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Agresiones y magnicidios

Alí Ramón Rojas Olaya

Exclusivo del autor para la Revista Caracola

En agosto de 2017, Donald Trump preguntó al secretario de Estado, Rex Tillerson, y al consejero de seguridad nacional, H. R. McMaster, “¿Por qué Estados Unidos no puede simplemente invadir Venezuela?”. El 9 de mayo de 2018 Mike Pence informó que el presidente gringo está completamente comprometido con hacer lo que sea necesario para eliminar a Nicolás Maduro. Cuenta con un títere santanderista que hasta hace poco se llamaba Álvaro Uribe, hoy José Manuel Santos y pronto Iván Duque.

¿Por qué contra Venezuela?

Porque Venezuela, además de poseer la faja petrolífera del Orinoco y el arco minero y costas caribeñas ideales para la navegación comercial, tiene una historia libertaria anticapitalista y antiimperialista que es peligrosa para los intereses hegemónicos eurogringos.

En estas tierras de Caribes nacieron Apacuana y Guaicaipuro. En Caracas entre 1750 y 1783 nacieron Miranda, Rodríguez, Bello y Bolívar. En La Guaira entre 1759 y 1765 nacieron Manuel Gual, José María España y Joaquina Sánchez. En San Francisco de Tiznados, nace Roscio. En Barcelona, José Antonio Anzoátegui. En San Juan de Payara, el Negro Primero. En Cumaná, Sucre. En Maracaibo, Urdaneta. En Paraguaná, Josefa Camejo. En Chaguaramal (cercanías de Maturín) o en Chaguaramas de Guárico, Juana Ramírez “La Avanzadora”. En Tacarigua de Mamporal, Eulalia Ramos. En Cúa, Zamora. En Valle de La Pascua, Arévalo Cedeño. En Ospino, Maisanta. En Capacho Viejo, Cipriano Castro. En Biscucuy, Argimiro Gabaldón. En Boconó, Fabricio Ojeda. En Chiguará, Kléber Ramírez Rojas. En Mérida, Hugo Trejo. En Calabozo, Nicolás Hurtado Barrios. En Campo Alegre, Américo Silva. En la Sierra falconiana de Pueblo Nuevo, Magoya. En Sabaneta, Hugo Chávez.

José Leonardo Chirinos se planteó un programa  político donde se aboliría la esclavitud y se formaría una nación soberana y democrática.

El imperio nos ataca porque, en 1552, el Negro Miguel de Buría y su esposa Guiomar encabezaron la primera insurrección de esclavizados negros y, al año siguiente, ya eran rey y reina de un cumbe. Nos atacan porque el 10 de mayo de 1795, José Leonardo Chirino y José Caridad González tomaron las propiedades de Curimagua con la idea de crear una república democrática, abolir la esclavitud, suprimir los tributos y eliminar la aristocracia blanca. Nos atacan porque, en 1781, los comuneros andinos se alzaron y tomaron el poder económico.

El imperio nos ataca porque Bolívar planifica la creación de la República de la Florida en 1817 que serviría de bastión para la independencia de Cuba y Puerto Rico. El mismo año Bolívar le habla a su pueblo transformado en ejército, la necesidad de “acomunarse o acompañarse muchos”. Dos años más tarde, crea en Angostura, la República de Colombia como unión de Venezuela y la Nueva Granada y en 1825 crea Bolivia.

Planificación de magnicidios contra Bolívar

Los intentos de magnicidio contra Bolívar datan de 1812. A principios de julio de ese año, Juan Conejo y Domingo de Taborda traman matarlo ante la pérdida de Puerto Cabello en manos españolas. En abril de 1813, el fraile capuchino Pedro Corella participa de un complot para asesinar a Bolívar en Salazar de Las Palmas, Nueva Granada. Después de la pérdida de la segunda república en 1814 Santiago Mariño, Juan Bautista Arismendi, José Francisco Bermúdez, Manuel Piar y José Félix Ribas “atentaron en varias oportunidades contra la vida de Bolívar”. En la noche del 9 al l0 de diciembre de 1815, el esclavo Pío es sobornado para que asesine al Libertador en Kingston, Jamaica. Creyéndolo dormido, lo apuñala pero quien estaba en la hamaca era el venezolano Félix Amestoy. El 16 de abril de 1818, nueve realistas dirigidos por Tomás Renovales disparan sin éxito contra la hamaca donde dormía Bolívar en el Rincón de los Toros, estado Guárico. En Piura, Perú, en junio de 1824; en Potosí, Bolivia, en octubre de 1825. En Huamachuco, Perú, a finales de 1825. En Lima, el 28 de julio de 1826. En Fontibón, cerca de Bogotá, el 14 de noviembre de 1826. Sobre el intento de magnicidio en Lima, William Tudor -cónsul en Lima entre 1824 y 1828- le escribe a Henry Clay, el 3 de febrero de 1827: “Usted supondrá que ese movimiento se realizó de acuerdo con algunos de los principales patriotas peruanos”.

Muchos fueron los intentos de asesinar al Libertador Simón Bolívar. El que más ha trascendido es el atentado que organizó y ejecutó Santander en septiembre de 1828 en Bogotá, frustrado por la intervención de Manuelita Sáenz, que alertó a Bolívar y lo hizo saltar por un balcón y así salvar la vida.

En 1828, el presidente de Estados Unidos John Quincy Adams ordena a William Harrison -embajador gringo en Bogotá entre 1828 y 1829 y a William Tudor- difamar mediáticamente y luego asesinar a nuestro presidente Simón Bolívar. ¿Por qué? Porque el Libertador es un obstáculo para los fines expansionistas de Estados Unidos. Sus decretos de abolición de la esclavitud, la repartición de tierras entre los pueblos originarios y de educación popular y el auge de la República de Colombia incomodan al Goliat del norte. Con Bolívar vivo es difícil incautar las soberanías de las pequeñas naciones. En el Mensaje a la Convención de Ocaña, en febrero de 1828, Bolívar denuncia la campaña difamatoria que se lleva a cabo “con los escritos y con las discusiones del Congreso” contra el bolivarianismo, “no considerándolos ya como los libertadores de la patria, sino como los verdugos de la libertad”.

A comienzos de agosto de 1828, Francisco de Paula Santander se reúne con Luis Vargas Tejada, Florentino González, capitán Emigdio Briceño Guzmán “El septembrista” y Pedro Carujo para planear un magnicidio. Intentan ejecutarlo el 10 de agosto en ocasión del baile de máscaras que celebraba la Municipalidad de Bogotá en su honor, al conmemorar un aniversario de su entrada triunfal a la ciudad después de la batalla de Boyacá. Manuela Sáenz se entera y lo frustra. El 25 de septiembre lo intentan nuevamente y gracias, otra vez a Manuela, el Libertador logra salvarse. 

Matar, matar, matar

En 1553, fue asesinado el Negro Miguel de Buría y, en 1569, el cacique Guaicaipuro. Dos crímenes ejecutados por el imperio español. El 10 de diciembre de 1796, José Leonardo Chirino es ahorcado en la Plaza Mayor de Caracas y su cuerpo descuartizado. El 15 de octubre de 1819, es envenenado en Pamplona, Nueva Granada, el más joven de los próceres venezolanos: José Antonio Anzoátegui. Su compatriota, Antonio José de Sucre, es asesinado en Berruecos el 4 de junio de 1830. Los autores de este magnicidio fueron José María Obando, José Hilario López, Juan Gregorio Sarria, Antonio Mariano Álvarez, José Erazo y Apolinar Morillo. El 10 de enero de 1860 es asesinado por orden de Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, el líder de la Guerra Federal, Ezequiel Zamora. Un balazo en la cabeza del general de 42 años cercenó una revolución campesina que de llegar a Caracas significaría el fin de la oligarquía. Y, en el siglo siguiente, Carlos Delgado Chalbaud es ultimado el 13 de noviembre de 1950 por órdenes de la CIA porque pretendía recuperar el petróleo de Venezuela. 

Matar a Chávez

El plan estadounidense para abril de 2002 era un golpe de Estado seguido por el asesinato del presidente Hugo Chávez. Lo primero se da el jueves 11 con la difamación a través de mentiras mediáticas, el secuestro y cautiverio en La Orchila, isla venezolana donde sería ultimado. Estados Unidos no contaba con un pueblo que salió a las calles a exigir la presencia de su presidente.

 

 

Ante el fracaso, el país del norte contrató varios científicos que, guiados por la ciencia sin conciencia, idearon en enero de 2003 una “nanoarma” desarrollada mediante “nanotransportadores o nanocápsulas con direccionamiento controlado que contenían nanopartículas inductivas con aceleradores de metástasis de dosis controlada”. El jueves 30 de junio de 2011 el presidente Chávez se dirigió al país informando que los estudios médicos a los que fue sometido, después de que se le practicó una cirugía de emergencia el 11 de junio en La Habana a causa de un “absceso pélvico, confirmaron la existencia de un tumor abscesado con presencia de células cancerígenas, lo cual hizo necesaria la realización de una segunda intervención quirúrgica”. El 5 de marzo de 2013 el comandante Chávez parte de este plano físico. 

Las manos corruptas

Los primeros días de junio de 1960 ocurren dos hechos relacionados, uno en República Dominicana y el otro en Venezuela. En Quisqueya, el dictador Rafael Leonidas Trujillo “Chapita” contacta a Jhonny Abbes García, jefe de la policía política dominicana, y a un grupo de venezolanos que se oponían al gobierno del presidente venezolano Rómulo Betancourt, encabezados por Luis Cabrera Sifontes. Planifican asesinar al mandatario guatireño. Para ello trazan un plan que consistía en colocar un dispositivo explosivo activado a control remoto, que para la época era un artefacto de alta tecnología. El otro hecho ocurre en Caracas: Betancourt se dirige al país y exclama: ¡Conciudadanos, si alguna vez toco el erario público, que se me quemen las manos!

“Que se me quemen las manos si las meto en el erario público”, había dicho el presidente Betancourt. La vida tiene paradojas, a lospocos días de aquella afirmación realmente se le quemaron las manos en un atentado o magnicidio.

El 24 de junio, durante la celebración del aniversario de la Batalla de Carabobo, cerca de las 9 y media de la mañana una bomba colocada en un Oldsmobile  estacionado estalló al pasar uno de los vehículos de la escolta presidencial, cercano al vehículo oficial, que se dirigía hacia el Paseo los Ilustres en Caracas. La explosión de 100 kilos de dinamita volcó e incendió el auto que iba delante y el Cadillac del presidente venezolano, resultando muertos el coronel Ramón Armas Pérez, jefe de la Casa Militar, un segundo oficial y el chofer del jefe de Estado. La explosión produjo quemaduras severas en las manos y deformación del rostro del presidente Betancourt. Estados Unidos puso al dictador Chapita en República Dominicana por 31 años y, a causa del intento de magnicidio contra su títere venezolano, lo sacó de su tablero de ajedrez aislándolo internacionalmente. 

Ser dueños del mundo

El presidente norteamericano Thomas Jefferson expuso claramente las ansias de poder y las ambiciones del imperio yanqui de tragarse a todos los países de América.

El 10 de febrero de 2015, Barack Obama fue claro: “A veces torcemos el brazo a otros países para que hagan lo que queremos”. ¿En qué fundamenta Obama tal actitud de supremacía? Mucho antes de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto ya Estados Unidos estaba enfermo “de una sed insaciable de riqueza”, como lo dice Simón Rodríguez. En 1786, Thomas Jefferson comienza por el continente americano: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda América, así la del Norte como la del Sur, habrá de ser poblada. Mas cuidémonos de creer que interesa a este gran continente expulsar a los españoles. Por el momento aquellos países se encuentran en las mejores manos, y sólo temo que éstas resulten demasiado débiles para mantenerlos sujetos hasta que nuestra población haya crecido lo suficiente para írselos arrebatando pedazo a pedazo”. En 1804, John Quincy Adams inconforme con las aspiraciones de Jefferson, dice: “lo único que esperamos es ser dueños del mundo”. William Tudor llama a Bolívar: “el loco de Colombia” y “conspirador y usurpador atroz”. Para él, Bolívar “puede ser derrocado como uno de los más rastreros usurpadores militares, lleno de toda la execración de sus contemporáneos por las calamidades que su conducta les acarrea” y mientras Bolívar viva sólo habrá guerras. Por esto “hay muchos motivos evidentes por los cuales Estados Unidos e Inglaterra deberían ser adversos al éxito de su usurpación”. 

La Operación Fénix

No es la primera vez que los gobiernos santanderistas ejecutan agresiones a Venezuela. El 26 de julio de 1901, por orden del gobierno progringo de José Manuel Marroquín, 6 mil hombres fuertemente armados invadieron Venezuela. El 9 de agosto de 1987, la corbeta Caldas de la Armada neogranadina navegó en aguas del Golfo de Venezuela. El 9 de mayo de 2004, en la Hacienda Daktari, 153 paramilitares del país vecino planificaban asesinar al presidente Hugo Chávez. El 1° de octubre de 2014, Robert Serra es salvajemente asesinado por un paramilitar apodado “El Colombia”.

La ruín oligarquía neogranadina pretendió en 1987 arrebatarnos el Golfo de Venezuela. Envío el buque Caldas, pero tuvieron que salir de nuestro mar soberano con el rabo entre las piernas.

El frustrado magnicidio contra el presidente Maduro y líderes de los demás poderes públicos lleva por nombre Operación Fénix. El plan era, una vez que los drones descargaran sus cargas de explosivos, crear el Estado fallido. En el comunicado leído por Patricia Poleo, sus autores explican que sus “acciones militares tienen como objetivo el respeto a la soberanía popular encarnada en la Asamblea Nacional, la ruptura de cualquier relación de dependencia y sumisión a un Gobierno extranjero, y la convocatoria en el plazo más corto posible a unas elecciones verdaderas y libres, en fin, el restablecimiento inmediato del orden constitucional”. No olvidemos que Operación Fénix fue un ataque de la Fuerza Aérea Colombiana realizado el 1° de marzo de 2008, en una zona selvática denominada Angostura en las cercanías de la población Santa Rosa de Yanamaru, en la provincia ecuatoriana de Sucumbíos, causando la muerte de 22 guerrilleros bolivarianos, incluyendo el segundo comandante Raúl Reyes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). 

Hacia el Estado Comunal

La contrarrevolución seguirá atacándonos con drones, bloqueos, guarimbas, dolartudei, bachaqueos, paramilitarismo, acaparamiento, asesinatos selectivos, hurtos de materiales estratégicos, contrabando de gasolina, fuga de papel moneda, inflación inducida, saboteos eléctricos y a la industria petrolera para perpetuar el Estado Liberal Burgués. Cada agresión la repeleremos con la defensa integral de nuestra doctrina bolivariana y con marchas admirables campesinas. Desenmascaremos a los reformistas que, anclados en la burocratización y la indolencia, obstaculizan la construcción colectiva del Estado Comunal. Nuestras universidades deben producir alimentos, ciencia y dignidad, como bien lo dice Kléber Ramírez Rojas. Deben pintarse de negro, de mulato, de obrero y de campesino, bajar al pueblo, vibrar con el pueblo, como pide Ernesto Che Guevara. Deben forjar la paz, la solidaridad, el diálogo de saberes y los poderes creadores del pueblo. Allí deben convivir las cimarronas y cimarrones sentipensantes que, al igual que Simón Rodríguez, deben formar los corazones para la libertad, la justicia, lo grande, lo hermoso. ¡La línea justa es luchar hasta vencer! ¡Comuna o nada! ¡Chávez vive, la patria sigue! ¡Independencia y Patria socialista! ¡Viviremos y venceremos!

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