Opinión 

El Camino de la Revolución: Distinguir entre lo falso y lo verdadero

El milagro se hizo el 30J, el bravo pueblo del himno heroico se lanzó resuelto contra el yugo imperialista y sus cancerberos paramilitares colombianos que tenían por objetivo sabotear el proceso electoral, no dejar votar al pueblo, impedirlo. Pero el pueblo fue más sagaz y astuto y los derrotó y pudo votar, lo hicimos 8 millones y la luz se hizo: tenemos constituyente.
La profesora Carmen Cecilia Lara, colaboradora permanente de la Revista Caracola, luchadora social y revolucionaria, defensora del proceso bolivariano.

Carmen Cecilia Lara

Cortesía de la autora para la Revista Caracola 

Definitivamente la historia existe, como un decálogo de episodios con propósito y sentido. Donde los seres humanos son los sujetos históricos, entrelazados por sus vínculos de clase. El enunciado o título de este artículo más que ser un consejo o desenlace de un devenir o destino, se convierte en una máxima esencial para la transformación de nuestro Estado, nuestra  economía, nuestra manera de ser, nuestras relaciones políticas y humanas, nuestras decisiones. Nunca antes este camino había sido tan necesario para enderezar entuertos y tomar la punta del ovillo.

Desde la nacionalización de todos nuestros mecanismos de distribución, el atajo de la corrupción en todos los estamentos de la administración, la estabilización de nuestra moneda y los precios de los artículos de primera necesidad, el ejercicio de hacer justicia y acabar la impunidad, hasta lograr que las comunicaciones internas y externas de nuestra República lleguen hacia donde tengan que llegar, pasan por conseguir separar la paja del trigo. Ahora, en Venezuela se abre una página estelar de la historia latinoamericana. Haciendo honor a nuestro gentilicio pasado y presente, la patria se creció el 30J por la voluntad de cada uno de los venezolanos patriotas quienes vieron peligrar la nación y vencieron sus miedos, los obstáculos físicos y psicológicos que pretendió poner la oposición para atar sus almas, y decididos, arrebatados por la profunda convicción que cada voto valía, por lo tanto “el mío era indispensable”, no nos quedamos sentados para ver qué hacía el otro.

En ese mismo momento, la bíblica sentencia de la separación de la paja del trigo se estaba logrando en el lugar donde primero debía hacerse. Dentro de nosotros mismos. Luego llegó a las mesas electorales para terminar en los escrutinios. A pesar de Smartmatic.  Por eso, en la marcha para acompañar los constituyentistas a instalar la ANC se respiraba una satisfacción, una alegría indescriptible como hace años no se sentía. La luz del sol titilaba. De repente voces gritaban “Viva Venezuela”, “Chávez volvió, se multiplicó”. La gente bailaba, se tomaba fotos, reía a carcajadas, cantaba. Era el contento del deber cumplido, del milagro realizado. Una amiga que vive en Altamira durmió con veinte personas más en una oficina del centro de Caracas para poder ir a votar al Poliedro. Otra se aventuró en medio de la lluvia la noche antes para pernoctar allí como pudiera. En fin, todos sabemos, incluso las barreras que mis paisanos, los gochos, tuvieron que sortear para llegar a ejercer su derecho al voto.

Venezuela se reconstruyó ese día. Quien dude que vamos a superar esta difícil coyuntura resultado de una guerra híbrida como algunos llaman la agresión imperialista contra nuestra nación que repase una y otra vez las miles de anécdotas posibles que ocurrieron el día en que la multitud que observaba durante cien días “silenciosa”, poniendo el otro cachete a cada humillación por ser chavista, a cada dolor, decidió entonces ese día con su pulgar pulsar el corazón de este país llamado a poner a latir al mundo. Al día siguiente, los opositores no tenían palabras, en las urbanizaciones del este la calma cortaba porque la verdad se había impuesto. El arma más poderosa por la cual murió en lejanas tierras un maestro corría por todos los rincones patrios para dar la buena nueva: triunfamos. Gracias Bolívar, gracias Chávez, gracias Maduro, gracias FANB, gracias Diosdado, gracias Tibisay.

sathya954@yahoo.com

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