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Opinión 

Camarada de siempre… / Adiós a Juan Carlos Parisca

Nelson A. Rodríguez A.

Especial para la Revista Caracola

Hay personas que fallecen pero no mueren porque su obra trasciende en el pensamiento e imaginación de los demás. La lista es larga, bastante larga, de aquellos que en América Latina arriesgaron todo, hasta sus propias vidas, por conquistar derechos colectivos sobre justicia social.

Pido un lugar allí, en esa lista, para Juan Carlos Parisca, camarada de siempre; Comandante de la Brigada 31 de las Fuerzas Amadas de Liberación Nacional (FALN), en la cual luchó bajo la égida de Argimiro Gabaldón, el “Comandante Carache”, en las montañas de los estados Lara, Yaracuy, Portuguesa y Trujillo.

Experiencia que recientemente remembrara cuando le tocó pronunciar las palabras sobre la recepción de los restos de Argimiro Gabaldón en el Panteón Nacional, por su entrega total –como tantos de los que reposan en ese mausoleo– en el cual el pueblo venezolano le rinde tributo a los representantes más auténticos de su heroicidad.

En el libro “Anónimos de la guerrilla” de mi autoría, Juan Carlos Parisca, el comandante “Pedro Miguel” de la Brigada 31, hace referencias en una entrevista a las enseñanzas de Argimiro Gabaldón, quien desarrolló las tácticas de la guerra del pueblo: “Nos metió en la cabeza que había que ganarse, poco a poco, la simpatía y confianza de las masas”. Que “la nuestra no era una lucha de pocos meses sino de prolongadas etapas “.

Tal vez de esas tesis se desprendan aquellas expresiones de Argimiro: -“El camino es largo pero es el camino”.

Hoy nos toca llorar la partida del maestro, del Comandante que aún tenía mucho que dar a las nuevas generaciones, como lo venía haciendo en sus consuetudinarias reuniones de trabajo, cada fin de semana, en Sanare, con los camaradas integrantes de la Fundación Argimiro Gabaldón.

Desde sus estudios de Ingeniería en la Universidad Central de Venezuela, cuando opta por tomar la montaña como trinchera de lucha, agotados los caminos del discurso sobre un pupitre en las aulas universitarias Juan Carlos, entonces, hizo suyos los caminos sanareños que no abandonó nunca. ¡Enorme vacíos nos dejas, camarada¡

Por suelos vietnamitas ha debido transitar Juan Carlos Parisca en sus angustias por conquistar un mundo mejor para su pueblo, por allá en la década de los años sesenta, cuando la hoy desaparecida Cuarta República, violaba derechos humanos y truncaba ilusiones juveniles de manera desproporcionada, los movimientos revolucionarios del mundo tenían en Vietnam un ejemplo a seguir y por eso constituía una dicha intercambiar opiniones con los camaradas combatientes del frente guerrillero que comandaba el General Vo Nguyen Giap.

Recordaba Juan Carlos Parisca a propósito de una de mis preguntas, la siguiente anécdota: “Nos encontrábamos en una reunión discutiendo planes operativos y de pronto un campesino comentó en voz alta: –Anoche hubo un combate.

–Todos casi al unísono preguntamos ¿dónde?

El hombre respondió: –En Vietnam.

–”Porque ellos estaban al día sobre lo que ocurría en el mundo, a través de Radio Habana Cuba, que la sintonizaban todas las noches. Los acontecimientos de la Guerra de Vietnam, se sabían aquí, en los campos venezolanos, muy rápido, por los reportes que transmitía Radio Habana Cuba. Nuestros campesinos siempre se mostraban interesados y preocupados por lo que acontecía en el noble pueblo de Ho Chi Minh”.

La genuina esencia de un pueblo está en sus seres

anónimos.

Todo a cambio de sentimientos libres.

Libres como un libro

adentraron al camino,

un camino largo, muy largo,

pero era el camino.

Lúgubres montañas se iluminaban

Con su corazón de luz.

 

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