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Brasil: Ganó el fascismo

Ganó el fascismo en las elecciones de Brasil, ¿ganará la muerte, habrá guerra civil o ese pueblo derrocará a Bolsonaro?
Agudo y profundo análisis de nuestro colaborador permanente, el Rector Alí Rojas Olaya. En pocas palabras dice mucho, con ejemplos históricos incuestionables, del significado del triunfo fascista en Brasil.

Alí Rojas Olaya                                                          Exclusivo del autor para la Revista Caracola

El 28 de octubre de 2018 ganó el fascismo en Brasil. La masa (55%) votó por el ultraderechista Jair Bolsonaro. El pueblo apenas alcanzó el 45% de los votos del candidato de Lula. La única condición para ser de la masa es nacer. La única condición para ser pueblo es tener conciencia de clase. La masa vota con el estómago, el pueblo con la conciencia. Alguien del pueblo nunca votaría por su enemigo de clase. Educar a las personas que forman parte de la masa para que sean parte del pueblo es la tarea que emprendió Simón Rodríguez en América entre 1823 y 1854.

La hegemonía siempre hará lo imposible para que la masa vote por su candidato. Para eso cuenta; además del control de la comida, la medicina, el transporte, la ropa y los productos para el aseo; con armas letales como: la religión, la escuela, los bancos, la contracultura y las empresas privadas de comunicación. Tiene tal control que en el plebiscito del 2 octubre 2016, el 50,2% de los colombianos votó por no a la paz. El 22 de noviembre de 2015, 12 millones 988 mil 349 argentinos votaron por Mauricio Macri. En las elecciones del 5 de marzo de 1933, 17 millones 277 mil 180 alemanes votaron por el austriaco Adolf Hitler. En las elecciones del 6 de abril de 1924, 4 millones 653 mil 488 italianos votaron por Benito Mussolini.

En las elecciones de indulto del año 33 de nuestra era, la masa votó por Barrabás y no por Jesús ya que, el hombre nacido en Belén, era una amenaza para el Imperio Romano y el Sanedrín ya que se la pasaba agitando las conciencias del pueblo contra las clases poderosas con discursos que argumentaban que era muy difícil que un rico entre en el Reino del Cielo como que un camello pase por el ojo de una aguja. El líder repartía los panes y los pescados que los comerciantes acaparaban, creaba misiones para sanar la vista y la lepra, y sacaba a los mercaderes del templo. Por eso fue un perseguido político. Lo apresaron, torturaron, humillaron y crucificaron hasta que finalmente lo asesinaron.

Para Simón Rodríguez “nada importa tanto como el tener pueblo, formarlo debe ser la única ocupación de los que se apersonan por la causa social”. Sectas con mucha aceptación en la masa brasileña como Niños de Dios, Pare de sufrir, La familia internacional y Tradición Familia y Propiedad adormecen y aniquilan las conciencias. La tarea del rodrigueano Paulo Freire es urgente. Parte de esa masa debe ser transformada en pueblo. Los contenidos de los programas de estudio deben desportugalizarce y deseuropeizarse para que tengan cabida los poderes creadores del pueblo. ¿Hasta cuándo gobernará Bolsonaro? Hasta que el hambre carcoma el estómago de la masa.

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