Opinión Poesía 

David Nieves, poema de Grisel Marroquí

Hoy, es uno de esos días que la memoria descorre la cortina de los recuerdos y le abre las ventanas a los heraldos de la tristeza, por esta razón para no sucumbir ante mi propia nostalgia, decidí hacer un paso rasante por la vida revolucionaria  de un hombre que con su nobleza, valentía y humildad se burló de  la tortura y defraudó  la muerte. David Nieves.

Para ti son estos  versos  escritos con el corazón en este Febrero Rebelde que tantos cantos de gloria nos ha regalado.

Grisel Marroquí

6 de febrero  de 2018

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David Nieves

Temprano, te diría que demasiado temprano

llegaron persistiendo en el desvelo

tus definiciones libertarias.

Temprano llegó la irremediable  poesía del encierro

y no pudo obscurecer

tu corazón de soles resplandecientes,

ni tu conciencia revolucionaria,

mucho menos ocultarte   en las  cenizas

de la tortura y de la muerte,

hábitos  de los atormentadores

de tu carne imperturbable

de tu eterna sonrisa

en los abrazos de Enriqueta,

consagrada en vinos de ausencias deltanas

allá en Guasina, donde se perdieron los sueños

de un país ahorcado en la guillotina fascista de su historia

de fugitivos, de pequeños seres,

cercenados en teorías inconclusas

fantasmas agigantados en el ocio y las traiciones

atrincherados en un cronicario de lamentos.

                                               II

Asi continuaron los caminos y siguió pasando el tiempo.

Un día  te capturaron

y  te enfrentaste David contra  el Goliat del  tormento

arando estrellas en la oscuridad de las noches de suplicios

simulando fusilamientos,

en el comienzo de un interrogatorio sin final

oyendo el grito de  macabras voces

entretenidas con las rancheras del México insurgente.

Acostado en un viejo jergón

brilló  la chispa en el  metal mojado

para electrizar tu cuerpo inerte:

en el intestino, en los testículos y  los oídos

entre  carcajadas siniestras los psicópatas

afinaron el pulso en el morbo del dolor

para quemar tu carne con cigarros encendidos de odio

Porki,  cabezón  Cermeño, repugnantes reptiles asustados

Junto a  López Sisco,  sin remordimientos.

Pero no pudieron doblegar tus convicciones

eres el  vencedor de la tortura y de la muerte

solo te quedan los recuerdos como brumas pasajeras

por eso no hay soledad en tu alma no vencida

no hay nada distinto entre aquellos suplicios  y el ahora

has construido el verso de los infinitos

y te has cantado a ti  mismo como Withman:

“La prueba de lo que soy la llevo yo en mi rostro”.

Leemos en tu rostro, en tu diáfana mirada

las vivencias que has escrito con tu vida

de ejemplos necesarios para los hombres de hoy

para  los caminantes  de siempre.

Caminos que desandaron  aquellos compañeros

que habitan en tu bíblica memoria

que no los deja escapar

porque se hicieron dueños y amos de la ternura

Argimiro, Aquino, Wiliam, La virgen Roja, Fabricio, Víctor.

Motilón contemplando desde nubes liberadas

los balazos que las bestias dejaron en su cuerpo.

 

Jorge con su

mirada de  niño campesino

sentado sobre los fragmentos de sus huesos

de sus riñones desprendidos. De sus pálidas manos,

sosteniendo las rosas que eternizan  los sentidos

y develan la crueldad de los verdugos

que  coquetean  cada instante con el asesinato de inocentes

Lovera, flotando en las brumas del mar

que no se hicieron cómplices

del pico que le colgaron de su cuello

Fabricio y el viejo Carmelo Laborit

escondido en su barba de milenios vividos.

Todos habitan en  tu propia historia

esa historia que escriben los valientes.

VI

Tu herencia David

es ese libro que escribiste  con empeños de moral,

con el silencio frente al enemigo

que no logró desentrañar los misterios que guardas

en tu corazón de soles resplandecientes

en tus definiciones libertarias

en tu conciencia revolucionaria.

Por eso hermano planetario

leeremos ese libro que nos pertenece.

 

 

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