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Crónicas del Olvido / Mario Briceño Irragorry: “No hay abismos, hay caminos”

 

Alberto Hernández

1.-

¡Cuánta Venezuela latió en la incertidumbre de aquel hombre que pasó por muchos esteros, avatares y pruebas que hoy aparecen en medio de tantas espinas¡ ¡Cuánto país olvidado se reveló en las páginas de una obra que sigue siendo ardor en quienes recurren a ellas para encontrarse con los mismos acentos extraviados, los amagos verbales y hasta las heridas incurables que hoy son llagas dolorosas¡ ¡Cuántos momentos para no olvidar a quien hizo mapa y patria a través del insomnio, la cárcel, el exilio y la responsabilidad al frente de algunos cargos burocráticos¡

Mario Briceño Iragorry encarnó aquel país que hoy es un ladrido silencioso provocado por cierta jauría irrelevante. Este humanista e intelectual, nacido en Trujillo el 15 de septiembre de 1897, emerge de su silencio en boca de alguien que ha decretado otra muerte, la que le asigna la intemporalidad de la ignorancia, la bravuconada de una apuesta falsa. A muchos años de su nacimiento, Mario Briceño Iragorry retorna al mapa vivo de esta Venezuela irredente, rebelde y enloquecida por la fiebre histórica de saberse dolor ajeno, levantisco, oscuro, sembrado en la imaginación de la retórica, en la quebradiza pronunciación de alguien que jamás ha leído una de sus brillantes páginas.

¡Cuánta Venezuela, entonces, será necesario recorrer y vivir para que el absurdo no nos siga carcomiendo el alma, no nos siga alterando el destino, el mensaje que no termina de llegar desde lo más profundo de la racionalidad¡

Briceño Iragorry dejó sembrada una semilla. No ha germinado en algunos de sus coterráneos. El país, el que entra y sale de ciertos asombros, sabe que MBI es un temblor en nuestra historia, un aparte como también lo es Mariano Picón Salas.

2.-

Hoy, el nombre de Mario Briceño Iragorry se revuelca en su tumba, sobre todo en la tumba que los venezolanos llevamos en la sangre. En la migraña de un pasado decreto regional que intentaba borrarlo de su terrón por “traidor a la patria”. De modo que estamos frente a una de las calumnias más horrendas que se hayan enunciado en nuestro país. Mario Briceño Iragorry fue un hombre que pasó por muchos caminos tortuosos, como le ocurrió, por ejemplo, a Ramos Sucre, a Rómulo Gallegos, a Teresa Carreño, a Pedro Emilio Coll, a tantos otros que vivieron, trabajaron o sufrieron el ritmo circadiano de la política criolla. MBI ejerció la burocracia como muchos que dejaron páginas brillantes para regocijo de quienes hoy somos sus herederos.

Allá en Trujillo, donde un muy reducido grupo la tomó contra su memoria y obra, el nombre de Mario Briceño Iragorry continuará siendo factor de discusión para bien, para seguir haciendo país, nacionalidad y orgullo.

3.-

Algunas obras de Briceño Iragorry lo revelan como uno de los intelectuales más preclaros del país. Así, Lecturas Venezolanas, páginas que –como afirma José Nucete Sardi– contienen una “colección de páginas literarias de escritores nacionales, antiguos y modernos”. El caballo de Ledesma que avanza en la historia para contarnos la de un Quijote americanizado que hace frente a los piratas que atacaron Caracas. Oviedo y Baños lo escribe así al comienzo de la obra del trujillano: “Sólo Alonso Andrea de Ledesma, aunque de edad crecida, teniendo a menoscabo de su reputación el volver la espalda al enemigo sin hacer demostración de su valor, aconsejado, más de la temeridad que del esfuerzo, montó a caballo, y con su lanza, y adarga salió a encontrar al corsario, que marchando con las vanderas tendidas, iba avanzando la ciudad, y aunque aficionado el Draque a la bizarría de aquella acción tan honrosa dio orden expreso a sus soldados para que no lo matasen…”.

La historia, por demás fascinante, se hace en la prosa de MBI un espacio donde palpitan las acciones de un anciano que salió solo a defender un país. Una lección que merece ser estudiada para salirle al paso a tanto estrafalario.

4.-

En Casa León y su tiempo nos encontramos con el verdadero camaleón de la política. Un sujeto que cambiaba de traje de acuerdo con las circunstancias. Pues bien, Mario Briceño Iragorry lo desnudó, lo dejó a merced de su propia ambición, de sus intereses oscuras, de sus traiciones y perversiones. Se trata entonces de un personaje que vive en el diario devenir de la historia de este país.

Tres, sólo para mencionar tres obras, abrevan en la memoria de este terruño engullido por la miseria intelectual, por la arrogancia política, por la avilantez de quienes no miden la boca para ensordecer la atmósfera social e histórica de un mapa aturdido por tanto sismo verbal.

Mario Briceño Iragorry pertenece a los inmortales. Por allí anda, solitario pero fortalecido por la acritud de quienes jamás han sabido ser aceptados por el mundo de la cultura.

Alguien sufre de pesadillas en estos días.   

5.-

Una vez el maestro dijo: “No hay abismos, hay caminos”, y así quedó escrito. En 1991, incorrupto su cuerpo luego de 50 años de su muerte, fue exhumado y cortado para extraer su corazón. Ese evento describe muy bien una de las tantas muertes de este hombre, como lo ha dicho Miguel Ángel Campos. Sumemos la del insulto, el de hace unos años en Trujillo, para enviarlo a la eternidad donde aún palpita su corazón


 

Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua.

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

En Venezuela ha publicado sus trabajos en la Revista Nacional de Cultura, Imagen, Solar, Poda, et al. Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Integrante de “Crear en Salamanca”, página digital de la ciudad castellana. Igualmente, en Cervantesmileshighcity de la ciudad de Denver, Estados Unidos. Y en diferentes blog nacionales e internacionales.

Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España, Arcos de la Frontera, Piedra de molino, España,  en Il foglio volante de Italia, ; ,  entre otras.

Ha participado como conferencista o lector de su obra en varias ediciones de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), en Venezuela.

En 2018 fue reconocido en la XVII Edición del Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana por su novela “El nervio poético”.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Stravagnza (Italia 2012), 70 poemas burgueses (Caracas 2014), Ropaje (Cancún, México. 2012), Los ejercicios de la ofensa (Estados Unidos. 2010).

Su blog es Alberto Hernández: textos, crónicas, su poesia y otros asuntos

 

 

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