiesto Comunista, la  Santa Alianza de la burguesía en torno al anticomunismo.

   Las masas, igual que en el 58, van a las calles en centenas de miles, derrotando en forma aplastante al Estado Mayor del golpe capitalista, rescatan al presidente Chávez, salvan su vida, y también como en el 23 de enero se politizan velozmente con el antiimperialismo, exigiendo a los nacionalistas medidas revolucionarias de fondo, cese de la impunidad y castigo ejemplar para la burguesía golpista. Esta vez no están al frente a la insurrección los comunistas sino los nacionalistas, sus mandos tampoco alcanzan a comprender la profundidad de las acciones de masas, la dirección en que va la lucha de clases y la efervescencia antiimperialista del pueblo o sea la posibilidad cierta de saldar cuenta con el capital monopolista, metido hasta el cuello en el golpe magnicida.

   Como en el 23 de enero, reaparece la gruesa nariz del etapismo en pro de la <democracia burguesa>, surge el perdón cristiano a los ensangrentados conspiradores del 11 de abril. Cunde la confusión popular, se desorganizan las movilizaciones y una vez más se pierde el momento histórico preciso para encajar el poder proletario, disolver los anacrónicos poderes del gran capital, limpiar la revolución de reformistas, oportunistas o corruptos y proceder a cambios profundos anticapitalistas. En su lugar los discursos heroicos se tragan los hechos concretos y la derecha aprovecha de nuevo la fatal vacilación del gobierno nacionalista para reorganizarse y volver intermitentemente a la ofensiva hasta el día de hoy.

   Pues bien, se acerca una nueva coyuntura, quizás más peligrosa que las anteriores, pero también promisoria para los revolucionarios, el proletariado y las masas. El qué hacer del proceso revolucionario apunta a cuatro líneas estratégicas: 1. Reorganizar la unidad revolucionaria del frente popular antiimperialista, asunto clave para que el proletariado y las masas puedan ascender al poder político .2. planificar la organización de un nuevo estado de clase obrero campesino y comunal. Las condiciones maduran para ello .3. Difundir el programa proletario cuyo epicentro ahora esta en la disolución y socialización de los monopolios privados de FEDECAMARAS-VENAMCHAM de acuerdo al artículo constitucional 113 de la CRBV, comenzando por la disolución del sistema financiero que conspira y expolia el salario y los ahorros populares; congelación inmediata de los precios, el cese de la impunidad y la donación de dólares subsidiados a FEDECAMARAS-VENAMCHAM, a las transnacionales imperialistas y a los corruptos; movilización general del pueblo contra la provocación milita extranjera; revisión de la deuda externa, del arco minero y de la ley de inversiones extranjeras. Lanzamiento a gran escala un plan nacional de industrialización y revolución agraria profunda.

Caracas, 20 de enero de 2019

 

 

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