23 DE FEBRERO: NUEVA DERROTA DEL IMPERIALISMO Y SUS SECUACES

Agudo y acertado análisis político del intelectual revolucionario Otto Van der Velde sobre la derrota de la derecha fascista el pasado 23 de febrero y la virtual liquidación definitiva del grupúsculo fascista voluntad (im)popular.
Donald Kruger tiene la virtud que todo lo que toca lo daña, destruye, maldice. Venezuela es su mayor dolor de cabeza y Nicolás Maduro su obsesión fatal, que seguramente contribuirá a que salga de la presidencia de los Estados Unidos del Norte.

Otto Van der Velde Quijada                                                                                                            Exclusivo del autor para la Revista Caracola 

El imperfecto vocero del imperialismo norteamericano Donald Trump y sus socios de la derecha venezolana, han arrastrados hacia el abismo a la pandilla de Voluntad Popular, grupo encargado de estimular las payasadas presidenciales de Juan Guaidó. La derecha acaba de sufrir una nueva e importante derrota producto del movimiento revolucionario, de las poderosas movilizaciones populares, del patriotismo militar y la postura del gobierno madurista contra el asalto de la derecha.

   La fanfarronería cívico-militar de la oposición derechista, así como las amenazas contra la legitimidad del gobierno bolivariano de su parte, fue puesta en gran ridículo por las masas y la postura internacionalista los bolivarianos. Juan Guaidó, igual que Carmona Estanga el 13 de abril, pasó de <presidente> de facto a monigote de la historia en menos de 48 horas. Similar desprestigio ha sufrido la llamada Unión Europea, que en verdad no representa a las naciones de Europa sino a un grupo de grandes capitalistas encabezados por Alemania y Francia, autoproclamados como UE. Es claro que esta gente, luego de gozar su minuto de gloria, caen al vacío con el nuevo traspié de febrero, con ellos caen también sus mercachifles y malinches en Perú, Colombia y Venezuela.

   La reacción volvió a irse de bruces, pero no quedó inutilizada. Seguramente alguien le pondrá el hombro para que vuelvan a cargar su ira contra el proceso revolucionario venezolano y latinoamericano. Lo hará, pero enfrentando mayores tropiezos, sobre todo por las nuevas dificultades de Trump, quien deberá enfrentar en su propio Congreso a diputados demócratas y republicanos, incluso a una decena de senadores de su propio partido, que reúnen votos para vetar su propuesta de emergencia fronteriza y solicitud del crédito para la construcción del Muro contra México. El veto y las pruebas en su contra sería un paso en firme para desalojar por incapaz al señor D. Trump de la Casa Blanca.

   En vista de todo ese procedimiento y contradicciones internas del imperialismo norteamericano y sus aliados, el pueblo venezolano, las recuperadas vanguardias socialistas y nacional antimperialistas cívico militares, deben preparar todas las condiciones posibles para batir y de una vez para siempre, las futuras arremetidas de la derecha contra la soberanía nacional, especialmente deberá apuntar a la burguesía internacional, dado que la interna se ha convertido en una suma de fragmentos y despojos políticos que solo le sirve de fuerza de choque a la burguesía de afuera.

 

   Tal preparación obliga a superar vicios muy enraizados dentro del proceso como el triunfalismo y el sectarismo, destructores ambos de la unificación revolucionaria, sin la cual no podrá haber triunfo popular; igual debemos considerar seriamente la nueva alineación de clases y sectores comprometidos con la lucha nacional antimperialista. Al lado de todo ello, revalorar el papel que le toca jugar ahora a la clase obrera, al campesinado pobre y a las comunidades en pie de lucha por el poder político.

   Por su lado, el gobierno bolivariano comprenderá que se acabaron las excusas para liquidar los verdaderos focos internos generadores de la violencia, del boicot, de la “guerra económica”, la explotación y especulación de precios; de frenar el desangre presupuestario a causa de los subsidios al gran capital; del punto final a los planes conspirativos y magnicidas. Es decir, que estamos en la obligación de ir al origen del problema para actuar firmemente en su contra. En concreto significa, pasar factura al cartel monopolista de FEDECAMARAS-VENAMCHAM junto a sus apóstoles y militantes partidistas.

   Es el momento oportuno de hacer funcionar el artículo 113 de la Constitución Bolivariana que prohíbe los monopolios, principalmente contra el sistema financiero, convertido en un verdadero azote del salario, del ahorro popular y factor esencial del desequilibrio económico que hambrea a un pueblo, sobre cuyos hombros recae todo el peso de la crisis capitalista, de la ineficiencia burocrática, pero también los logros y triunfos del movimiento bolivariano.

   En el Partido Revolucionario de los Trabajadores, hemos exigido muchas veces al Estado bolivariano, que responda con verdaderas medidas de fondo al constante esfuerzo popular, aplicando, entre otras, el ácido a los monopolios privados cuya tropelías contra el pueblo y la nación, se remontan al medio siglo, incluyendo el boicot permanente de las medidas sociales conquistadas; disolver los monopolios capitalistas y socializar sus medios de producción poniéndolos bajo control obrero-comunal; frenar la anarquía y el hostigamiento contra la clase obrera por parte de capitalistas y funcionarios corruptos; congelar drásticamente los precios y poner bajo la soberanía de los intereses nacionales la inversión extranjera imperialista; ejecutar una política de fronteras firme, soberana en relación a Colombia, Brasil y Guyana.

   Se trata de políticas básicas para poder organizar una industrialización del país a gran escala e impulsar una profunda revolución agraria que termine con el latifundio, las mafias intermedias (caso del transporte) y la dependencia. El gobierno de Maduro, su partido y los aliados revolucionarios deben aplicar estas y otras medidas urgentes sin más excusa ni gestos conciliatorios. Es tiempo ya de que el verdadero poder popular se materialice en un Estado obrero-campesino-comunal. Con el Libertador podremos decir: ¿Acaso 20 años de tolerancia, espera e impunidad, no bastan?

Caracas 27 de febrero de 2019

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