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¡Avasallante victoria!

Adulta mayor con discapacidad va en silla de ruedas a ejercer su derecho al voto.
La valienta Iris Varela analiza el proceso electoral y las elecciones del pasado 20 de mayo y condena las voces agoreras que ven el resonante triunfo electoral como una victoria pírrica.

Iris Varela                                            Cortesía de la autora para la Revista Caracola  

Me permito FELICITAR a nuestro hermoso, valiente y combativo pueblo, ese que ayer en las más difíciles circunstancias que hayamos atravesado desde que nuestro Gigante CHÁVEZ ganó las elecciones en diciembre de 1998, volvió a plantarse con la frente en alto y le salió al paso a mafiosos, vende patrias, corruptos y traidores, que confabulados cual jauría, tenían unidad de propósito: asfixiar económicamente al país para así descalificar a nuestro Candidato Presidente obteniendo ellos una victoria así fuera sobre nuestros cadáveres. ¡Calcularon mal!

Una vez más, en 2 siglos de historia, nuestro heroico pueblo vuelve a sus raíces, las mismas que hicieron del Cacique Guaicaipuro el primer antiimperialista de estas tierras registrado en los libros; las mismas que llevaron a un osado joven blanco criollo jurar en Roma por “liberar su patria del yugo español”, esas raíces que llevaron a la generación de venezolanos que lucharon contra la dictadura de Pérez Jiménez echar casi a patadas al Vicepresidente norteamericano Richard Nixon en protestas de la Caracas de 1958 con un claro mensaje de repudio que denota la profunda esencia antiimperialista del pueblo venezolano.

Ese pueblo que vio, entendió y asimiló a Chávez como un auténtico bolivariano y revolucionario; y lo amó aún más cuando nuestro Comandante se declaró antiimperialista y mando a los “yankees de mierda pal carajo”. Ese es el pueblo al que pertenecemos y del cual nos sentimos tan orgullos que no nos cabe el corazón en el pecho. Ese el pueblo que logró cosechar el 20 de Mayo pasado una victoria épica sobre la cual no podemos aceptar bajo ninguna circunstancia que vengan los sabios y eruditos esos “que sabían lo que iba a pasar pero no dijeron nada hasta después que paso y cuando todo el mundo lo supo” a pretender restar brillo, importancia y contundencia al enorme resultado que ha logrado NICOLAS MADURO MOROS en su reelección como PRESIDENTE DE TODOS LOS VENEZOLANOS.

No puedo callarme ante aquellos camaradas que espetan: si ganamos pero…, o los que arguyen que la victoria es pírrica. Considero que más allá de la libertad de opinión que todos ejercemos en este país, ante lo que hemos vivido y sufrido hasta las elecciones del día 20 de mayo, expresarse de tal manera ante esta CONTUNDENTE VICTORIA, no es más que una desconsideración y una falta de respeto hacia un pueblo que debiera dársele “una medalla” como dijo Chávez, por su heroísmo, por su resistencia, por su lucha y por su conciencia.

Ya van más de SEIS MILLONES DE VOTOS a favor de nuestro PRESIDENTE y aún no ha terminado el conteo, y pareciera que hay un desespero por retratarse como el hipercrítico que no sabe que el enemigo es fuerte y poderoso, que está herido en su prepotencia y arremeterá aun con mayor fuerza.

Lo que vale en esta hora es celebrar, administrar la victoria, reorganizarnos y prepararnos para seguir defendiendo la patria ante los momentos difíciles que todos padecemos. No vale auto flagelarnos, sencillamente porque no hay motivos; no podemos darle ese gusto a los conspiradores ni mucho menos a los corruptos y traidores. El papel de la hipercrítica dañina es propio de esa cuerda de vasallos que se arrastran. Que ¿debemos hacer la autocrítica? ¡ESTOY DE ACUERDO!, y desde ya estoy a la orden para la discusión, sin cámaras, sin la mediática, que en esos espacios ellos nos llevan ventaja, no podemos alimentarlos, que los siga amamantando TRUMP, yo los seguiré combatiendo hasta mi último suspiro.

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